Dinero correcto || Ken Wilber

El Dharma es libre y gratuito. Nadie debería cobrar por enseñar o transmitir el Dharma. El Dharma que toca el dinero no es Dharma en absoluto. Vender el Dharma… eso es la fuente de todos los males. El Dharma que se ofrece libremente y sin cargo a todos los que lo buscan: eso es pureza, nobleza, un talante honorable.

Y así es el extraño antagonismo entre el Dharma y los dólares. Al abordar esta cuestión del dinero y el Dharma —o del dinero y la espiritualidad en general— hay por lo menos dos asuntos muy diferentes que habría que desenredar y tratar por separado. El primero es el valor monetario apropiado de cualquier intercambio relacional (desde la atención médica hasta la educación, pasando por bienes y servicios en general); y el segundo es: ¿debería estar ligado el intercambio monetario a la enseñanza del Dharma?

Tomemos la última cuestión, la cuestión difícil, primero. Los primeros grandes sistemas del Dharma, en Oriente y Occidente, aparecieron todos, sin excepción, en la que se conoce como «Era Axial» (Karl Jaspers), ese periodo extraordinario que comenzó hacia el siglo VI a. C. (varios siglos más o menos), en el que nacieron Gautama Buda, Lao Tzu, Confucio, Moisés, Platón, Patanjali un periodo que enseguida daría paso, en los siglos siguientes, a Ashvaghosa, Nagarjuna, Plotino, Jesús, Filón, Valentín… Prácticamente todos los postulados principales de la filosofía perenne se formularon por primera vez durante esta asombrosa era (en el budismo, el hinduísmo, el taoísmo, el judaísmo, el cristianismo…).

Y en todos y cada uno de estos casos, sin excepción, la civilización en la que estos maestros surgieron era una cultura agraria.

Las culturas (y las estructuras sociales) pueden dividirse y clasificarse de muchas maneras. Una de ellas es según la cosmovisión predominante de la cultura (arcaica, mágica, mítica, mental, existencial), es decir, según el grado de conciencia que alcanzó el individuo promedio o típico de esas sociedades (que de este modo conforma la «visión oficial» de la realidad de esa sociedad, es decir, su cosmovisión).

Otra es según la correspondiente base tecnoeconómica de la sociedad (recolectora, hortícola, agraria, industrial, informática), que se refiere a los medios de producción básicos que emplea la sociedad para alimentarse y vestirse, y gestionar sus necesidades básicas (las cinco cosmovisiones principales se correlacionan con las cinco bases tecnoeconómicas principales: aparecieron a la vez y fueron mutuamente determinantes).

Recolectora significa caza-recolección (la mayoría de estas sociedades son anteriores a la invención de la rueda; la esperanza media de vida era de alrededor de 22,5 años; el tamaño máximo medio de la tribu, de 40 personas; la idea de paraíso de los ecologistas profundos: todos los hombres de verdad podían cazar, todas las mujeres de verdad recogían bayas). Esta fue la forma principal de las sociedades humanas durante tal vez un millón de años…

Hortícola significa simple siembra (algo que se hacía normalmente con una azada o un palo excavador) y se introdujo alrededor del 10000 a. C. En las sociedades hortícolas las mujeres producían la mayor parte de los alimentos (incluso las mujeres embarazadas podían usar un palo excavador, y la vivienda estaba al lado del trabajo, por lo que la maternidad no impedía trabajar a las mujeres, que producían alrededor del 80% de los alimentos de estas sociedades; los hombres, naturalmente, continuaban deambulando, creando vínculos entre ellos y cazando, siguiendo los impulsos principales de la testosterona: follar o matar). Dada la importancia de las mujeres en la producción de subsistencia, las deidades de alrededor de un tercio de estas sociedades eran todas femeninas (el «matriarcado», la «gran madre»); las de aproximadamente otro tercio eran deidades mixtas masculinas y femeninas. La esperanza media de vida era de unos 25 años. El ritual religioso principal: el sacrificio humano (mientras a los ecomasculinistas les encantan las sociedades recolectoras, a las ecofeministas les encantan las sociedades hortícolas: su idea del paraíso; esos palos excavadores molan).

Agrícola significa agricultura avanzada con el uso de diversas formas de arado de tracción animal. Una mujer embarazada puede manejar fácilmente un palo excavador, pero no un arado, y las que lo intentan sufren un índice significativamente mayor de abortos espontáneos (la ventaja darwiniana es no arar). Y así, con la introducción del arado, empezó un cambio gigantesco, absolutamente gigantesco, en la cultura.

En primer lugar, ahora prácticamente todos los alimentos los producían solo los hombres (los hombres no querían esto y no «arrebataron» ni «oprimieron» a la mano de obra femenina para ello: hombres y mujeres decidieron que la pesada labor de arar era trabajo masculino; para los hombres, es evidente que no era un día de playa, y desde luego no era ni mucho menos igual de divertido que, caramba, la caza mayor, a la que tuvieron que renunciar en gran medida).

Pero cuando los hombres empezaron a ser prácticamente los únicos productores de alimentos, no es de extrañar que las figuras de las deidades de estas culturas pasaran de estar orientadas a lo femenino a estar orientadas casi en exclusiva a lo masculino. Un sorprendente 97% de las sociedades agrarias, dondequiera que aparezcan, tienen solo deidades masculinas (el «patriarcado»). Los hombres empezaron a dominar la esfera pública (el gobierno, la educación, la religión, la política) y las mujeres dominaban la esfera privada (la familia, el hogar, la casa; esta división se suele denominar «producción masculina y reproducción femenina»). Las sociedades agrarias empezaron a aparecer en torno al 4000-2000 a. C., tanto en Oriente como en Occidente, y fue el modo de producción dominante hasta la revolución industrial.

En segundo lugar, la agricultura avanzada creó un enorme excedente de alimentos, y esto liberó a un gran número de individuos (varones) para acometer tareas ajenas a la recolección y la creación de alimentos (la tecnología agrícola emancipó a algunos hombres de la producción, aunque las mujeres continuaran atadas a la reproducción). Esto permitió, por primera vez en la historia, la aparición de una serie de clases muy especializadas: hombres que podían dedicar su tiempo, no a tareas de subsistencia, sino a quehaceres culturales: se inventaron las matemáticas, se inventó la escritura y… se inventaron las guerras especializadas. La producción de un excedente liberó a los hombres (merced a la parte de «matar» de la testosterona) permitiéndoles empezar a construir los primeros grandes imperios militares, y en todo el mundo, a partir de alrededor del 3000 a. C., llegaron los Alejandros y los Césares, los Sargones y los Khanes: imperios gigantescos que, paradójicamente, empezaron a unificar dentro de órdenes sociales vinculantes tribus dispares que luchaban entre sí. Estos imperios míticos-imperiales darían paso, con la aparición de la racionalidad y la industrialización, al Estado-nación moderno.

En tercer lugar, se emanciparía a una clase de individuos para reflexionar sobre su propia existencia. Y así, con estas grandes culturas agrarias, llegaron las primeras actividades contemplativas sostenidas, actividades que ya no ubicaban el Espíritu meramente «allí afuera» en la biosfera (mágica, recolectora, cazadora-recolectora) ni meramente «allí arriba», en los míticos Cielos (mitología, hortícola a agraria temprana), sino que lo ubicaban «aquí dentro», a través de la puerta de la subjetividad profunda, la puerta de la conciencia interior, la puerta de la contemplación.

Y así surgieron los grandes sabios axiales, cuyo mensaje fue prácticamente idéntico en todas partes: «El Reino de los Cielos está en el interior». Esto era total y radicalmente, radicalmente nuevo…

Además, esta nueva y revolucionaria espiritualidad adoptó una forma particular, cuya mejor descripción es «puramente ascendente». Es decir, todo el mundo manifestado se consideraba básicamente malo. El mundo manifestado es el mundo del samsara, del sufrimiento, de la ilusión, de la tentación, del mal, del dolor. Y la meta principal de la realización espiritual es, así pues, hallar que el Reino de los Cielos «no es de este mundo». La realización espiritual implica, por tanto, la extinción de la manifestación (samsara) en lo no manifestado, no nacido, no creado (nirvana)… y todo lo que en el mundo manifestado es tentador es, por tanto, «pecado» (se conciba como se conciba).

Y esto significaba, sin excepción, que los grandes pecados eran el oro (el dinero) y el sexo (las mujeres). La comida acababa a menudo incluida en esta nefasta trinidad: la idea era que si alguien estaba realmente obsesionado con la comida o hambriento de ella, estaba hambriento de samsara y de su sufrimiento.

Dinero, comida, sexo. Las grandes prohibiciones en las tradiciones de sabiduría  orientadas al varón, agrarias, puramente ascendentes. No es casualidad que la segunda verdad noble del Buda —la causa del sufrimiento es el deseo— significara concretamente deseo sexual; y eso significaba, desde luego, mujeres. «Eva» (se llame como se llame) era en todas partes la gran tentadora, incluso el gran origen del mal.

El dinero no era menos problemático. Cristo expulsando a los cambistas del Templo fue probablemente una buena idea  en sí, pero más allá de eso, era representativo de todo el tono ascendente de los primeros grandes sistemas del Dharma: la manifestación es sucia, la manifestación es mala y el varón ascendente simplemente no debería traficar con dinero, comida, sexo. Todo eso, ejem, le roba sus jugos vitales y su poder: el poder de salir de la rueda, del juego, y de reposar en extinción en lo no manifestado, no creado, no nacido.

Las sociedades agrarias respaldaban universalmente al varón ascendente, y todos los monjes errantes, los yoguis, los sanyasins, los mendicantes, vivían únicamente de las limosnas y los donativos de los fieles. El Dharma era puro, el Dharma era limpio, el Dharma no tocaba el samsara, no tocaba el dinero, la comida, el sexo (o las mujeres) (o por lo menos no disfrutaba de ello).

Y por encima de todo, el Dharma no cobraría dinero por su difusión. Esto sería, en efecto, traficar con el Diablo, con Mara, con la manifestación.

Y así, sin excepción, estas tradiciones tempranas del Dharma, en Oriente y Occidente, estaban (y siguen estando) marcadas por el desprecio al dinero, la comida, el sexo y las mujeres; y la ética de estos sistemas agrarios y ascendentes estaba concebida, de un modo u otro, para evitar estos males (todos los cuales, podríamos generosamente suponer, eran bastante inevitables en las circunstancias de la organización social agraria)  y renunciar totalmente a ellos.

Y todo esto cambiaría drásticamente con dos acontecimientos extraordinarios. El primero fue la aparición de los sistemas no duales (tanto en Oriente como en Occidente) y el segundo, la industrialización (en Occidente, aunque tuvo implicaciones de gran alcance a escala mundial).

La revolución no dual, introducida en Occidente por el brillante Plotino y en Oriente por el excepcional Nagarjuna, tenía un solo postulado básico: el mundo manifestado del samsara no es un obstáculo para el Espíritu, sino, por el contrario, la expresión perfecta del Espíritu: el samsara y el nirvana no son dos. El Vacío es forma, la forma es Vacío.

La revolución que trajeron Plotino y Nagarjuna adopta la misma forma: Plotino arremete contra los gnósticos meramente ascendentes (que enseñaban que el campo de lo manifestado era la encarnación del mal) con una crítica demoledora que decía, de hecho, que puesto que este mundo manifestado es en realidad la creación y expresión del Espíritu, ¿cómo puedes despreciar este mundo y decir que amas el Espíritu? Si amas al progenitor, ¿cómo puedes odiar a los hijos? Plotino acusa efectivamente a los gnósticos y a los meramente ascendentes de un brutal maltrato infantil espiritual. La realización espiritual plena se halla, por el contrario, en la aceptación no dual perfecta de este mundo, no en huir de este mundo en pos de lo no manifestado.

Que es precisamente el demoledor ataque que lanza Nagarjuna contra los budistas teravadas. Su «nirvana», señala, es dualista hasta la médula —el nirvana frente al samsara, el Uno frente a los muchos, el infinito frente a lo finito, lo no manifestado frente a lo manifestado— y esto no lleva a la liberación, sino a una esclavitud sutil. La revolución del Madhyamika de Nagarjuna daría paso directamente a todas las formas del budismo mahayana, al budismo vajrayana, a diversas formas de tantra y—a través de su influencia en Gaudapa y Shankara— al hinduísmo vedanta: todo esto, a partir del minucioso no dualismo de Nagarjuna.

La esencia de la tradición no dualista (tanto en Plotino como en Nagarjuna) es que los caminos ascendentes son correctos, pero sumamente parciales. Además de un ascenso puro al Vacío y al Uno, está el descenso perfecto del Uno a los muchos. No solo trascendencia pura, sino también inmanencia perfecta. Todo el mundo manifestado es una expresión perfecta del resplandor del terreno vacío. Y el ascenso al Uno no manifestado, no nacido, no creado ha de ir unido a, y estar integrado con, el descenso del Uno a los muchos.

Así, el camino de ascenso es el camino de la sabiduría (que ve que toda forma es Vacío) y el camino de descenso es el camino de la compasión (que ve que el Vacío se manifiesta como todas las formas, que, por tanto, deben ser tratadas con amor y compasión). El Eros ascendente de Dios ha de unirse al Ágape descendente de la Diosa: la unión de sabiduría y compasión, el Uno y los muchos, lo ascendente y lo descendente: esta unión era la esencia de las tradiciones no duales (cuya representación más gráfica está en el tantra, con lo masculino y lo femenino, eros y ágape, sabiduría ascendente y compasión descendente, en unión sexual: bueno, ¡eso sí que era algo totalmente nuevo!).

En consecuencia, esta orientación no dualista implicó una reevaluación profunda de la naturaleza «pecaminosa» del samsara y, en especial, de la naturaleza «pecaminosa» del dinero, la comida, el sexo (y las mujeres). Lo que los caminos ascendentes consideraban distracciones principales del Espíritu, ahora se consideraban manifestaciones principales y gloriosas del Espíritu. «Esta tierra y todo lo que hay en ella —dice Plotino— deviene en un ser bendito.»

El nirvana y el samsara no son dos; y por tanto, nunca se podría encontrar el nirvana huyendo del samsara: sería como buscar la parte delantera huyendo de la espalda.

Así pues, las tradiciones no duales empezaron a aconsejar, no la renuncia y la purificación (meramente ascendente), sino la transformación y la transmutación: los cinco venenos son uno con las cinco sabidurías (por ejemplo, se entra en el enfado con el Vacío para descubrir la sabiduría de la claridad que está en su base). Los defectos, tal como son, son expresiones de consciencia primordial, y por tanto no se renuncia a ellos, sino que se autoliberan, tal como son, en su propia pureza primordial. El samsara ya no es el primer obstáculo para el Espíritu, sino el despliegue perfecto de su actividad creativa y compasiva, y ha de ser tratado como tal.

