Oír el canto de las sirenas || Pema Chödrön

Foto de Liza Matthews

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Ulises, el héroe de la antigua mitología griega, es un ejemplo de la valentía que hace falta para elegir conscientemente permanecer receptivos y presentes cuando la tentación de dejarse llevar es intensa.

Cuando regresaba por mar a Grecia, después de la guerra de Troya, Ulises sabía que su barco tendría que pasar por una zona muy peligrosa habitada por unas hermosas doncellas conocidas como sirenas. Le habían advertido de que el canto de estas mujeres era irresistible y que los marineros no podrían evitar ir hacia ellas, hacer colisionar el barco contra las rocas y ahogarse.

Sin embargo, Ulises quiso oír el canto de las sirenas. Conocía la profecía de que si alguien oyera sus voces y no se dirigiera hacia ellas, las sirenas perderían su poder para siempre y se desvanecerían. Este era el reto que lo atrajo.

Cuando su barco se acercaba al país de las sirenas, Ulises dijo a sus hombres que se pusieran tapones de cera en los oídos y que lo ataran bien al mástil, ordenándoles que por mucho que luchara y gesticulara, por mucha que fuera la furia con la que pareciera mandarles que cortaran las cuerdas, no lo desataran hasta que el barco llegara a un punto familiar donde no se oyera el canto. Esta historia, como es de esperar, tiene un final feliz. Los hombres siguieron sus instrucciones y Ulises consiguió pasar.

En mayor o menor medida, todos tendremos que pasar por un malestar similar para no seguir el canto de nuestras sirenas personales, para entrar por la puerta abierta al despertar.

Pema Chödrön, en Taking The Leap: Freeing Ourselves from Old Habits and Fears (hay una traducción al español de Meritxell Castellá, Libérate: Abandona tus temores y descubre el poder del ahora (El Viaje Interior), Ediciones Oniro)

Texto original en inglés: Hearing the song of the sirens.

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La exageración y la negación || Elizabeth Mattis Namgyel

Elizabeth Mattis Namgyel Mangala Shri Bhuti

La exageración y la negación son las estrategias que usa la mente reactiva para evitar la energía creativa natural que se nos presenta en cada momento de experiencia.

Texto original en inglés.

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Vacío: la palabra más incomprendida del budismo || Lewis Richmond

Dag Shang Kagyu (c) Rafa TurnesEl vacío es una enseñanza central de todo el budismo, pero su verdadero significado suele malinterpretarse.[1] Si queremos adoptar adecuadamente algún día el budismo en Occidente, tenemos que ser claros sobre el vacío, pues una comprensión errónea de su significado puede inducir a confusión y ser incluso perjudicial. El maestro budista indio del siglo III Nagarjuna enseñó: «El vacío entendido erróneamente es como agarrar una serpiente venenosa por el extremo equivocado». En otras palabras: nos morderá.

El vacío no es la nada total; no significa que no existe nada de nada. Esa sería una visión nihilista contraria al sentido común. Lo que significa es que las cosas no existen del modo en que el yo que entiende supone que existen. En su libro sobre el Sutra del Corazón, el Dalai Lama llama al vacío «la verdadera naturaleza de las cosas y de los sucesos», pero en el mismo pasaje nos advierte de que debemos «evitar el malentendido de que el vacío es una realidad absoluta o una verdad independiente». En otras palabras, el vacío no es una especie de paraíso o ámbito separado de este mundo y sus aflicciones.

El Sutra del Corazón dice: «todos los fenómenos están objetivamente vacíos». No dice: «todos los fenómenos están vacíos». Esta distinción es vital. «Objetivamente» significa que tiene una existencia separada e independiente. Lo que este pasaje quiere decir es que nada de lo que vemos u oímos (o es) es autónomo; todo es una expresión provisional de un paisaje continuo, en constante cambio. Así, aunque ninguna persona o cosa individual tiene una identidad permanente y fija, todo, tomado en conjunto, es lo que Thich Nhat Hanh llama «interser». Este término abarca el aspecto positivo del vacío cuando lo vive y actúa una persona de sabiduría, con su sentido de conexión, compasión y amor. Piensen en el propio Dalai Lama y el tipo de persona que es —generoso y humilde, siempre sonriendo y riéndose— y se verá que una mera lectura intelectual del vacío no llega a su cualidad jubilosa y práctica en la vida espiritual. Así pues, el vacío tiene dos aspectos, uno negativo y el otro bastante positivo.