Este camino no dual, naturalmente, está expuesto a sus propios escollos (que son legión), pero la reorientación básica es evidente: ya no se trata, por ejemplo, de abstinencia sexual, sino de una sexualidad apropiada como expresión espiritual. Y la mujer deja de ser el mal para ser una manifestación coigual de lo Divino. Y ya no hay una postura en contra de la comida o, en general, deja de haber una cruzada religiosa contra la comida: hasta la carne y el alcohol, y otras sustancias «intocables», eran totalmente adecuadas si se entraba con consciencia vacía (y se usaban ritualmente justo de ese modo, como indicación de que todos los aspectos del samsara eran una expresión de lo Divino y, por tanto, no había que despreciarlos). Y, como veremos, esto implicó en última instancia no una actitud contra el dinero, sino sobre el dinero apropiado (del mismo modo que la actitud contra la comida dio paso a la comida apropiada y la actitud contra el sexo dio paso al sexo apropiado). La repugnancia hacia el dinero era, principal y profundamente, una repugnancia hacia la manifestación, un odio al samsara y el deseo de no «ensuciarse» con el ámbito burdo; la orientación no dual encontraba todo eso completa y profundamente confuso.

Ahora bien, a pesar de que las tradiciones no duales trajeron una revolución en la relación con el samsara (con el sexo, la comida, el dinero, el cuerpo, la tierra y las mujeres), estas tradiciones aún partían de una base agraria y seguían, en muchos aspectos, imbuidas de la ética y la moral de lo que todavía equivalía, de muchas formas, a un club de caballeros. La revolución decisiva para la mujer se produciría, no en Oriente, sino en Occidente, y dependería, no de cierto idealismo, sino de la máquina de vapor.

La industrialización, con todos sus horrores y sus desagradables efectos secundarios, fue antes que nada un medio tecnológico para garantizar la subsistencia no con el trabajo del músculo humano sobre la naturaleza, sino con el trabajo de la energía de las máquinas sobre la naturaleza. Todas las sociedades agrarias, que necesitaban el trabajo físico humano para la subsistencia (cultivando la tierra), conferían gran importancia, de forma inevitable e ineludible, a la fuerza física y la movilidad masculinas. Ninguna sociedad agraria conocida tiene nada que se parezca ni remotamente a los derechos de la mujer.

(Este es un aspecto tangencial, pero importante y relacionado: no quiero que reste valor al discurso principal, pero permítannos al menos señalar que, precisamente por la misma razón, el 80% de las sociedades agrarias, dondequiera que aparecieran, dependían de la mano de obra esclava masculina; se daba por sentado que la esclavitud era la forma normal, natural y ética de obtener mano de obra para la propia supervivencia: las primeras «democracias» griegas ni siquiera la cuestionaban, a pesar de que, de hecho, una de cada tres personas eran esclavas; incluso la Constitución de Estados Unidos, redactada en los albores de la industrialización y todavía un documento en gran medida agrario, parte sin más del supuesto de que la esclavitud es tan natural que ni siquiera hace falta mencionarla o hablar de ella: no tiene que explicar que «nosotros el pueblo» no incluye ni a los esclavos ni a las mujeres.)

Pero al cabo de un siglo de industrialización —que suprimió el énfasis en la fuerza física (y la esclavitud) masculina y la sustituyó con máquinas de género neutro—, surgieron por primera vez en la historia (en cualquier tipo de gran escala) el movimiento de liberación de la mujer (y los movimientos antiesclavitud): estos movimientos de liberación estaban unidos por el hecho de que la fuerza física masculina ya no era el principal determinante del poder cultural.

Así, la Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, escrito en 1792, es el primer tratado feminista importante de la historia. No es que de pronto las mujeres se volvieran inteligentes y fuertes y decididas después de un millón de años de opresión, engaño y borreguismo: es que las estructuras sociales habían evolucionado por primera vez en la historia hasta un punto en el que la fuerza física dejó de determinar de forma arrolladora el poder en la cultura. En unos siglos —un parpadeo en tiempo evolutivo— las mujeres habían conseguido el derecho legal de tener propiedades, de votar y de «ser sus propias personas», es decir, de ser dueñas de sí mismas.

(Y, del mismo modo, el obispo William Wilberforce, en una campaña fraguada con su amigo de toda la vida William Pitt, encabezó un movimiento que logró que, en 1807, se aboliera el comercio de esclavos en el imperio británico. En Estados Unidos, una guerra librada en parte por razones antiesclavitud pulverizaría en sus batallas a más hombres que los que se perdieron en toda la guerra de Vietnam: 48.000 muertos en solo tres días en Gettysburg; el entonces presidente recordaría al mundo, en un noble discurso pronunciado en ese lugar y en solo 253 palabras, que esta batalla se había librado porque la nación estaba «consagrada al principio de que todos los hombres son creados iguales», un principio menospreciado por la naturaleza y por todas las sociedades integradas en ella: un principio menospreciado por todas las sociedades agrarias. Pronto «todos los hombres» se ampliaría a «todos los seres humanos» —hombres, mujeres, esclavos— y aparecerían por primera vez en la historia las democracias auténticas.)

Aquí, entonces, hubo una revolución (y una serie de movimientos de liberación) en la que no participó Oriente, aún agrario; y, desde luego, no participó en el movimiento de liberación de la mujer ni en la emancipación política femenina propiamente dicha. Y, por tanto, pese a todo el énfasis no dual y tántrico en lo «femenino» y la «diosa», las mujeres de esas sociedades siguieron relegadas al ámbito reproductivo, privado (no soy el único que se asombra ante sociedades que elogian a la diosa tántrica y lo femenino —como la India, el Tíbet— y aun así no tienen todavía prácticamente ninguna mujer en cargos de poder o influencia pública. La clave es que esto no puede ocurrir sobre una base agraria: adorar lo «femenino» sigue siendo poco más que meras palabras porque la base no puede sostener una visión por lo demás hermosa.)

Por tanto, unir Oriente y Occidente en este punto de la historia significa, más que ninguna otra cosa, unir el extraordinario avance que representa la orientación no dual —que valora por igual lo ascendente y lo descendente, la sabiduría y la compasión, el Vacío y la forma, Eros y Ágape, lo masculino y lo femenino, el cielo y la tierra—, significa unir esta orientación con una base tecnoeconómica (industrial benigna y especialmente posindustrial), que es la única base que puede permitir la manifestación de esta orientación no dual.

En pocas palabras, significa unir la orientación no dual con la base posindustrial. Es decir, la orientación no dual con una base no sexista. Esta sería, en el mejor de los sentidos, una perspectiva tántrica no dual no solo en cuanto a la visión y la teoría, sino también en cuanto a los hechos, a la manifestación.

Y todo esto significa una amistad profunda con el dinero, la comida, el sexo y las mujeres, ninguno de los cuales está significativamente presente en los caminos meramente ascendentes. (Al mismo tiempo, no queremos ir al otro extremo; demasiados movimientos de espiritualidad de la mujer terminan siendo un camino meramente descendente, subrayando nada más que el cuerpo y la biosfera y Ágape y la compasión —sin ninguna indicación sobre el auténtico Eros y la trascendencia y el Vacío— y, así, terminan exteriorizando y exhibiendo una y otra vez una serie personalista y egoica de sensaciones sin fin, preferiblemente las noches de luna llena, como si eso fuera la liberación.)

Una amistad profunda con el samsara, como expresión perfecta de un Espíritu omnipresente: esta es la revolución no dual; y situarla en una base tecnoeconómica que la permita manifestarse: este es el gran proyecto de la posmodernidad. Esta unión no ocurrió (y no pudo ocurrir) antes de la industrialización; y ahora que nos establecemos cuidadosamente en lo posindustrial, corrigiendo todos los excesos y efectos secundarios perjudiciales de la sobreindustrialización que podemos, tenemos la oportunidad, por primera vez en la historia, de empezar una orientación auténticamente no dual para el mundo (no solo en teoría, sino en efecto).

Y el truco, naturalmente, consiste entonces, no en una abstinencia forzosa y un juicio condescendiente sobre el dinero, la comida y el sexo, sino en el uso apropiado y funcional de estas relaciones como expresión apropiada y funcional del Vacío, como una manifestación apropiada de lo Divino mismo.

En esta difícil ecuación podemos errar en cualquiera de los dos extremos. Uno, naturalmente, es el error ascendente típico: todos los aspectos del samsara son malos y hay que desinfectarlos con repugnancia (¡no toques!: dinero, comida, sexo, tierra, cuerpo, mujeres). Pero el otro extremo (el meramente descendente) es igualmente seductor: una especie de exceso de tolerancia hacia deseos e impulsos personales bajo el disfraz de que «todo es Espíritu»: una especie de Dharma hippie, zen beat, autocomplacencia sucedánea que confunde el jolgorio egoico con la trascendencia egoica.

Dejaré a los individuos el modo en que individuos (y maestros) decidan manejar esa delicada ecuación (integrar lo ascendente y lo descendente en el corazón no dual), (en realidad, ese es otro tema totalmente distinto). Lo que quiero decir aquí es que seguimos viendo una extraordinaria ambivalencia, y culpa, y repugnancia ante la idea de que el Dharma y el dinero deban encontrarse.

Y esto es profundamente confuso.  De acuerdo: si alguien no puede permitirse asistir a una clase de Dharma, queremos hacer todo lo posible para que pueda hacerlo. Pero eso es algo totalmente distinto, y en el fondo no es nada diferente de cualquier otro bien o servicio: creo que la mayoría de la gente considera que deberíamos poner al alcance de las personas unos servicios médicos básicos con independencia de su capacidad para pagar. Del mismo modo, deberíamos poner el Dharma al alcance de las personas con independencia de su capacidad para pagar.

Pero eso no es lo que molesta a tanta gente (y a tantos maestros de Dharma), que más bien tienden a considerar que incluso si la gente puede pagar, no debería tener que hacerlo. Que el Dharma está «por encima de todo eso», que el Dharma no debería mancillarse con dinero sucio. En otras palabras, que el Dharma debería presentarse algo como completamente asqueado del ámbito burdo, para que su «pureza» esté más allá de todo eso.

Pero eso es un disparate puramente agrario, ascendente, anti-este-mundo. En su reivindicación de la pureza se oculta la repugnancia hacia la manifestación. En su reivindicación de la libertad se oculta su sometimiento a otro mundo que no toca las realidades básicas de la existencia en este mundo. En su reivindicación de la claridad moral se oculta el juicio moral de que el samsara está corrompido hasta la médula.

El vil metal. No toquen el ámbito burdo. Con la mirada vuelta siempre hacia arriba, trascendamos solamente: no entremos, con cuidado y compasión, en los intercambios relacionales que definen este mundo: relaciones de comida y de sexo y de dinero.

Y señalemos, para nuestros ideales, a los sabios agrarios que se negaron al intercambio monetario (y, de hecho, lo condenaron). Estamos usando unas normas éticas apropiadas para la estructura agraria en un mundo posmoderno en el que ni siquiera son remotamente aplicables. Toda la estructura agraria apoyaba a yoguis y mendicantes con limosnas y donativos, que no tenían que preocuparse por el dinero, por un lugar donde vivir, por cómo pagar los impuestos; y es muy fácil condenar algo que de todas formas te están dando gratis.

Lo único que consigue esto, en el mundo posmoderno, es crear e imponer una hipocresía despiadada. Puesto que los individuos y los maestros deben recaudar dinero para sobrevivir, pero puesto que el dinero es malo, entonces, con la conciencia llena de culpa, recaudemos dinero, pero llamémoslo de otra forma (donativos «libres»). Sigamos señalando que Ramana no aceptaba dinero (le mantenían los devotos, por supuesto); que el Dalai Lama no acepta dinero (solo tiene a todo un pequeño país manteniéndolo). Y no quiera dios que algún maestro sea hallado conduciendo un BMW: el diablo, sin duda, lo obligó a hacerlo.

Y peor aún: el mensaje que sale del Dharma  no es cómo ser responsable del dinero apropiado, sino cómo evitar esa responsabilidad. El Dharma puro no toca los billetes: por tanto, los practicantes puros no deberían preocuparse por el dinero. Lo que significa que un buen practicante debería estar minuciosa, total y ferozmente desconectado de la realidad.

A nadie le gusta ver la espiritualidad maltratada por una codicia y una avaricia monetarias exorbitantes, a los Jimmy Swaggart y Oral Roberts[1] (o Rajneesh,[2] etc.) sacándoles los dólares a los incautos. Pero lo contrario de la codicia de dinero no es nada de dinero, sino dinero apropiado. Hay que corregir y completar la lista ascendente: comida correcta, sexo correcto, dinero correcto.

Mi propia opinión, de hecho, es personalmente aún más enérgica. Creo que este Dharma hippie (vil metal) en realidad rebaja el Dharma. Transmite el mensaje de que el Dharma no tiene ni idea de cómo tener éxito en el mundo real. Transmite el antiguo disparate ascendente de que el Dharma es igual a puritano, muerto del cuello para abajo. Transmite el mensaje de que el Dharma no puede tocar el dinero sin mancillarse. Y eso es lo más rebajado de lo rebajado.

Como ya he dicho, creo que debería hacerse todo el esfuerzo pragmático posible para poner el  Dharma al alcance de cualquier persona, con independencia de su capacidad para pagar (volveré a esto en un momento). Pero eso es totalmente diferente de la postura que dice que nunca se debe compensar al Dharma por sus esfuerzos.

En otras palabras, son dos cuestiones totalmente distintas: poner el Dharma al alcance de quienes no pueden pagarlo y la idea de que el Dharma no se debe pagar en absoluto. La primera es encomiable, noble y honorable; la segunda es patética, retrasada, regresiva y obscena. Y un Dharma asqueado con el ámbito burdo: eso no es un Dharma libre y gratuito, es un Dharma rebajado, paralizado por su incapacidad para abrazar el ámbito burdo con cuidado e interés e inteligencia.

El dinero es el poder del intercambio relacional en el ámbito burdo. Es el modo totalmente apropiado de permitir que se muevan bienes y servicios en el ámbito burdo. Y un Dharma que incluya (y no desprecie) el ámbito burdo es un Dharma que funciona con dinero apropiado y, por tanto, un Dharma que se establece en el mundo moderno y posmoderno sin este descabellado elogio de la postura agraria, sexista, ascendente, puritana, antitierra, anticuerpo, antimujer; y, créanme, es un solo paquete.

Entonces la cuestión difícil pasa a ser no si el Dharma y el dinero deberían encontrarse (desde luego que deberían), sino más bien cómo ponemos el Dharma al alcance de quienes no pueden permitírselo.

Y aquí se vuelve a la pregunta, mucho más prosaica y ordinaria, de cómo hacemos esto en cualquier dominio y con cualquier bien o servicio. El Dharma no tiene absolutamente nada especial en este sentido. ¿Cómo logramos un intercambio equitativo en cualquier caso?

Por ejemplo, yo ganaba dinero en la universidad dando clases particulares. No podía decidir un precio fijo porque algunos estudiantes eran increíblemente ricos y algunos bastante pobres. Así que les cobraba por hora lo que ellos ganaban en una hora (o un valor equivalente; al hijo de un médico le cobraba lo que ganaba el médico en una hora). Esto quería decir que tenía algunos alumnos que pagaban 3,75 dólares la hora (el salario mínimo de la época) y unos pocos que pagaban alrededor de cien dólares la hora (lo cual, curiosamente, no parecía importarles).

En ningún momento se me ocurrió hacerlo totalmente gratis como cuestión de principio (porque es un principio estúpido; y completamente diferente de hacerlo gratis, o casi gratis, por la pragmática razón de que no podían pagarlo).

Este tipo de escala móvil, naturalmente, se usa a menudo en los bufetes de abogados, en centros médicos, en psicoterapia y en servicios sociales, y personalmente me encanta. Por desgracia, es bastante difícil aplicarlo a seminarios y retiros y actos similares del Dharma debido a la complejidad de la contabilidad, pero puede haber diversas áreas de la enseñanza del Dharma en las que podría aplicarse de forma creativa.

Del mismo modo, hay diversos tipos de actividades que se pueden organizar y que tienen un diferencial monetario. Por ejemplo, algunos maestros pueden dar conferencias gratuitas, abiertas a cualquier persona, y luego los estudiantes interesados pueden inscribirse en sesiones individuales especiales o retiros de grupo, con un precio monetario (esto también se puede organizar con una escala móvil o no, dependiendo de las circunstancias; y siempre se pueden ofrecer becas para practicantes sinceros y desfavorecidos, no porque el Dharma no deba tocar el dinero, sino porque está dispuesto a hacer concesiones a los menos afortunados).

Pero el Dharma supuestamente «gratuito» (como cuestión de «pureza»), lo que es lo mismo que decir Dharma rebajado, transmite el mensaje inequívoco de que el Dharma no vale nada y de que tú también puedes perder tu valor si practicas lo suficiente. Transmite el mensaje de que el Dharma no asume ninguna responsabilidad madura del intercambio relacional burdo y de que tú también puedes volverte totalmente irresponsable si te aplicas con diligencia. Transmite el mensaje inequívoco de que «liberación» e «incompetencia flagrante» son idénticos.

Y lo peor de todo, crea una atmósfera generalizada de hipocresía: puesto que en realidad el intercambio relacional burdo es inevitable en cualquier caso, hay que recaudar dinero de otras fuentes y llamarlo con otros nombres: haciendo constantemente la pelota a patrocinadores acaudalados, arrastrándose para obtener limosnas por un Dharma «puro» que no se mancillará con el vil metal; degradando a los maestros y las enseñanzas por una «pureza» que esconde su rostro avergonzado ante las necesidades del mundo real, da la espalda humillada a los rigores de la claridad económica y llama todo este disimulo «gratuito» y «puro».

Hay maestros de Dharma dotados con más de veinte años de experiencia y sabiduría —y que enseñando ahorrarán a sus alumnos una enorme cantidad de tiempo y dinero (y sufrimiento)— que aun así rechinan los dientes, se autoflagelan y hacen muecas cuando piden cinco dólares para cubrir gastos.

Esto no es trascendencia, sino un puritanismo lamentable y corroído de culpa. El Vacío no te va a librar ni a ti ni a mí ni a nadie de la necesidad de un intercambio relacional apropiado en el mundo manifestado. Tener menos apego al dinero no significa ingenuamente tener menos dinero: menos apego no significa no tocar, sino tocar con elegancia y no apretuja; significa tocar con las manos abiertas, no amputarse las manos.

Yo he sido pobre la mayor parte de mi vida adulta (fui lavaplatos y ayudante de camarero y empleado de gasolinera durante la mayor parte de una década), hasta que mis libros empezaron a generar dinero (bastante avanzado el partido) y luego Treya me dejó unos pozos de petróleo y de gas en Texas, así que ahora no tengo que preocuparme demasiado por el dinero. Pero mis puntos de vista sobre este asunto no eran diferentes entonces y ahora: los dólares y el Dharma no solo no son incompatibles, sino que el intercambio monetario es una manifestación totalmente apropiada y funcional de lo Divino en la vida cotidiana, igual que la comida apropiada y la sexualidad apropiada.

Y en cuanto al punto de vista despectivo —vil metal—, les garantizo que, por razones estructurales, ese punto de vista está inextricablemente ligado a las posturas anticuerpo, antitierra, antiecológica, antisexo y antimujer: a todos los efectos, un solo paquete (surgieron históricamente a la vez y solo caerán a la vez: están unidas por estructuras ocultas de intercambio relacional).

Y solo llevaremos a rastras al Dharma, pataleando y gritando, al mundo moderno y posmoderno cuando se ataquen simultáneamente todas y cada una de estas posturas «anti» (dinero, comida, sexo, cuerpo, tierra, mujer): permanecerán o caerán a la vez.

Ya es hora de acabar con este Dharma rebajado; ya es hora de dejar de anunciar que el Dharma no tiene valor, de dejar de dar a entender que un buen practicante no tiene ni un duro ni tiene ni idea, de cesar este maltrato infantil espiritual. Es hora, más bien, de entrar en el ámbito manifestado del intercambio relacional apropiado y funcional —de dinero, comida, sexo, cuerpo, tierra— y encontrar, como dijo Plotino, que esta tierra y todos sus bienes devienen en un ser bendito, y santifica todos y cada uno de los acontecimientos tocándolos con gracia, no desinfectándolos con repugnancia.

 

 

Texto original en inglés: Ken Wilber, Rights Bucks (en la página web del autor).

[1] N. de la T.: Conocidos telepredicadores estadounidenses.

[2] N. de la T.: Conocido también como Osho.

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Sobre Sogyal Rinpoché y Rigpa || Dalai Lama

Transcripción de un fragmento de la retransmisión en directo de una conversación del XIV Dalai Lama con estudiantes de la Universidad de California (San Diego) en su residencia de Dharamsala, 6 de septiembre de 2017 (el enlace al vídeo está al final del texto):

 

En Occidente, cuando uso la palabra laico, algunos de mis amigos dicen que laico tiene un significado algo negativo hacia la religión. Es comprensible: durante la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique en Rusia hubo una tendencia a tener una actitud negativa hacia la religión. Eso en realidad no es religión, sino la  institución religiosa. La religión, la auténtica religión, significa amor. Incluso los animales aprecian el amor. Así que nadie puede estar en contra de la religión o del amor. Pero, ven, estas instituciones, francamente, creo que en muchos casos los maestros religiosos o los líderes espirituales religiosos o  instituciones, francamente, en algunos casos están corrompidos.

Así que vale la pena ir en contra de estas cosas. Durante la Revolución Francesa, antes de ella, la élite, o los reyes o reinas, la gente de la élite tenía mucha relación con la institución religiosa. Se beneficiaban de este grupo, por lo que lo apoyaban automáticamente. Así, cuando las personas sufren realmente debido a la explotación, deben reunir el valor para derrocar esa institución. También han de tener valor para ir contra la institución religiosa, ¿verdad? ¿Qué piensan ustedes?

Ahora, hace poco, en Haryana ha habido algunos problemas. El Dharma, usar el nombre del Dharma [para la] explotación. Ellos mismos no practicaban debidamente este Dharma, incluso algunos lamas tibetanos también han hecho eso. Hace poco, en Estados Unidos, Rigpa, puede que [hayan] oído hablar del centro de Dharma de Rigpa, el líder, lo conozco. Hace poco, una carta abierta, en contra, llena de críticas sobre esa persona. Por tanto, la institución religiosa con bastante frecuencia, ven, echada a perder, no le importa el mensaje real de la religión, sino que usa el nombre de la religión. La religión utilizada como instrumento para la explotación. Así que la Revolución Francesa y la Revolución Bolchevique rusa, hay cierta tendencia contra la religión debido a eso.

Por tanto, cuando digo laico algunos de mis amigos tienen ciertas reservas. Pero en este país [India], laico significa respeto a todas las religiones y también, creo yo, algo único es que según el concepto indio de laicismo, laico es respeto a los no creyentes.

 

Vídeo y transcripción en inglés: Dalai Lama about Sogyal Rinpoche and Rigpa with students from the University of California

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Algunos textos, vídeos y mesas redondas sobre abusos en el budismo

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El mérito de señalar los abusos en el budismo: Dzongsar Khyentse Rinpoché | Justin Whitaker

15 de agosto de 2017

Una enseñanza habitual del budismo tibetano sugiere que «si un lama o rinpoché dice algo erróneo, DEBES señalar que es erróneo». Puede que sean seres puros, budas perfectos, etc., pero allí y en ese momento, han «manifestado una oportunidad para que los corrijas». Esta enseñanza y otras similares están presentes en toda la tradición budista, que se basa en la conducta armoniosa, la instrucción cuidadosa, la reflexión, la razón y el debate.

Teniendo en cuenta eso, señalo algunas cosas de la reciente declaración de Dzongsar Khyentse Rinpoché sobre Sogyal y el budismo vajrayana que me parecen erróneas (en primer lugar, si no la han leído aún, lean la declaración íntegra, conforme a sus deseos).

No puede confiar en los periodistas o en las revistas «budistas»

Dzongsar Khyentse empieza escribiendo que:

Por desgracia, los periodistas siempre recortan los textos y luego escogen los fragmentos que encajan con sus propias ideas preconcebidas. Si no me creen, dediquen cinco minutos a mirar la CNN, Fox News, Al Yazira, el New York Times, el diario The Guardian o Breitbart News Network. Enseguida verán la naturaleza de la «libertad de expresión» en nuestra sociedad moderna.

¿Empezando con una andanada contra los periodistas?  A Trump le ha funcionado, supongo. En mi experiencia, los periodistas son imperfectos, pero en su mayoría tratan de informar de la verdad; aunque en este sentido, yo no pondría necesariamente a Fox y a Breibart en la misma categoría que al resto. Prosigue diciendo:

Lamentablemente, la mayoría de las revistas y boletines «budistas» no son distintos.

Qué elegante poner budista entre esas intimidantes comillas. Vamos, Tricycle y Lion’s Roar, ¿son ustedes budistas o «budistas»?

En primer lugar, sin embargo, creo que debo señalar que lo que quiero decir se refiere a la relación entre un gurú y un estudiante específica del vajrayana. Puesto que esta clase de relación gurú-estudiante es un fenómeno del vajrayana, ojalá pudiera decir que si no son ustedes estudiantes del vajrayana no tienen por qué preocuparse de nada de lo que sigue,  pero no puedo. ¿Por qué? Porque, nos guste o no, el vajrayana está asociado al budismo y, por tanto, en el proceso de abordar una situación del vajrayana no puedo evitar hablar del budismo y su futuro.

Dicho esto, no me cabe duda de que los budistas theravadas y mahayanas que se hayan visto arrastrados a este debate público por mera asociación deben de estar tirándose de los pelos de frustración. Lo entiendo; si yo estuviera en su lugar, sentiría lo mismo.

Espero que nadie esté tirándose de los pelos. Dicho esto, probablemente es bueno que los budistas theravadas y mahayanas estén observando esta situación, aunque solo sea para ver cuál es la forma más adecuada de tratar a los depredadores sexuales en sus comunidades. Coincido en la particularidad de las relaciones del vajrayana. Puede que haya una cercanía muy similar entre maestro y alumno en el chan/zen, pero las estructuras son bastante distintas.

Pero hay algo que todos debemos tener claro. Existe una clara diferencia entre la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana y su función —muy pública— como maestro budista y director de una organización no lucrativa. Los maestros del vajrayana no tienen por qué ser figuras públicas. Muchos ni siquiera son conocidos como maestros budistas; algunos maestros vajrayanas del pasado se ganaron la vida como prostitutas y pescadores. Pero a diferencia de la relación maestro-estudiante de otras tradiciones, en el vajrayana la conexión entre el gurú y el estudiante es a veces más personal y constante que la familiar.

Con mucha frecuencia sucede lo contrario con los maestros que exponen el budismo en términos más generales. Estos maestros suelen ser figuras públicas. En muchos casos, tienen numerosos seguidores, y tanto ellos como sus enseñanzas son ampliamente accesibles. A veces también están al frente de cierto número de monasterios o de organizaciones no lucrativas.

Una aclaración interesante: está el Sogyal Rinpoché maestro del vajrayana y el Sogyal Rinpoché maestro budista.

Así pues, «gurú vajrayana» y «maestro budista» son, en realidad, funciones totalmente distintas, incluso si las desempeña la misma persona. De lo que quiero hablar aquí es de la función del maestro del vajrayana en general, y de la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana en particular, no de la función de Sogyal Rinpoché como director espiritual de Rigpa y maestro budista público.

Esta distinción es importante porque muchos estudiantes budistas se preguntan cómo explicar este tipo de escándalo a sus amigos y seres queridos. ¿Cómo hablar de ello con tu hermana pequeña, que va a una escuela secundaria cristiana? ¿O con tu nuevo novio no budista, a quien quieres impresionar de verdad, pero que ya cree que tu afán por hacer todo lo que te pida el gurú es bastante raro? Así pues, esta es una cuestión que debería contemplarse y abordarse por separado, sobre todo dada la creciente atención mediática que sin duda recibirá la conducta de Sogyal Rinpoché.

Nada de lo que tengo que decir aquí sobre el vajrayana en concreto es fácil de explicar. De hecho, me preocupa un poco que pueda terminar dando pie a más preguntas que respuestas. Y también estoy seguro de que mis palabras se van a malinterpretar. Pero he decidido intentar escribir este texto de todos modos, porque hay muchos practicantes auténticos del vajrayana que tienen dificultades a la hora de ver la situación actual y que quizá deseen considerar las cuestiones que quiero plantear.