Ari Goldfield, maestro budista de Wisdom Sun y traductor de Estrellas de sabiduría, resume estos dos aspectos del siguiente modo:

«El primer significado de vacío se llama “vacío de esencia”, lo que significa que “los fenómenos [que experimentamos] carecen de naturaleza inherente por sí mismos”. El segundo se llama «vacío en el contexto de la naturaleza búdica», que ve el vacío como algo dotado de cualidades de la mente despierta, como la sabiduría, el gozo, la compasión, la claridad y la valentía. La realidad última es la unión de los dos vacíos.»

Teniendo en cuenta todo esto, me gustaría destacar tres equívocos habituales sobre el vacío: el emocional, el ético y el meditativo.

El equívoco emocional

Cuando decimos «me siento vacío», queremos decir que nos sentimos tristes o deprimidos. Desde el punto de vista emocional, vacío no es una palabra afortunada en inglés,[2] y no importa las veces que nos recordemos que el vacío budista no significa soledad o separación, la tendencia emocional contraria persiste. He buscado en diversos momentos otra traducción para el sánscrito sunyata: he probado plenitud, espaciosidad, conexión e infinito, pero como señala Ari Goldfield, vacío es la traducción más exacta. Vacío es también el término que usaba mi propio maestro, Shunryu Suzuki, aunque normalmente añadía un contexto. En una ocasión, hablando del vacío, dijo: «No quiero decir nada. Hay algo, pero ese algo es algo que siempre está dispuesto a adoptar alguna forma concreta.» En otra ocasión, hablando del matiz emocional de vacío, dijo: «El vacío es como estar en el regazo de tu madre y ella va a cuidar de ti.»

El equívoco ético

Algunos estudiantes budistas racionalizan o excusan la mala conducta de su maestro alegando que, gracias a su comprensión del vacío, el maestro está exento de cumplir las normas de conducta habituales. Un estudiante dijo: «Roshi vive en el absoluto, así que no se puede juzgar su conducta con las normas ordinarias». Aunque es cierto que los maestros budistas usan a veces métodos poco comunes para despertar a sus alumnos, su motivación debe proceder de la compasión, no del egoísmo. Ninguna conducta que cause daño es aceptable para un practicante budista, sea maestro o no.

El equívoco meditativo

Algunos estudiantes budistas creen que un estado meditativo en el que no hay pensamientos ni actividad es la realización del vacío. Este estado está bien descrito en los textos budistas sobre meditación y recibe el mismo tratamiento que todos los estados mentales: temporalmente, y no en última instancia, favorable a la liberación. De hecho, el vacío no es ningún estado mental, sino, como dice el Dalai Lama, sencillamente «la verdadera naturaleza de las cosas y los sucesos». Esto incluye la mente. Con independencia de si la mente del meditador está llena o vacía de pensamientos, esta verdadera naturaleza sigue estando allí.

Conclusión

Por último, puesto que el vacío parece tan difícil de entender, ¿por qué lo enseñó el Buda? Debido a su profunda comprensión de la razón por la que sufrimos. Sufrimos a la larga porque perseguimos cosas creyendo que son fijas, sólidas, reales y susceptibles de ser poseídas por el yo. Sólo cuando logremos ver a través de este espejismo y abrirnos, en palabras de Ari Goldfield, «a la realidad del flujo y la fluidez que en última instancia es inasible e inconcebible» podremos relajarnos dentro de la claridad, la compasión y la valentía. Ese noble objetivo es lo que hace que el esfuerzo por comprender el vacío merezca la pena.

Texto original en inglés: Emptiness: The Most Misunderstood Word in Buddhism.

[1] N. de la T.: Aunque en algunos textos en español se viene utilizando la palabra vacuidad, esta traductora considera que vacío es un término más preciso y claro.

[2] N. de la T.: Tampoco su traducción al español.

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Dar a luz una nueva vida || Chögyam Trungpa

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Hay cambios de idea cada vez que actuamos. Hay vacilación, y desde esa vacilación o intervalo podemos retroceder o avanzar. En ese intervalo se produce un cambio en la corriente del karma, así que el intervalo es muy útil. Es en el intervalo cuando podemos dar a luz una nueva vida.