Tilopa, Trungpa y la sabiduría loca

Pues muy bien. Dzongsar cuenta después la historia de Naropa y Tilopa y su linaje hasta Chogyam Trungpa, concluyendo, sobre los alumnos de éste:

Por cierto, si alguna vez se encuentran rodeados de algunos de estos practicantes, le hablarán de las glorias de Trungpa Rinpoché hasta dejarles sordos.

Algunos. Otros se marcharon de la comunidad por varias razones. Pueden leerlo ustedes mismos en la sección de «controversias» de la página sobre Trungpa de la Wikipedia[1] o en otros lugares. En la reseña de uno de los libros allí mencionados se dice:

Me pareció especialmente interesante la dinámica entre el lama tibetano, Trungpa Rinpoché, y sus alumnos estadounidenses, todos ellos desbordantes de devoción y carentes de autoridad personal, y el paralelismo con los sistemas familiares disfuncionales. Trungpa Rinpoché aparece como un sustituto borracho, loco, de las familias disfuncionales de los autores. Los trucos utilizados para mantener la diferencia de poder en la comunidad de seguidores de Rinpoché imitan la traición y los secretos obligados de las familias alcohólicas.

Esto no quiere decir que las excentricidades de Trungpa no fueran también un juego despierto  o acciones perfectas que sencillamente algunos malinterpretaron. Pero es justo decir que la acogida que tuvo Trungpa fue desigual. En cuanto a la historia de Tilopa, el maestro budista y traductor de textos tibetanos Malcom Smith escribe:

Ah, y dicho sea de paso, sacar a relucir a Naropa y Tilopa, etc. es una gilipollez. Déjenlo, por favor. Las doce pruebas no son más que cuentos, cuentos didácticos para mostrar el enorme ególatra que era Naropa. Sin duda tienen cierta base, pero están exageradas mucho más allá de lo que cualquiera puede razonablemente aceptar como algo que no sea una hipérbole dramática indotibetana.

Volvamos a Dzongsar, que pregunta:

«¿Ha hecho Sogyal Rinpoché algo “incorrecto”?»[2]

Otra vez esas inteligentes comillas intimidatorias. ¿Qué es incorrecto, en todo caso? Por suerte, los que estamos en la tradición budista tenemos muchos recursos para esto, incluido el maravilloso Dalai Lama, que ya ha respondido a esta pregunta con un rotundo . Pero Dzongsar no está de acuerdo.

Hace poco, algunos alumnos de Sogyal Rinpoché, que también se consideran practicantes de la tradición del vajrayana, denunciaron que Sogyal Rinpoché consideraba que la conducta abusiva eran los «medios hábiles» o la «compasión airada» de la tradición de la «sabiduría loca».

Se describa como se describa el estilo de enseñanza de Sogyal Rinpoché, la clave aquí es que si sus alumnos habían recibido una iniciación del vajrayana, si en el momento en que la recibieron eran plenamente conscientes de que era una iniciación del vajrayana y si Sogyal Rinpoché se había asegurado de que se respetaban y cumplían todos los requisitos indispensables y necesarios, desde el punto de vista del vajrayana no hay nada erróneo en los actos posteriores de Sogyal Rinpoché (por cierto, la «iniciación» incluye la instrucción que señala, que es la máxima iniciación del vajrayana, conocida como el cuarto abhisheka).

Eso son muchos «si…». Y para que quede claro, pueden leer la carta íntegra sobre los actos de Sogyal aquí. También pueden leer un excelente artículo de Michaela Haas aquí.

Sinceramente, para un alumno de Sogyal Rinpoché que haya recibido conscientemente el abhisheka y que, por tanto, haya entrado en el camino del vajrayana, pensar en etiquetar los actos de Sogyal Rinpoché de «abusivos» o criticar a un maestro del vajrayana, incluso en privado, muchos menos públicamente y en letras impresas, o simplemente revelar que existen estos métodos, es una ruptura del samaya.

Los estudiantes escriben: «Usted nos ha propinado puñetazos y patadas, nos ha tirado del pelo, ha desgarrado orejas y nos ha pegado, a nosotros y a otros, con objetos diversos como su rascador de espalda, perchas de madera, teléfonos, tazas y cualquier otro objeto que tuviera a mano.» Si el samaya exige que los alumnos aguanten esto sin llamarlo por su nombre, bueno; como dicen los niños, «que le den al samaya».

Esto no quiere decir, como se ha insinuado, que el tantra proporcione a los maestros una lista de formas en que pueden abusar de sus alumnos sexual, emocional y económicamente: no encontrarán esa lista en ninguno de los tantras. Al mismo tiempo, un gurú vajrayana utilizará todo lo que pueda para actuar en contra de, y cuestionar, el ego, el orgullo, el egocentrismo y la mente dualista de cada uno de sus alumnos, y bien podría terminar diciéndole a un hombre sexualmente voraz y calenturiento que se haga monje.

Vaya, esto va bien.

Lo siento, pero no podemos ignorar las normas al respecto. Cuando tanto el transmisor como el receptor de una iniciación del vajrayana son plenamente conscientes y comprenden con claridad lo que ha ocurrido, ambos deben aceptar que la visión y la práctica principales del camino del vajrayana es la percepción pura. No hay margen alguno para siquiera un atisbo de percepción impura.

Esto no es lo que ha dicho el Dalai Lama. Creo que yo voy con el Dalai Lama sobre esto.

¿Puede haber mérito en señalar los abusos?

Dzongsar sigue explicando la percepción pura.

Por tanto, si un alumno de Sogyal Rinpoché lo viera debatiéndose para mantenerse a flote en medio de un lago y, basándose en su percepción impura, proyectara en él la idea de que parece que se está ahogando, probablemente no sería buena idea que ese alumno pensara: «Rinpoché es un ser despierto y debería ser capaz de caminar sobre el agua». Un pensamiento mucho mejor sería: «¡Esta es mi percepción impura! Rinpoché se manifiesta como un hombre que se está ahogando para que yo pueda acumular el mérito de rescatarlo.»

Correcto. Entonces, ¿por qué no pueden acumular los alumnos el mérito de señalar sus abusos y acabar con ellos?

A medida que tu práctica mejora, tu percepción del gurú dejará de estar sujeta a, o limitada por, las causas, condiciones y efectos que antes te hacían creer que se estaba ahogando. Este es el momento de tu desarrollo espiritual en el que verás realmente al gurú exterior como al Buda y también podrás ver tu propio gurú interior.

A medida que tu práctica mejora y tu gurú deja de someterte a ti y a otros a abusos, dejarás de pensar que está sometiéndote a ti y a otros a abusos. Parece que eso es lo que han hecho precisamente los estudiantes que escribieron la carta, que ha desembocado en la jubilación de Sogyal.

Hasta entonces, cuando tu gurú presida una reunión de la junta directiva y sea evidente que no tiene ni idea sobre un asunto, como miembro prudente de esa junta no deberías vacilar en darle la información que necesita. Al mismo tiempo, como estudiante del vajrayana, debes recordarte con habilidad que solo te parece que el gurú no tiene ni idea debido a tu percepción impura y que, al aparentar que necesita tu ayuda, te está dando en realidad la oportunidad de acumular mérito.

Esta es la aclaración del «budista vs. vajrayana» de antes. Estos estudiantes, mientras escriben su carta a Sogyal —el maestro budista—, deben mantener una visión pura de Sogyal —el maestro del vajrayana—. Le están dando como maestro «la información que necesita»: ¡Eh, estás cometiendo abusos, para ya. Pero como maestro del vajrayana, quizá sigan viéndolo con visión pura, ¿quién sabe?

Todos tenemos costumbres, y es la costumbre lo que hace inevitable la percepción impura. En el momento en que entramos en el camino del vajrayana, empezamos a romper «samayas»: nuestro compromiso de mantener la percepción pura. Por eso el camino del vajrayana da por sentado que todos los practicantes del vajrayana cometerán errores. El camino del practicante es entonces confesar, exponer y enmendar de inmediato cualquier percepción impura en el momento en que surja, y aspirar continuamente a cometer cada vez menos errores.

Eso incluye a Sogyal y a otros lamas que cometen abusos, ¿no?

Si una percepción impura —como criticar a nuestro gurú— es deliberada y consciente, y si luego continúa hasta convertirse en un debate público bien organizado y coreografiado sin margen para la enmienda o la corrección, constituye una ruptura total del samaya.

Ah, entonces podemos salvarlo de un lago o de cometer un error en una reunión de la junta directiva, pero cuando lo denunciamos por darnos puñetazos y patadas estamos rompiendo el samaya debido a la percepción impura. De nuevo, esto parece exactamente lo contrario a lo que tuvo que decir el Dalai Lama. Dzongsar escribe: «Una vez que se ha dado y se ha recibido una iniciación, ni el gurú ni el estudiante pueden seguir analizándose mutuamente». El Dalai Lama dice:

No deben decir: «¡Oh, es mi gurú, diga lo que diga el gurú debo obedecerlo»: eso es totalmente erróneo. El propio Buda dijo: «Mis enseñanzas, debes examinarlas.»

Del mismo modo, si un lama en concreto dice algo, lo examinas: si está en armonía con las enseñanzas del Buda o las circunstancias de la sociedad, entonces debes obedecer.

Si el lama dice algo y lo investigas, no es adecuado, entonces no debes seguir la enseñanza del lama. Ni siquiera la enseñanza del Dalai Lama: si encuentras alguna contradicción, no debes seguirla: esa es mi enseñanza.

Atacar prácticamente a todos

Dzongsar devuelve el golpe de nuevo:

Es un gran error especular sobre la posibilidad de continuar analizando y criticando al gurú tras haber recibido una iniciación importante; de hecho, es totalmente erróneo. No podemos modificar la visión fundamental del vajrayana solo porque no es apropiada para la mente de unos cuantos activistas liberales, puritanos, abrahámicos o individualistas.

Luego arremete contra las religiones abrahámicas «dualistas», y a continuación:

Si la etiqueta «religión» es demasiado embarazosa para tu mente elitista y así llamada progresista, podrías probar con algún tipo de laicismo semi-ateo, revestido de ética moralista e inflado de superioridad moral liberal y dogmática. O podrías dejarte tragar a ciegas por la angustia existencial e indignarte después con quienes se deleitan en la esperanza.

Después persigue también a los practicantes «quejicas» del vajrayana:

Y aun así, puede que entre ustedes haya alguien que anhele las enseñanzas tántricas porque quiere alcanzar rápidamente todos los logros espirituales que pueda sin padecer ninguno de los sufrimientos, o porque sea el tipo de persona que tiene un fuerte sentido de sus derechos y al que le encanta saltarse las prácticas preliminares. O puede que seas muy listo y quieras seguir el camino más simple que obtenga los resultados más rápido, por lo que quizá trates de burlar el sistema con atajos para llegar más deprisa a las enseñanzas supremas del dzogchén y el mahamudra. O quizá seas uno de esos que se quejan amargamente cuando el gurú dice que no es el momento adecuado de dar esas enseñanzas y ejerce entonces un intenso chantaje emocional para conseguir lo que quiere. Si estás en cualquiera de estas categorías, lo que conseguirás será la relación gurú-discípulo de todo o nada. Lo siento, pero así es como es y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

No podemos cambiar la visión del vajrayana o inventar una versión «moderada» del budismo vajrayana solo para que sea apropiada para la mentalidad occidental del siglo XXI. Si lo hiciéramos, sería como decir que en esta época moderna deberíamos decir que ciertos fenómenos compuestos son permanentes y algunos fenómenos sí tienen existencia intrínseca… pero tampoco podemos hacer eso. La visión es fundamental en el Dharma del Buda y, por tanto, para el camino del vajrayana.

Todo esto está bien hasta cierto punto, pero parece fuera de lugar en este debate. Dzongsar continúa con una buena descripción del crecimiento espiritual en el vajrayana, lo que de nuevo es bueno (salvo por la devoción incondicional que sugiere que hay que tener hacia el maestro; otra vez lo contrario de lo que enseña el Dalai Lama).

Dzongsar, en otro extraño giro, prosigue insinuando que Sogyal no era en realidad un maestro muy bueno, para empezar, y quizá no advirtió adecuadamente a sus alumnos.

Si Sogyal Rinpoché hubiera hecho estas advertencias, si hubiera sentado las bases adecuadas enseñando los fundamentos del budismo, si se hubiera asegurado de que sus alumnos habían sentado una base sólida a través del estudio y la práctica, y si les hubiera hablado, antes de que recibieran iniciaciones y enseñanzas, de la naturaleza del camino del vajrayana y de las consecuencias que afrontarían si rompieran el samaya, lo más probable es que nunca habría  surgido la situación actual.

De nuevo, esos «si…», que aquí insinúan que Sogyal «no…». Algo que escribe a continuación resulta de nuevo bastante extraño:

 Más de dos milenios antes de la caída del autoritarismo en Occidente, el Buda enseñó: «Tú eres tu propio amo. Nadie más es tu amo». Ninguno de estos consejos se ha tomado nunca en serio en el Tíbet. No tomar en serio estas enseñanzas es una costumbre muy mala y, sin duda, no es algo de lo que sentirse orgulloso.

Parece que está criticando toda la relación entre maestro y discípulo de la que acaba de decir «es como es». Y dice que esta es una costumbre muy mala en el Tíbet.

Así que hoy en día, cuando los lamas tibetanos aplican su costumbre de dar enseñanzas del vajrayana abiertamente a no tibetanos —sobre todo occidentales—, pero olvidan que están exponiendo estas disciplinas a personas que leen el New York Times, están preparadas para el pensamiento crítico y adiestradas para apreciar el análisis y la reflexión, y son aplaudidas por rebelarse contra la convención, ¿no es inevitable que todo se venga abajo?

No le gusta nada el New York Times, ¿verdad? Entonces, el pensamiento crítico y el análisis ¿son parte del problema?

Cristianos un día, iniciados al día siguiente

Dzongsar nos cuenta entonces que es «testigo directo de cómo está organizado Rigpa»:

Sé algo de Sogyal Rinpoché porque he visitado varios centros de Rigpa y soy testigo directo de cómo está organizado Rigpa. Para ser sincero, no he visto pruebas suficientes que me convenzan de que se hubieran dado las advertencias apropiadas o de que se hubieran sentado las bases adecuadas o de que se impartieran debidamente las enseñanzas fundamentales. En varias ocasiones me pareció que algunos de los estudiantes habían sido cristianos hasta quizá la víspera de asistir a las enseñanzas, y luego de pronto, veinticuatro horas después, estaban escuchando sobre la devoción al gurú, recibiendo instrucciones que señalan y practicando el yoga del gurú; era tan extremo como eso.

Si eso es lo que ha pasado —si no se hicieron las debidas advertencias ni se dio el adiestramiento básico antes de las enseñanzas del vajrayana—, Sogyal Rinpoché está aún más errado que sus alumnos críticos. ¿Por qué? Porque es su responsabilidad preparar el terreno con arreglo a las enseñanzas y prácticas básicas prescritas y arraigadas del vajrayana. No cabe duda de que la persona que tiene más conocimientos, poder y, por tanto, responsabilidad, es también más culpable cuando no se cumplen esas obligaciones.

Esto es lo más cerca que hemos llegado aquí a reconocer que puede que Sogyal haya hecho algo erróneo. Pero ¿por qué Dzongsar no dijo nunca nada de esta situación problemática?

Culpar a las víctimas

El siguiente fragmento es lo que hace que hierva mi sangre irlandesa solo un poquito, pues somete a juicio a los estudiantes victimizados.

Pero hay cosas en todo esto que me dejan perplejo. Los estudiantes que critican a Sogyal Rinpoché parecen muy inteligentes. ¿Por qué, entonces, no fueron lo suficientemente listos como para examinar y analizar al maestro antes de comprometerse? ¿Cómo se dejaron llevar tan lejos por la experiencia de Rigpa, esos folletos satinados, bien elaborados y todo lo demás? Y realmente no entiendo por qué esperaron diez o incluso treinta años antes de decir algo. ¿Cómo es que no vieron todos estos problemas el primer o el segundo año de su relación con Sogyal Rinpoché?

Debo decir también que mi perplejidad está mezclada con comprensión, porque los seres humanos no solo estamos sometidos a nuestro intelecto, sino que somos agitados por nuestros sentimientos. Solo puedo especular, pero quizá estos estudiantes se sintieron conmovidos e incluso impresionados por todo lo que encontraron en Rigpa. Quizá los satinados folletos, el incienso, los tronos y las salmodias hicieron su efecto. Y, desde luego, Rigpa ha acogido a muchos lamas ilustres, muy respetados, incluso al más alto de todos, lo que debe de haber reforzado la veneración y el respeto que estos estudiantes sentían no solo por toda la tradición, sino por el propio Sogyal Rinpoché. Como consecuencia del inesperado estallido de sentimientos piadosos que experimentaron entonces, debe de haber quedado poco margen en su mente para seguir analizando, porque emocionalmente solo querían «empezar». Por lo que he visto en Rigpa, esto es lo que podría haber pasado.

Así que culpamos a las víctimas y luego culpamos a los «satinados folletos, el incienso, los tronos y las salmodias» que las engañaron y les arrebataron el intelecto agitando sus sentimientos.

Por desgracia, parece que el karma también desempeña un papel en todo esto, ¿verdad? Y ahora que he mencionado el karma, estoy seguro de que algunos de ustedes me acusarán de recurrir a otra salida por la tangente.

Sin embargo, la realidad es que interesarse por la brillante publicidad y la parafernalia tibetana, sentirse inspirado y conmovido por el exotismo tibetano y la especie tibetana en peligro de extinción y todo lo que nos viene a la cabeza, todo eso surge de las causas y condiciones que son la esencia del karma.

Ah, el karma. Qué bonito. Es como si pudiéramos usar esta elevada charla espiritual solo para evitar directamente la ética tan mundana, moralista y dualista que quieren promover otros. Mmmm, usar la espiritualidad para eludir la ética, ay, si hubiera una palabra o una expresión para eso.

Luego da un largo sermón sobre lo difícil que es ser un gurú y los horribles infiernos a los que van si la cagan. Allí ofrece un apartado muy bueno sobre ser una persona decente sin más como maestro. A continuación afirma: «diría que solo un lama ha comprendido realmente la cultura occidental y ha actuado adecuadamente basándose en ello: Chogyam Trungpa Rinpoché.»

¿Y el Dalai Lama qué?

Tal vez esté pensando más en quienes se han establecido en Occidente. Critica a otros lamas por hacer demasiado hincapié en la cultura y no lo suficiente en el Dharma, y echa la culpa en parte a los estudiantes occidentales, que «a veces están más interesados en parecer tibetanos y hablar como ellos que en practicar realmente el Dharma.»

Son los otros

En un apartado sobre salvaguardias y contramedidas, Dzongsar casi parece elogiar a quienes denuncian a los lamas que cometen abusos. Pero luego insinúa que «los pocos seres humanos decentes que quedan en este planeta desaparecen con rapidez. ¿Quizá exponer públicamente así las faltas de la gente, en las redes sociales y otros lugares, haga que otros tengan miedo de comportarse mal?». Pero luego dice que no: «Pero en realidad no creo que la vergüenza pública o el castigo legal sea la respuesta, o que resuelvan verdaderamente todo el problema.» De nuevo, lo contrario de lo que ha dicho el Dalai Lama.

Después prosigue cambiando de tema a otras cosas que considera que están perjudicando al budismo: «Bajo la bandera de la objetividad racional frente a la superstición, y revestidos de un liberalismo supuestamente no dogmático, muchos de entre la élite budista europea y estadounidense promueven actualmente una versión del budismo que elimina por completo la reencarnación. Su campaña tiene el potencial de destruir el budismo con mucha más certeza que cualquiera de sus escándalos internos.»

Y luego están los «“respetables” maestros de estilo de vida» y «los gurús autodidactas que usan el mindfulness y otras prácticas budistas para convertir la esencia del camino budista en técnicas para aumentar nuestro amor al samsara.» También insinúa que hay quienes están en el otro extremo, que «[e]n el proceso de intentar embalsamar sus tradiciones están apropiándose en la práctica del budismo y lo están despojando de cualquier significado y pertinencia para esta era moderna.»

De nuevo yo diría que es justo criticar a quienes diluyen demasiado el budismo, igual que a quienes se aferran con rigidez al pasado. La mayoría de los budistas trabajan para estar en el medio en este sentido, y son muy conscientes de la dificultad que conlleva. Señalaré a uno que creo que es especialmente bueno en esto: el Dalai Lama (puede que ya le haya mencionado una o dos veces).

La conducta indebida de Sogyal Rinpoché puede ser su perdición y, lamentablemente, podría ser la perdición de algunos de sus alumnos. Pero las demás tendencias, mucho más destructivas, dentro del Dharma del Buda tienen la capacidad de afectar a millones de personas y destruirán finalmente el budismo de un modo más completo que este escándalo de ahora. Francamente, son mucho más mortales que la aniquilación desatada contra el Dharma del Buda por la Revolución Cultural y otras fuerzas externas.

Bueno, primero tenemos que señalar que aquí, por fin, Dzongsar ha señalado «la conducta indebida de Sogyal Rinpoché». Pero en el mismo párrafo echa una culpa mucho mayor a todos los demás con todas las hipérboles que cabe imaginar.

¿Y ahora qué?

Dzongsar concluye el texto, en parte, desviando una vez más la atención del asunto concreto de que se trata: «Creo que esta situación en concreto nos está dando a todos la oportunidad de mostrar nuestra resiliencia. También es nuestra ocasión para pensar en el panorama general del budismo y no en solo un pequeño rincón.»

Pero después vuelve a elogiar aparentemente a los estudiantes que denunciaron los abusos (e incluso a las revistas «budistas» y a otros que siguen el consejo del Dalai Lama de hacer público el asunto):

Para los seguidores del Buda, y en particular los estudiantes del vajrayana, y en especial los alumnos de Sogyal Rinpoché y quienes están planteando preguntas muy difíciles, creo firmemente que el debate actual sobre la conducta de los gurús tiene su origen en un deseo sincero de resolver las cosas y ayudar a la sanga de Rigpa y al mundo budista en general. Este es el aspecto positivo del tipo de cuestionamiento que estamos viendo hoy, y es un aspecto que realmente debemos reconocer y apreciar.

Nos guste o no, como miembros de la sanga budista en general, y específicamente como hermanos y hermanas vajra, hemos creado un vínculo entre nosotros mucho más importante que la familia. Pero en nuestras relaciones íntimas, los seres humanos sufrimos a menudo como consecuencia de la falta de comunicación. ¿Cuál es el antídoto de la falta de comunicación? ¡La comunicación! Por tanto, es el momento de abrir un espacio en el que pueda haber una comunicación auténtica y sincera. De hecho, ya he visto varias cartas y publicaciones en Internet de personas que están haciendo un gran esfuerzo por encontrar una buena solución.

Prosigue diciendo que: «En definitiva, yo diría que Sogyal Rinpoché ha hecho mucho más bien que mal a este mundo y al Dharma del Buda.» Eso está bien. Y probablemente es cierto. Pero también es una desviación del asunto en cuestión. Se nos ocurren unas cuantas personas bastante buenas que resultaron ser también unos delincuentes, Bill Cosby es una reciente. En definitiva, su programa y su humor eran geniales. Pero aun así debería, en definitiva, ir a la cárcel por lo que les hizo a varias mujeres. Es un poco demasiado pronto para que el famoso quede impune por sus fechorías.

Luego hace un extraño elogio a los estudiantes de Rigpa (a los que antes había acusado de estar embaucados por los satinados folletos y el incienso) y luego se revuelve con este rápido ataque: «Sospecho que a muchos liberales, ateos y gran parte de los medios occidentales les encantaría ver en titulares la noticia de un atacante suicida jainista, porque demostraría su argumento de que todas las religiones tienen un lado oscuro y albergan extremistas.»

¿Están peor los budistas que los musulmanes?

 Cómo no sentirse desalentados cuando el principal diario alemán, el Süddeutsche Zeitung, con más de un millón de lectores diarios, publica un artículo central sobre el escándalo de Sogyal Rinpoché en la sección de «Budismo», bajo el encabezamiento de «Abuso». Imaginen la indignación si la prensa occidental informase de todas las bombas y masacres musulmanas en la sección de «Islam».

Pues eso es lo que hace la prensa occidental. Más o menos.

Es un hecho bien analizado que, en los últimos treinta años, los budistas han tenido el placer de disfrutar de una abundante buena prensa, mientras que los musulmanes han sufrido injustamente ante la opinión pública. Insinuar lo contrario hace que me hierva la sangre un poquito más (recapitulación: dos cosas que van a molestar a Justin son: 1) culpar a las víctimas y 2) insinuar que los budistas reciben peor trato en los medios de comunicación que los musulmanes).

Dzongsar termina asestando un último golpe; este, dirigido a los «intelectuales liberales» (hola): «En una era en la que los puntos de vista erróneos y los actos homicidas no solo predominan, sino que son celebrados e incluso justificados por respetados intelectuales liberales, hemos de redoblar nuestros esfuerzos por estudiar la visión auténtica del Dharma del Buda.»

Sí, eso es lo que los intelectuales liberales hacemos cuando no estamos corrompiendo a la juventud: festejamos actos homicidas. Suspiro.

Ah, y otra cosa que los intelectuales liberales son capaces de hacer es investigar los abusos que cometen las personas que tienen poder, incluidas las organizaciones budistas. Como informa Michaela Haas: «el problema es mucho mayor que Rigpa. Rob Hogendoorn está investigando actualmente denuncias de abusos formuladas contra los dirigentes varones de 19 de las 39 organizaciones budistas inscritas en el registro en Holanda.» Aquí encontrarán más información sobre el trabajo de Hogendoorn.

Conclusión sobre la visión pura

Podemos leer las 10.000 palabras del artículo de Dzongsar Khyentse Rinpoché de varias maneras. Quizá sea una defensa reactiva de un depredador sexual, con una mezcla de culpabilización de las víctimas y desviación de la atención a otros problemas. Pero quizá sea una forma hábil de conseguir que más gente examine detalladamente los abusos cometidos por Sogyal y hable de posibles abusos en otras partes. Quizá Dzongsar quiera realmente que se preste más atención a este tema y sus ataques contra los periodistas y los intelectuales liberales sean medios hábiles para hacernos reconsiderar este caso una vez más.

Al fin y al cabo, Dzongsar Khyentse ha hablado con apasionamiento y elocuencia sobre la necesidad de cambiar el desfasado sistema de los tulkus, y también de la razón por la que los budistas deben respetar la homosexualidad. Seguro que tiene una actitud despierta similar sobre los gurús que cometen abusos y que sus comentarios aparentemente estrafalarios antes citados no deban leerse en sentido literal.

 

Texto original en inglés: The merit of pointing out abuse in Buddhism: Dzongsar Khyentse Rinpoche.

[1] N. de la T.: En la página de la Wikipedia en inglés; en la página en español no hay ninguna sección al respecto.

[2] N. de la T. En la versión editada del 16 de agosto, incorrecto no está entrecomillado.

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El gurú y el estudiante en el vajrayana | Dzongsar Jamyang Khyentse

[traducción de la versión revisada del 16 de agosto de 2017]

He escrito lo que sigue para responder a varias peticiones, algunas de la prensa, de que expresara mi parecer acerca de la situación actual en la sanga de Rigpa en relación con la conducta de Sogyal Rinpoché.

No he respondido hasta ahora a ninguna de las preguntas que me ha hecho la prensa porque lo que quiero decir no se puede editar ni alterar en forma alguna. Por desgracia, los periodistas siempre recortan los textos y luego escogen los fragmentos que encajan con sus propias ideas preconcebidas. Si no me creen, dediquen cinco minutos a mirar la CNN, Fox News, Al Yazira, el New York Times, el diario The Guardian o Breitbart News Network. Enseguida verán la naturaleza de la «libertad de expresión» en nuestra sociedad moderna. Lamentablemente, la mayoría de las revistas y boletines «budistas» no son distintos.

Así que he aquí lo que quiero decir, sin cortes ni ediciones. Les ruego que hagan acopio de paciencia y lean todo desde el principio hasta el final; el texto está pensado para ser leído seguido, no en fragmentos.

En primer lugar, sin embargo, creo que debo señalar que lo que quiero decir se refiere a la relación entre un gurú y un estudiante específica del vajrayana. Puesto que esta clase de relación gurú-estudiante es un fenómeno del vajrayana, ojalá pudiera decir que si no son ustedes estudiantes del vajrayana no tienen por qué preocuparse de nada de lo que sigue,  pero no puedo. ¿Por qué? Porque, nos guste o no, el vajrayana está asociado al budismo y, por tanto, en el proceso de abordar una situación del vajrayana no puedo evitar hablar del budismo y su futuro.