 

 

Chogyam Trungpa, The Truth of Suffering and the Path of Liberation. Hay una traducción al español de María Tabuyo y Agustín López Tobajas: La verdad del sufrmiento y el camino de la liberación, Editorial Kairós.

Texto original en inglés.

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La expresión despierta de uno mismo || Chögyam Trungpa

CTR

 

Intentamos evitar nuestra individualidad, pero ese es un gran problema. La individualidad a veces viene del ego, como cuando queremos ser un emperador, un rey o un millonario. Pero la individualidad también puede venir de la inspiración personal. Depende del nivel del viaje de cada uno, de hasta qué punto hemos sido capaces de despojarnos del ego. Todos tenemos un estilo propio y nuestra naturaleza particular. No podemos evitarlo. La expresión despierta de uno mismo concuerda con nuestra naturaleza inherente.

De Chögyam Trungpa, «Choiceless Magic», en True Perception: The Path of Dharma Art, página 111. El libro está traducido al castellano por Ricardo Gravel y Cecilia Amador: Dharma, arte y percepción visual.

Texto original en inglés.

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La profecía de Shambhala || Joanna Macy

mudra-with-dorje-and-bellChoegyal Rinpoché:

—Llegará una época en la que toda la vida sobre la Tierra estará en peligro. En esa época habrán aparecido grandes potencias; potencias bárbaras. Aunque dilapidan su riqueza en preparativos para aniquilarse entre sí, tienen mucho en común: armas de muerte y destrucción inconcebibles, y tecnologías que arrasarán el mundo. Y es precisamente entonces, cuando todo el futuro de todos los seres penderá del más frágil de los hilos, cuando surgirá el reino de Shambhala.

»No podemos ir allí, no es un lugar. Existe en el corazón y la mente de los guerreros de Shambhala. En realidad, no podemos saber a simple vista quién es un guerrero o una guerrera de Shambhala porque no llevan uniformes ni insignias ni ondean banderas. No tienen barricadas a las que subir para amenazar al enemigo o tras las cuales descansar y reagruparse. Ni siquiera tienen tierra natal, pues deben moverse  por siempre jamás por el terreno de las potencias bárbaras.

»Este es el momento en el que los guerreros de Shambhala necesitarán una gran valentía; valentía moral y valentía física, porque van a ir al mismísimo corazón del poder bárbaro para desmantelar sus armas. Armas en todos los sentidos de la palabra: las bombas y armamentos, fabricadas y desplegadas, y los pasillos del poder donde se toman las decisiones, para desmantelar las armas.

»Los guerreros de Shambhala saben que estas armas pueden desmantelarse porque son manomaya, están hechas con la mente. Están hechas por la mente humana y la mente humana puede desmantelarlas. Porque los desastres que nos amenazan y se despliegan no son causados por una fuerza extraterrestre o alguna deidad satánica o ni siquiera por un destino inamovible. Surgen de nuestras relaciones y nuestras prioridades y nuestros hábitos. Están hechos por la mente humana y la mente humana puede deshacerlos. Así pues, ha llegado el momento —dijo— de que los guerreros de Shambhala se entrenen.»

—¿Cómo se entrenan? —dije yo.

—Se entrenan en el uso de dos armas.

—¿Cuáles son? —pregunté. Y entonces sostuvo las manos como los lamas sostienen los objetos rituales en las grandes danzas de los lamas y dijo:

—Una es la compasión y la otra, el conocimiento profundo de la interdependencia radical de todos los fenómenos. Y necesitamos ambas, una sola no basta. Necesitamos la compasión porque nos proporciona el combustible, la fuerza motriz que nos hace salir e ir a donde tenemos que estar para hacer lo que tenemos que hacer. Cuando no tenemos miedo del sufrimiento de nuestro mundo nada puede detenernos. Pero eso por sí solo es demasiado caliente, puede quemarnos. Así que necesitamos la otra, necesitamos esa sabiduría, ese conocimiento profundo de la pertenencia mutua de todo lo que está entretejido en el entramado de la vida. Y cuando tenemos eso, vemos, sabemos que no se trata de una guerra entre buenos y malos, pues la línea que separa el bien y el mal recorre el paisaje de todos los corazones humanos. Y estamos tan entretejidos en el entramado de la vida que hasta el más pequeño de los actos realizados con una intención clara tiene repercusiones en todo ese entramado en formas que apenas vemos.