Dicho esto, no me cabe duda de que los budistas theravadas y mahayanas que se hayan visto arrastrados a este debate público por mera asociación deben de estar tirándose de los pelos de frustración. Lo entiendo; si yo estuviera en su lugar, sentiría lo mismo.

Pero hay algo que todos debemos tener claro. Existe una clara diferencia entre la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana y su función —muy pública— como maestro budista y director de una organización no lucrativa. Los maestros del vajrayana no tienen por qué ser figuras públicas. Muchos ni siquiera son conocidos como maestros budistas; algunos maestros vajrayanas del pasado se ganaron la vida como prostitutas y pescadores. Pero a diferencia de la relación maestro-estudiante de otras tradiciones, en el vajrayana la conexión entre el gurú y el estudiante es a veces más personal y constante que la familiar.

Con mucha frecuencia sucede lo contrario con los maestros que exponen el budismo en términos más generales. Estos maestros suelen ser figuras públicas. En muchos casos, tienen numerosos seguidores, y tanto ellos como sus enseñanzas son ampliamente accesibles. A veces también están al frente de cierto número de monasterios o de organizaciones no lucrativas.

Así pues, «gurú vajrayana» y «maestro budista» son, en realidad, funciones totalmente distintas, incluso si las desempeña la misma persona. De lo que quiero hablar aquí es de la función del maestro del vajrayana en general, y de la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana en particular, no de la función de Sogyal Rinpoché como director espiritual de Rigpa y maestro budista público.

Esta distinción es importante porque muchos estudiantes budistas se preguntan cómo explicar este tipo de escándalo a sus amigos y seres queridos. ¿Cómo hablar de ello con tu hermana pequeña, que va a una escuela secundaria cristiana? ¿O con tu nuevo novio no budista, a quien quieres impresionar de verdad, pero que ya cree que tu afán por hacer todo lo que te pida el gurú es bastante raro? Así pues, esta es una cuestión que debería contemplarse y abordarse por separado, sobre todo dada la creciente atención mediática que sin duda recibirá la conducta de Sogyal Rinpoché.

Nada de lo que tengo que decir aquí sobre el vajrayana en concreto es fácil de explicar. De hecho, me preocupa un poco que pueda terminar dando pie a más preguntas que respuestas. Y también estoy seguro de que mis palabras se van a malinterpretar. Pero he decidido intentar escribir este texto de todos modos, porque hay muchos practicantes auténticos del vajrayana que tienen dificultades a la hora de ver la situación actual y que quizá deseen considerar las cuestiones que quiero plantear.

La relación gurú-discípulo

La Universidad de Nalanda de la India fue una de las universidades más antiguas del mundo. Fue en Nalanda donde, hace 1.400 años, los eruditos confirmaron que no existe el susodicho  átomo o «partícula más pequeña» o un dios con existencia inherente; y estos eruditos se habrían reído a gusto de las teorías actuales sobre el Big Bang y la democracia. Lo que quiero decir aquí es que en la Universidad de Nalanda no había absolutamente ningún margen para el sentimentalismo o la devoción ciega o la creencia ciega.

Naropa fue decano de esa gran universidad. Sus logros académicos eran notables, pero no le terminaban de satisfacer, así que renunció a su prestigioso cargo y partió en busca de un maestro cuya sabiduría trascendiera su propia gran erudición y todo lo que sabía. Finalmente conoció a Tilopa, un pescador, y ese encuentro fue el comienzo de un viaje lleno de incidentes y muy impredecible.

Entre muchas otras tareas inexplicables, Tilopa pidió a Naropa que pellizcara el trasero a una princesa en público y que robara sopa, como consecuencia de lo cual Naropa recibió una buena paliza. Pero Naropa —un escéptico con una formación sólida— hizo sin reservas todo lo que le pidió Tilopa sin hacer una sola pregunta. Su recompensa fue la enseñanza sobre el mahamudra, que Naropa transmitió a sus propios alumnos, que la transmitieron a su vez. A lo largo de los siglos, el linaje de las enseñanzas del mahamudra de Naropa continuó para liberar a innumerables seres humanos.

Quienes valoran el mahamudra no son estúpidos; tampoco son unos aduladores ni proclives al fanatismo. El linaje del mahamudra de Naropa se ha difundido por todas partes, y no solo a hippies sin trabajo, marginados, inadaptados sociales y rebeldes, sino a algunos de los mayores emperadores del mundo. Y la historia de cómo enseñó Tilopa a Naropa se cuenta una y otra vez, no como una especie de leyenda, sino como una enseñanza y un ejemplo: un ejemplo que la mayoría de los practicantes del vajrayana en ciernes anhelan imitar.

El linaje del mahamudra de Naropa continúa hasta la actualidad gracias a grandes mercaderes del mahamudra procedentes de Extremo Oriente, como Chogyam Trungpa Rinpoché, que incluso lo llevó al salvaje oeste de Estados Unidos.

Hace más de treinta años, Trungpa Rinpoché mandó a sus alumnos, entre los que había abogados y dentistas de éxito de Boulder (Colorado), que se trasladaran al lugar más tenebroso del planeta: Halifax (Nueva Escocia). Y lo hicieron. En la época moderna, este mandato es el equivalente a ordenar a Naropa que robara sopa. Lo asombroso es que, décadas después del fallecimiento de Trungpa Rinpoché, esos obedientes dentistas y abogados siguen viviendo en Halifax y han procedido a engendrar una tercera generación de practicantes.

Por cierto, si alguna vez se encuentran rodeados de algunos de estos practicantes, le hablarán de las glorias de Trungpa Rinpoché hasta dejarles sordos.

Este tipo de historia —desde la época de Naropa hasta Trungpa Rinpoché en el siglo XX— ilustra la relación gurú-discípulo de la que depende totalmente la transmisión del mahamudra.

¿Ha hecho Sogyal Rinpoché algo erróneo?

Hace poco, algunos alumnos de Sogyal Rinpoché, que también se consideran practicantes de la tradición del vajrayana, denunciaron que Sogyal Rinpoché consideraba que la conducta abusiva eran los «medios hábiles» o la «compasión airada» de la tradición de la «sabiduría loca».

Se describa como se describa el estilo de enseñanza de Sogyal Rinpoché, la clave aquí es que si sus alumnos habían recibido una iniciación del vajrayana, si en el momento en que la recibieron eran plenamente conscientes de que era una iniciación del vajrayana y si Sogyal Rinpoché se había asegurado de que se respetaban y cumplían todos los requisitos indispensables y necesarios, desde el punto de vista del vajrayana no hay nada erróneo en los actos posteriores de Sogyal Rinpoché (por cierto, la «iniciación» incluye la instrucción que señala, que es la máxima iniciación del vajrayana, conocida como el cuarto abhisheka).

Sinceramente, para un alumno de Sogyal Rinpoché que haya recibido conscientemente el abhisheka y que, por tanto, haya entrado en el camino del vajrayana, pensar en etiquetar los actos de Sogyal Rinpoché de «abusivos» o criticar a un maestro del vajrayana, incluso en privado, muchos menos públicamente y en letras impresas, o simplemente revelar que existen estos métodos, es una ruptura del samaya.

Esto no quiere decir, como se ha insinuado, que el tantra proporcione a los maestros una lista de formas en que pueden abusar de sus alumnos sexual, emocional y económicamente: no encontrarán esa lista en ninguno de los tantras. Al mismo tiempo, un gurú vajrayana utilizará todo lo que pueda para actuar en contra de, y cuestionar, el ego, el orgullo, el egocentrismo y la mente dualista de cada uno de sus alumnos, y bien podría terminar diciéndole a un hombre sexualmente voraz y calenturiento que se haga monje.

Lo siento, pero no podemos ignorar las normas al respecto. Cuando tanto el transmisor como el receptor de una iniciación del vajrayana son plenamente conscientes y comprenden con claridad lo que ha ocurrido, ambos deben aceptar que la visión y la práctica principales del camino del vajrayana es la percepción pura. No hay margen alguno para siquiera un atisbo de percepción impura.

Pero ¿qué es la «percepción pura»? En última instancia, según el vajrayana, la práctica de la percepción pura no significa solo ver al gurú como a un dios, o ni siquiera como una deidad tántrica. Aunque el vajrayana es famoso por incluir técnicas para visualizar no solo al gurú, sino a todos los seres de este planeta y del universo como una deidad, la clave de la percepción pura es ir totalmente más allá de la percepción dualista y realizar la unión de vacío y apariencia.

Dicho sin rodeos, la percepción pura es la forma más elevada de adiestramiento mental, en tibetano dag nang byang. Dag significa ‘puro’, nang significa ‘percepción’ y byang significa ‘adiestrarse o ‘acostumbrarse a’.

Entonces, ¿cómo funciona la percepción pura? Como estudiante del vajrayana, si miras a Sogyal Rinpoché y piensas que tiene sobrepeso, eso es una percepción impura. Para tratar de corregir tu percepción impura podrías entonces intentar visualizarlo con el cuerpo de Tom Cruise, pero eso sigue sin ser percepción pura. Uno de los innumerables métodos hábiles del vajrayana que se usan para deconstruir y desmantelar la percepción impura es visualizar a Sogyal Rinpoché con cabeza de caballo, mil brazos y cuatro piernas. Pero hay que trascender incluso esta técnica para realizar totalmente la percepción pura.

Básicamente, mientras la percepción del estudiante siga siendo impura, el gurú que ve será una proyección basada en su propia proyección impura, por lo que no puede ser más que imperfecta. La única forma en que podemos cambiar nuestra percepción impura y ver al gurú como un ser despierto es adiestrando nuestra mente, usando las prácticas de visualización que proporciona el camino del vajrayana.

Ninguna enseñanza del vajrayana ni ningún maestro cualificado del vajrayana esperaría nunca que las percepciones de los alumnos sean completamente puras desde el momento en que entran en el camino del vajrayana. Por eso las técnicas que aplicamos se llaman «adiestramiento»; e incluso la palabra adiestramiento implica que son inevitables  los errores. Pero hay una forma muy simple de comprobar tus progresos con esta práctica. En el vajrayana, se supone que no solo ves al gurú, sino que también te ves a ti mismo como una deidad. Así que, si después de que te hayan enseñado que eres una deidad, te saltas el almuerzo y tienes hambre, eso significa que tu adiestramiento no ha terminado. Solo estarás perfectamente adiestrado en la percepción pura cuando hayas realizado finalmente la unión de apariencia y vacío.

Por tanto, si un alumno de Sogyal Rinpoché lo viera debatiéndose para mantenerse a flote en medio de un lago y, basándose en su percepción impura, proyectara en él la idea de que parece que se está ahogando, probablemente no sería buena idea que ese alumno pensara: «Rinpoché es un ser despierto y debería ser capaz de caminar sobre el agua». Un pensamiento mucho mejor sería: «¡Esta es mi percepción impura! Rinpoché se manifiesta como un hombre que se está ahogando para que yo pueda acumular el mérito de rescatarlo.»

A medida que tu práctica mejora, tu percepción del gurú dejará de estar sujeta a, o limitada por, las causas, condiciones y efectos que antes te hacían creer que se estaba ahogando. Este es el momento de tu desarrollo espiritual en el que verás realmente al gurú exterior como al Buda y también podrás ver tu propio gurú interior.

Hasta entonces, cuando tu gurú presida una reunión de la junta directiva y sea evidente que no tiene ni idea sobre un asunto, como miembro prudente de esa junta no deberías vacilar en darle la información que necesita. Al mismo tiempo, como estudiante del vajrayana, debes recordarte con habilidad que solo te parece que el gurú no tiene ni idea debido a tu percepción impura y que, al aparentar que necesita tu ayuda, te está dando en realidad la oportunidad de acumular mérito.

Todos tenemos costumbres, y es la costumbre lo que hace inevitable la percepción impura. En el momento en que entramos en el camino del vajrayana, empezamos a romper «samayas»: nuestro compromiso de mantener la percepción pura. Por eso el camino del vajrayana da por sentado que todos los practicantes del vajrayana cometerán errores. El camino del practicante es entonces confesar, exponer y enmendar de inmediato cualquier percepción impura en el momento en que surja, y aspirar continuamente a cometer cada vez menos errores.

Esa es la finalidad de mantener los votos del samaya. De hecho, la práctica del vajrayana no se puede separar del mantenimiento del samaya. No existe un «vamos a mantener el samaya y luego practicamos».

En última instancia, una vez que trascendamos toda posibilidad de cometer errores o romper el samaya, el mero pensamiento de que hay algo que confesar o alguien que confiesa es una ruptura del samaya. En el Dharma del Buda, no solo en el vajrayana, la única forma de mantener todos los samayas es realizando plenamente una comprensión perfecta del shunyata.

Si una percepción impura —como criticar a nuestro gurú— es deliberada y consciente, y si luego continúa hasta convertirse en un debate público bien organizado y coreografiado sin margen para la enmienda o la corrección, constituye una ruptura total del samaya.

Una vez que se ha dado y se ha recibido una iniciación, ni el gurú ni el estudiante pueden seguir analizándose mutuamente: el gurú no puede analizar al estudiante y el estudiante no puede analizar al gurú. Tras haber dado a alguien una iniciación, no importa lo irritante, terco, neurótico o incluso delincuente que sea, el gurú debe aceptar a esa persona como su alumno y cuidarla como si fuera su propio hijo; más aún, en realidad. Sé que muchos de ustedes no quieren oírlo, pero esta es la visión del vajrayana y esto es lo que se enseña en todos los tantras.

Es un gran error especular sobre la posibilidad de continuar analizando y criticando al gurú tras haber recibido una iniciación importante; de hecho, es totalmente erróneo. No podemos modificar la visión fundamental del vajrayana solo porque no es apropiada para la mente de unos cuantos activistas liberales, puritanos, abrahámicos o individualistas.

Si consideras que esta visión no es apropiada para ti, pero aun así quieres seguir el camino del Buda, siempre puedes probar los caminos del mahayana y del sravakayana. Si ninguno de esos caminos te sirve —si te sientes incómodo con la ausencia no dual de una base sólida del budismo— podrías seguir una de las religiones abrahámicas. Estas son las religiones que siguen un camino claramente dual con una sólida base y dicen cosas como: «no comas cerdo, no comas pescado, y las mujeres deben llevar burka». Si la etiqueta «religión» es demasiado embarazosa para tu mente elitista y así llamada progresista, podrías probar con algún tipo de laicismo semi-ateo, revestido de ética moralista e inflado de superioridad moral liberal y dogmática. O podrías dejarte tragar a ciegas por la angustia existencial e indignarte después con quienes se deleitan en la esperanza.

Y aun así, puede que entre ustedes haya alguien que anhele las enseñanzas tántricas porque quiere alcanzar rápidamente todos los logros espirituales que pueda sin padecer ninguno de los sufrimientos, o porque sea el tipo de persona que tiene un fuerte sentido de sus derechos y al que le encanta saltarse las prácticas preliminares. O puede que seas muy listo y quieras seguir el camino más simple que obtenga los resultados más rápido, por lo que quizá trates de burlar el sistema con atajos para llegar más deprisa a las enseñanzas supremas del dzogchén y el mahamudra. O quizá seas uno de esos que se quejan amargamente cuando el gurú dice que no es el momento adecuado de dar esas enseñanzas y recurre entonces a un intenso chantaje emocional para conseguir lo que quiere. Si estás en cualquiera de estas categorías, lo que conseguirás será la relación gurú-discípulo de todo o nada. Lo siento, pero así es como es y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

No podemos cambiar la visión del vajrayana o inventar una versión «moderada» del budismo vajrayana solo para que sea apropiada para la mentalidad occidental del siglo XXI. Si lo hiciéramos, sería como decir que en esta época moderna deberíamos decir que ciertos fenómenos compuestos son permanentes y algunos fenómenos sí tienen existencia intrínseca… pero tampoco podemos hacer eso. La visión es fundamental en el Dharma del Buda y, por tanto, para el camino del vajrayana.

En el budismo, la idea general es que adiestramos nuestra mente para realizar la no dualidad. El tantra nos ofrece la forma más profunda de alcanzar esa no dualidad por medio de la práctica de la percepción pura, y en el vajrayana la esencia de esa práctica es mantener una percepción pura del gurú.

En última instancia, como practicantes del vajrayana, debemos aplicar la percepción pura a todos y a todo sin excepción, lo que significa que también debemos aplicarla a Donald Trump e incluso a Hitler. Pero solo lograremos una percepción pura de todos y de todo si primero podemos mantener una percepción pura de nuestro gurú. Si intentas conservar la opción de cuestionar, criticar y analizar; en otras palabras, si conservas algún tipo de percepción impura selectiva como un seguro que te permita cuestionar tu propio camino, ¿cómo vas a alcanzar el cese de la mente dualista? ¿Cómo vas a realizar el «sabor único»? ¿Cómo vas a realizar la unión del samsara y el nirvana?

Una de las prácticas fundamentales del budismo es la de trabajar con nuestras proyecciones. Es una práctica en la que se hace especial hincapié en el vajrayana. Sé que muchos de ustedes fruncirán el ceño y me acusarán de salirme por la tangente por decir esto, pero todas las cosas de las que los estudiantes críticos de Sogyal Rinpoché le acusan se basan en su proyección. Sé que es difícil de aceptar, sé que parece muy real, pero aun así es una proyección.

La conclusión aquí es: si tanto el estudiante como el gurú son conscientes de la teoría y la práctica del vajrayana, no veo nada erróneo en lo que Sogyal Rinpoché les hace después a sus así llamados alumnos de vajrayana, especialmente a los que llevan con él muchos años. Esos estudiantes entraron en el camino del vajrayana voluntariamente; es un viaje que han decidido hacer. Al menos, eso supongo.

¿Hay aspectos de este viaje contrarios a las leyes normalmente aceptadas? Posiblemente. ¿Contradicen la forma en que piensan habitualmente los seres humanos modernos del siglo XXI? Sí. Desde el punto de vista mundano, gran parte del vajrayana parece impensable, quizá incluso delictivo. Si Tilopa viviera hoy, hace tiempo que lo habrían encerrado. Piénsenlo: ¿qué país o cultura occidental presumiría en su gran literatura de Marpa dándole una paliza a Milarepa? Pero los tibetanos celebran esta historia, la consideran uno de los ejemplos más gloriosos de una auténtica relación gurú-discípulo.

También supongo que estos estudiantes críticos próximos a Sogyal Rinpoché no acudieron originalmente a él en busca de consejo sobre cómo alcanzar el éxito mundano o de una terapia, sino para averiguar cómo trascender este mundo ordinario; lo que conlleva necesariamente ir más allá de todo tipo de valores mundanos como la moral, el Estado de derecho, la rendición de cuentas, la transparencia, etc. No puedes dejar un pie firmemente apoyado en tus zonas de confort y ambiciones mundanas y luego esperar ser capaz de trascenderlas.

Esta es la precisa razón por la que se dice que el vajrayana es exclusivamente para discípulos de «facultades superiores», lo que, en este contexto, no tiene nada que ver con ser lo bastante listo como para recibir una beca Rhodes o graduarse en Stanford. Una persona de «facultades superiores» está totalmente hastiada de la dualidad del samsara y el nirvana, asqueada de las ideas de fundamentalismo y moderación, repelida por el anarquismo y la moralidad, y es firme y sincera en su devoción a la trascendencia de la dualidad. Y esa es la razón por la que se hacen tantas advertencias a los estudiantes antes de que reciban enseñanzas del vajrayana.

¿Fueron advertidos los alumnos de Sogyal Rinpoché? ¿Se sentaron las bases necesarias para entrar en el vajrayana?

Cualquier persona con un mínimo de sentido común sabe que las advertencias deben hacerse antes, no después, de algo. El deber del maestro del vajrayana es advertir a los estudiantes aspirantes reiteradamente y por adelantado de lo que implica para ellos. Los estudiantes deben ser advertidos de lo que están a punto de emprender; el panorama completo, no solo lo más destacable.

Si Sogyal Rinpoché hubiera hecho estas advertencias, si hubiera sentado las bases adecuadas enseñando los fundamentos del budismo, si se hubiera asegurado de que sus alumnos habían sentado una base sólida a través del estudio y la práctica, y si les hubiera hablado, antes de que recibieran iniciaciones y enseñanzas, de la naturaleza del camino del vajrayana y de las consecuencias que afrontarían si rompieran el samaya, lo más probable es que nunca habría  surgido la situación actual.

Pero sospecho que no fue eso lo que pasó. ¿En qué se basan mis sospechas? En parte en mi conocimiento de las costumbres de enseñanza de los tibetanos y también en lo poco que sé de los métodos de enseñanza de Sogyal Rinpoché.

En primer lugar, muchos maestros tibetanos siguen teniendo la costumbre de enseñar a no tibetanos como si fueran tibetanos. En el Tíbet, el vajrayana no se enseñaba tan en secreto como se hacía en la India, donde se subrayaba una y otra vez la necesidad de mantener un secreto absoluto sobre la naturaleza de las enseñanzas e incluso sobre la identidad del maestro. Incluso las iniciaciones se daban en secreto, a menudo en lugares inhóspitos como cementerios y cumbres de montañas. Esto es lo contrario de cómo los lamas tibetanos —que  se suelen sentar en tronos enormes ante miles de personas— dan iniciaciones.

En la India, nuestros predecesores tántricos ya estaban muy bien informados; Naropa, por ejemplo, sabía exactamente dónde se estaba metiendo. Eso no es lo que ha ocurrido en la mayor parte de la historia del budismo tibetano.

Resulta irónico que los estudiantes occidentales de hoy día estén tan ansiosos de imitar la forma tibetana de hacer las cosas: costumbres que, en general, no vale la pena conservar realmente. Dos milenios antes de que el Renacimiento europeo aportara al mundo moderno una nueva cultura de indagación e investigación, el Buda ya había señalado y subrayado lo vital que es el análisis en el descubrimiento de la naturaleza de la realidad. Más de dos milenios antes de la caída del autoritarismo en Occidente, el Buda enseñó: «Tú eres tu propio amo. Nadie más es tu amo». Ninguno de estos consejos se ha tomado nunca en serio en el Tíbet. No tomar en serio estas enseñanzas es una costumbre muy mala y, sin duda, no es algo de lo que sentirse orgulloso.

Los lamas tibetanos suelen usar rituales tántricos como parte de actos públicos locales, lo que significa que las iniciaciones del vajrayana se llevan a cabo junto con el ondear de banderas y el corte de cintas. Este uso del tantra era desconocido entre los predecesores budistas de los tibetanos de la India, donde no se veía ni un vestigio de transmisión o ritual del vajrayana sagrado ni antes ni durante ni después de su discreta ejecución. Los lamas tibetanos también alardean abiertamente de sus gurús, como si estuvieran descubriendo una placa conmemorativa. Pero me sorprendería muchísimo saber que Naropa dedicara esfuerzo alguno a labrarse su currículum o anunciara públicamente alguna vez que su gurú tántrico era Tilopa.

Se podrían dar iniciaciones y enseñanzas del vajrayana de forma abierta y pública en lugares donde los iniciados fueran totalmente devotos, analfabetos en su mayoría y no tuvieran ninguna formación académica ni la costumbre de analizar. Pero es difícil encontrar ese tipo de persona en un mundo lleno de sabelotodos. Así que hoy en día, cuando los lamas tibetanos aplican su costumbre de dar enseñanzas del vajrayana abiertamente a no tibetanos —sobre todo occidentales—, pero olvidan que están exponiendo estas disciplinas a personas que leen el New York Times, están preparadas para el pensamiento crítico y adiestradas para apreciar el análisis y la reflexión, y son aplaudidas por rebelarse contra la convención, ¿no es inevitable que todo se venga abajo?

En claro contraste con los rasgos que caracterizan a nuestros modernos estudiantes occidentales del Dharma, la mayoría de los discípulos tibetanos estaban obligados culturalmente a recibir iniciaciones y enseñanzas como parte de su vida tradicional. Muy pocos tibetanos se acercaron al vajrayana con idea de aplicar el debido y recomendado análisis, sino que se basaban en la devoción ciega.

Hasta hoy, muchos de los lamas tibetanos, no solo Sogyal Rinpoché, seguimos estrictamente nuestras costumbres tradicionales y por tanto dedicamos poco tiempo a hacer a los estudiantes las advertencias adecuadas y a sentar las necesarias bases antes de dar iniciaciones y enseñanzas.

Sé algo de Sogyal Rinpoché porque he visitado varios centros de Rigpa y soy testigo directo de cómo está organizado Rigpa. Para ser sincero, no he visto pruebas suficientes que me convenzan de que se hubieran dado las advertencias apropiadas o de que se hubieran sentado las bases adecuadas o de que se impartieran debidamente las enseñanzas fundamentales. En varias ocasiones me pareció que algunos de los estudiantes habían sido cristianos hasta quizá la víspera de asistir a las enseñanzas, y luego de pronto, veinticuatro horas después, estaban escuchando sobre la devoción al gurú, recibiendo instrucciones que señalan y practicando el yoga del gurú; era tan extremo como eso.

Si eso es lo que ha pasado —si no se hicieron las debidas advertencias ni se dio el adiestramiento básico antes de las enseñanzas del vajrayana—, Sogyal Rinpoché está aún más errado que sus alumnos críticos. ¿Por qué? Porque es su responsabilidad preparar el terreno con arreglo a las enseñanzas y prácticas básicas prescritas y arraigadas del vajrayana. No cabe duda de que la persona que tiene más conocimientos, poder y, por tanto, responsabilidad, es también más culpable cuando no se cumplen esas obligaciones.

La respuesta de los estudiantes occidentales

Pero hay cosas en todo esto que me dejan perplejo. Los estudiantes que critican a Sogyal Rinpoché parecen muy inteligentes. ¿Por qué, entonces, no fueron lo suficientemente listos como para examinar y analizar al maestro antes de comprometerse? ¿Cómo se dejaron llevar tan lejos por la experiencia de Rigpa, esos folletos satinados, bien elaborados y todo lo demás? Y realmente no entiendo por qué esperaron diez o incluso treinta años antes de decir algo. ¿Cómo es que no vieron todos estos problemas el primer o el segundo año de su relación con Sogyal Rinpoché?

Debo decir también que mi perplejidad está mezclada con comprensión, porque los seres humanos no solo estamos sometidos a nuestro intelecto, sino que somos agitados por nuestros sentimientos. Solo puedo especular, pero quizá estos estudiantes se sintieron conmovidos e incluso impresionados por todo lo que encontraron en Rigpa. Quizá los satinados folletos, el incienso, los tronos y las salmodias hicieron su efecto. Y, desde luego, Rigpa ha acogido a muchos lamas ilustres, muy respetados, incluso al más alto de todos, lo que debe de haber reforzado la veneración y el respeto que estos estudiantes sentían no solo por toda la tradición, sino por el propio Sogyal Rinpoché. Como consecuencia del inesperado estallido de sentimientos piadosos que experimentaron entonces, debe de haber quedado poco margen en su mente para seguir analizando, porque emocionalmente solo querían «empezar». Por lo que he visto en Rigpa, esto es lo que podría haber pasado.

Por desgracia, parece que el karma también desempeña un papel en todo esto, ¿verdad? Y ahora que he mencionado el karma, estoy seguro de que algunos de ustedes me acusarán de recurrir a otra salida por la tangente.

Sin embargo, la realidad es que interesarse por la brillante publicidad y la parafernalia tibetana, sentirse inspirado y conmovido por el exotismo tibetano y la especie tibetana en peligro de extinción y todo lo que nos viene a la cabeza, todo eso surge de las causas y condiciones que son la esencia del karma.

Así es como es y lo único que puedo hacer es animar a todos y cada uno de nosotros a acumular más buen karma para que no nos volvamos a ver en este tipo de situación en nuestras vidas. Los sentimientos son kármicos. Y me temo que esta situación no se resolverá hasta que se agote el karma.

Si un maestro y un estudiante del vajrayana se pelean, ¿cuáles son las consecuencias?

Si el maestro y el alumno han alcanzado una comprensión auténtica del camino que se está practicando y si se han sentado todas las bases necesarias y apropiadas y se ha transmitido una idea clara de las posibles consecuencias, pero el alumno sigue teniendo una visión errónea y actúa basándose en ella calumniando y criticando al maestro, entonces, según el tantra, ese alumno se enfrentará a unas consecuencias graves e inimaginables.

Pero lo mismo se aplica al maestro. De hecho, si el maestro no ha sentado las bases debidas, si el maestro se aprovecha de un estudiante física, emocional o económicamente, y si el maestro da enseñanzas tántricas del yoga más elevado a quienes no han establecido una base adecuada y, como consecuencia de ello, un estudiante inmaduro rompe los samayas básicos más fundamentales, el maestro sufrirá también consecuencias de enorme gravedad; unas consecuencias aún más serias y terribles que aquellas a las que hace frente el alumno.