»Pero eso —dijo— es un poco frío por sí solo, y por eso necesitamos el calor de la compasión. Y si miras a los monjes tibetanos recitando, verás muchas veces que en sus puyas [rituales] mueven las manos haciendo mudras; están representando la danza de la interacción entre karuna y prajna, entre la compasión y la sabiduría.»

Vídeo de Joanna Macy (en inglés) en el que cuenta la leyenda. Vale la pena verlo para escuchar su voz y ver sus gestos.

Una versión escrita (en inglés) de la profecía.

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La mente y el corazón || Jack Kornfield

jack-kornfield_201blkwht_deborahjaffeLa traducción del mantra de la compasión universal: om mani padme hum es ‘la joya en el loto’. Aunque tiene muchos significados, una explicación de su simbolismo es que la compasión surge cuando la joya de la mente descansa en el loto del corazón. La mente despierta tiene una claridad diamantina; cuando esta visión clara descansa en la tierna compasión del corazón, se cumplen las dos dimensiones de la liberación.

En la psicología budista se suele usar una sola palabra para mente y corazón: chita. Esta mente-corazón tiene muchas dimensiones. Contiene e incluye todos nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, respuestas, intuición, temperamento, y la propia consciencia. Cuando hablamos de la mente en Occidente, nos solemos referir solo al proceso de pensamiento racional. Si observamos este aspecto de la mente vemos una corriente infinita de pensamientos, ideas e historias. Aunque esta mente que discierne tiene un valor práctico, también puede separarnos del mundo; nuestras ideas crean con facilidad un «nosotros» y un «ellos», lo bueno y lo malo, el pasado y el futuro. A nuestros pensamientos también les gusta crear problemas imaginarios. Como dijo Mark Twain: «Mi vida está llena de terribles desgracias, la mayoría de las cuales nunca ocurrieron». O, en las palabras de uno de mis maestros, Sri Nisargadatta: «La mente crea el abismo, el corazón lo cruza.»

Junto con los pensamientos y los impulsos, la psicología budista también describe los sentimientos como un aspecto natural de la mente-corazón. Inicialmente nos damos cuenta de que con cada experiencia surgen sentimientos agradables, neutrales o desagradables. Si los observamos con atención, sin aferrarnos a lo agradable ni condenar lo desagradable, podremos descubrir que estos sentimientos básicos dan paso a todo un abanico de emociones. Algunas personas creen que las emociones son peligrosas, pero las emociones en sí son rara vez el problema; es nuestra falta de consciencia de ellas o las historias que creemos sobre ellas lo que crea nuestro sufrimiento. Sin consciencia, los sentimientos dolorosos pueden convertirse en adicción u odio o degenerar en insensibilidad; al final podemos perder el contacto no solo con lo que se siente, sino también con la sabiduría esencial de nuestro corazón. Como observó la mística cristiana del siglo XX Simone Weil: «El peligro no es que el alma dude de si hay pan, sino que se deje persuadir por la mentira de que no tiene hambre.»

La primera mujer con la que tuve una relación tras colgar los hábitos fue una amiga de la universidad que estaba empezando a enseñar en Harvard. Por dentro yo seguía sintiéndome como un monje que no tenía preferencias a favor ni en contra de nada, que tomaba lo que le pusieran en el cuenco de mendicante. Cuando me preguntaba qué quería para cenar o qué película me gustaría ver, le contestaba: «Lo que tú quieras, cariño; a mí me da igual». Cuando me preguntaba si me apetecía salir al campo o quedarnos en casa, le decía que por mí todo estaba bien. Eso la enloquecía. No era solo un prudente desapego espiritual, me señaló que tenía miedo de comprometerme y que estaba muy desconectado de lo que sentía, y me recordó que yo ya era así antes del monasterio. Era verdad. No sabía lo que sentía. Así que me dio un pequeño cuaderno con la sugerencia de que cada día anotara diez cosas que me gustaban o que no me gustaban, hasta que pudiera empezar a conocer mis propios sentimientos. Recuperar mis sentimientos fue un proceso largo y transformador.

Texto original en inglés. Fragmento del libro After the Ecstasy, the Laundry  (hay una traducción al español de Fernando Pardo Gella: Después del éxtasis, la colada: cómo crece la sabiduría del corazón en la vía espiritual).

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