Si se han sentado las bases adecuadas, pero las acciones del gurú —físicas, verbales, emocionales, etc.— no acercan al alumno ni un centímetro al despertar, y si las acciones del maestro están encaminadas a obtener un beneficio personal, sexo, dinero, poder o una gratificación egoísta, está claro que no sabe lo que está haciendo. Por tanto, no es, evidentemente, un gran maestro del vajrayana, menos aún un mahasiddha. Y por tanto experimentará consecuencias de enorme gravedad.

Cuando digo «consecuencias graves» no me refiero a la publicidad en las redes sociales o a que el escándalo destruya su imagen, ni siquiera a que sea detenido y encarcelado. ¡Eso no es nada! Las consecuencias para el maestro son mucho peores que la mera humillación mundana: terminaría en el infierno vajra. ¿Qué es el infierno vajra? No consiste simplemente en que los guardianes del infierno te hiervan en hierro fundido o te frían, algo que, en realidad, suena bastante cómodo en comparación. La característica insoportablemente terrible del infierno vajra es que, una vez allí, no oirás ni una palabra de las enseñanzas sobre causas y condiciones, la originación dependiente, el shunyata y todo lo demás durante eones y eones y eones. Puede que aparezcan y desaparezcan un millar de budas, pero en el infierno vajra no sabrás absolutamente nada de ellos ni de sus enseñanzas.

Si las acciones del maestro destruyen la imagen del Dharma del Buda o hacen perder el apetito del estudiante por el Dharma o si se quema irrevocablemente la semilla de inspiración que lleva a una sola persona a seguir el Dharma del Buda, las consecuencias son tan terribles que, de hecho, son inexpresables.

Pocas personas parecen saber lo difícil que es ser un estudiante del vajrayana, pero casi nadie sabe que es mucho más difícil ser un maestro del vajrayana. Creo que la lamentable ignorancia general sobre estas consecuencias es la razón por la que muchas personas se desviven por conseguir un empleo de gurú, incluso los laicistas no religiosos. Pero si se les da la oportunidad, estos así llamados gurús infligen exactamente los mismos abusos que la gente corriente. Si la gente supiera lo precario y peligroso que es en realidad el trabajo de gurú, dudo que nadie lo quisiera.

El mismo prestigio y todas las ventajas de las que aparentemente disfruta un gurú indican precisamente cuánto mayores son las oportunidades que tiene el gurú de engañar y ser engañado en comparación con el alumno. Como dijo Patrul Rinpoché en Las palabras de mi maestro perfecto, cuando un estudiante ofrece un solo céntimo o hace cualquier tipo de esfuerzo, por pequeño que sea, para mostrar respeto al maestro —levantándose cuando el maestro entra en la habitación o cediéndole el paso— hay consecuencias; y si el así llamado maestro del vajrayana no es un ser despierto, no está por encima de las deudas kármicas que crean estas ofrendas.

Por supuesto, lo ideal es que un maestro del vajrayana sea un ser despierto. Pero la realidad es que puede que muchos no lo sean, pero por razones que no tienen nada que ver con el beneficio personal, la fama y el poder, asumen esa función. Algunos lo hacen por necesidad. O cuando hay que preservar las enseñanzas o el linaje corre peligro de interrumpirse, aceptan la función de maestro del vajrayana por amor a las propias enseñanzas. Básicamente, si se encuentran en la situación de no tener más opción que transmitir estas preciosas enseñanzas, se convierten, con muchas reticencias, en maestros del vajrayana.

Así que un maestro que no es un ser despierto no debería hacerse ilusiones. Debe saber en su fuero interno que no es un ser despierto y nunca debería engañarse diciendo que lo es. Su alumno, sin embargo, tiene que ver a su maestro del vajrayana como a un ser despierto. Esa es la decisión que debe tomar. Pero ¿no contradice eso al Buda cuando dijo: «tú eres tu propio amo, nadie más es tu amo»? No, porque eres tú quien toma esa decisión.

No cabe duda de que un maestro del vajrayana no es un mahasiddha si le afecta el escándalo, tiene miedo de ser expuesto a la vergüenza pública y le aterroriza que lo metan en la cárcel. Tampoco es un mahasiddha si le preocupa perder discípulos. A un auténtico mahasiddha, como Marpa o Tilopa, no le importaría nada de eso, le daría igual que lo mandaran a la cárcel. Y sin duda, un mahasiddha nunca sentiría la necesidad de disculparse por ninguno de sus actos, porque todo lo que hace lo hace por compasión.

Por otra parte, si tu maestro del vajrayana no es un mahasiddha y no solo da palizas a sus propios alumnos sino a otras personas al azar en la calle, prefiere la mierda a la comida de gourmet, rompe en pedazos billetes de cien dólares, va por ahí con una maleta llena de balones de fútbol o de arena, le excita por igual una piedra que un hombre o una mujer atractivos, dice incoherencias y no te guía por un camino que tiene visión, meditación y acción, o una base, un camino y un fruto, entonces está sencillamente loco y su sitio es un manicomio.

Pero ¿qué pasa si un maestro del vajrayana no es ni un mahasidda ni está loco?, ¿qué debería hacer? Debería comportarse «con decencia».

Sea un ser despierto o no, un maestro del vajrayana habrá estudiado muchas enseñanzas y técnicas preciosas y profundas. Ahora que es maestro, puede enseñar lo que ha aprendido a alumnos sinceros y devotos. Sabe que usando estas enseñanzas y los métodos que le enseñaron sus maestros es muy posible que sus discípulos despierten antes que él. Así que tiene muy buenas razones para ser decente y no aprovecharse de quienes se lo han dado todo. Con independencia de lo que sus alumnos hayan sacrificado y ofrecido —dinero, tiempo, ofrendas, respeto, lo que sea—, debe usarlo para ayudarles. Si enciende una sola vela y la pone ante la estatua de un Buda con la aspiración auténtica de que sus alumnos alcancen el despertar, eso será suficiente.

Ser decente también significa que el maestro del vajrayana debe conocer los límites de sus alumnos: lo que pueden y lo que no pueden aceptar. Para ello solo tiene que usar su sentido común y preguntarse cuáles serían sus propios límites. Por ejemplo, ¿no lo habría hecho ni siquiera si se lo hubiera pedido su propio maestro del vajrayana? Si el maestro del vajrayana de Sogyal Rinpoché le hubiera pedido que fuera célibe, ¿lo habría hecho?

Obedecer siempre las órdenes del gurú es difícil. Por suerte, ninguno de mis maestros del vajrayana me pidió nunca que hiciera algo que me hubiera sido imposible intentar; estoy seguro de que sabían que carecía de la capacidad para hacer absolutamente todo lo que me ordenaran.

Como mínimo, un maestro del vajrayana que no haya alcanzado el despertar debe tener en cuenta siempre las consecuencias de sus actos. En concreto, debería preguntarse si sus actos podrían alejar a la gente del Dharma del Buda en general y del vajrayana en particular. Y un maestro del vajrayana no despierto pero decente debe siempre recordarse a sí mismo la diferencia entre la audacia de la «sabiduría loca» y la estupidez de «nunca me van a atrapar».

Problemas de traducción: malinterpretar los códigos culturales

Desde mi propio y limitado punto de vista, y tras la experiencia de tener amigos occidentales desde hace varias décadas, diría que solo un lama ha comprendido realmente la cultura occidental y ha actuado adecuadamente basándose en ello: Chogyam Trungpa Rinpoché.

La mayoría de los lamas tibetanos, como ya he dicho, enseñan a los no tibetanos exactamente igual que a los tibetanos. En el proceso, intentan hacer lo imposible para transformar a sus alumnos occidentales en tibetanos. Lo crean o no, he conocido a gente que cree realmente que la única forma de estudiar y practicar el Dharma es aprendiendo tibetano, recitando al estilo tibetano, diciendo plegarias en tibetano e incluso vistiendo la ropa tradicional tibetana.

También he observado que los lamas tibetanos dedican mucho tiempo a enseñar a sus alumnos tradiciones tibetanas que no tienen nada que ver en absoluto con el Dharma. No me sorprendería si, al hacerlo así, algunos lamas hayan inducido a sus alumnos occidentales a creer que solo se puede alcanzar el despertar como tibetano.

Para transmitir y enseñar el Dharma del Buda en general y el vajrayana en particular a no tibetanos, es muy importante que haya la debida comprensión cultural entre maestro y alumno que permita que se transmita el Dharma auténtico de forma adecuada y precisa. Esto es realmente difícil, pero absolutamente necesario.

La cultura, al fin y al cabo, es una costumbre, y las costumbres son la manifestación fundamental de la ignorancia. Por tanto, es totalmente injusto culpar al sistema del vajrayana cuando lamas y estudiantes no siguen los procedimientos del vajrayana porque prefieren basarse en sus premisas culturales y sus costumbres; algo que, me temo, les gusta hacer a la mayoría de los lamas.

El propio sistema del vajrayana establece todos los procedimientos necesarios con mucha claridad. Casi todas las iniciaciones principales —incluso la primera de las cuatro iniciaciones habituales— van precedidas de al menos seis advertencias. Estas advertencias incluyen que el lama muestre el vajra, dé el agua del juramento, etc. Pero ¿cuántos lamas hacemos realmente hincapié en estas advertencias?

Cuando los lamas tibetanos dan iniciaciones a tibetanos y butaneses, la mayoría de los receptores no tiene ni idea de lo que está pasando y a muy pocos les interesa siquiera saberlo. En general, los lamas tibetanos dan por supuesto que los estudiantes occidentales tienen la misma actitud. Estos lamas a veces dan iniciaciones a miles de estudiantes a la vez, pero con demasiada frecuencia estos no saben lo que han recibido, mucho menos qué significa el ritual, porque las advertencias del vajrayana se han leído en voz alta sin más y no se han explicado.

Para ser justo, los estudiantes occidentales deben asumir también cierta responsabilidad, pues a veces están más interesados en parecer tibetanos y hablar como ellos que en practicar realmente el Dharma. Si son tibetólogos, activistas que aspiran a ser los salvadores de la cultura tibetana, ese es el camino; y supongo que algún beneficio se derivaría de ello.

Pero aquí estamos hablando del Dharma del Buda, y el Dharma del Buda va mucho más allá de la «cultura» y del «país». Así que si están interesados en alcanzar lo que se conoce como despertar, si quieren estar «despiertos» y ser liberados de todas las impurezas y de los efectos de las impurezas, es evidente que tienen que ir totalmente más allá de la cultura, incluso de las culturas que comen curry, mastican tsampa y toman café.

Hay que distinguir claramente el Dharma y la cultura si queremos resolver alguna vez las confusiones actuales que, como he dicho, probablemente continuarán durante un tiempo. Viendo la siguiente generación de lamas y cómo se están manifestando actualmente, debo decir que no veo ni un atisbo de conciencia sobre este problema en ninguno de ellos.

Me han contado que Chogyam Trungpa Rinpoché ordenó a sus alumnos que hicieran la práctica de sentarse —shamatha— varios años. También les ordenó estudiar con detalle las enseñanzas del sravakayana y del mahayana, haciéndoles pasar por años de preparación antes de darles ninguna iniciación del vajrayana o instrucciones que señalan. Trungpa Rinpoché llegó incluso a crear el fenómeno Shambhala —el adiestramiento y la práctica sentada de Shambhala— para asegurarse de que sus alumnos estaban realmente bien preparados para el Dharma del Buda.

Todos los procedimientos preparatorios prescritos son importantes. Recuerden, Naropa ya era un erudito famoso y decano de la Universidad de Nalanda antes de intentar siquiera ir en busca de su gurú; en otras palabras, estaba totalmente preparado.

Advertencias directas que se han malinterpretado

Otro factor que se suma a la complejidad de la situación actual es que por muy familiarizados que estén los estudiantes con el consejo de que deben analizar y someter a prueba al gurú antes de convertirse en alumnos suyos —e incluso cuando reciben advertencias directas— ser humano conlleva en parte que hay cosas que sencillamente no queremos oír, sobre todo cuando nos ha alcanzado la flecha de la inspiración. Esto significa que, en la práctica, en las pocas ocasiones en que se hacen las advertencias debidas, mucha gente sencillamente no escucha. Algunos ni siquiera oyen las palabras de la advertencia. A  muchos seres humanos no nos es fácil adquirir la capacidad escuchar y oír de verdad.

Lamentablemente, advertir a la gente de un posible peligro o problema puede terminar en sí mismo causando más problemas aún. Hace poco fui muy franco con una joven que era nueva en el Dharma y le sugerí que se alejara de determinado joven lama por algunas cosas que yo sabía de él. Mi consejo fue sincero y desinteresado; no solo me preocupaba ella, sino también el joven rinpoché y el Dharma del Buda. Pero ella no siguió mi consejo; en realidad, lo entendió totalmente al revés. Para ella yo estaba siendo controlador, posesivo y celoso. Naturalmente, muchos jóvenes tienen un carácter rebelde y suelen hacer lo contrario de lo que les sugieres. Pero en este caso, repitió al joven lama todo lo que yo le había dicho confidencialmente, y el resultado fue que el lama y yo nos distanciamos, lo que fue muy desafortunado.

Algo parecido pasó cuando una estudiante se quejó ante mí de que su gurú le pedía constantemente que le comprara cosas: caros relojes Rolex, coches, antigüedades, etc. Cuando acudió a mí, ya le había comprado muchas cosas, pero ahora, dijo, no podía seguir haciéndolo porque también tenía obligaciones económicas para con su familia. Le respondí que, en general, si ella, como estudiante, quería realmente hacer ofrendas caras a su maestro, debía hacer todas las que pudiera, durante el tiempo que pudiera. Pero si sentía la más pequeña incomodidad con lo que estaba haciendo, debía expresar su inquietud directamente a su gurú y no a mí. Así que habló con su maestro. Lamentablemente, también le contó que fui yo quien le había dicho que se dirigiera directamente a él, y desde ese día, él y yo no hemos vuelto a hablarnos. Dar consejos puede ser peligroso.

¿Qué habría pasado si, hace años, hubiera advertido a los estudiantes de Rigpa que han escrito la carta en la que critican a Sogyal Rinpoché que examinaran y analizaran a su maestro cuidadosamente antes de hacerse alumnos suyos? ¿Me habrían escuchado? Lo dudo. En el peor de los casos, una advertencia abierta podría haber provocado malentendidos importantes y conflictos graves, algo que, como ser humano, desde luego quiero evitar. También recuerdo algunas reacciones muy defensivas de estudiantes de Rigpa después de una broma que hice sobre el exceso de parafernalia tibetana que había visto en los centros de Rigpa.

¿Pero qué habría pasado si hubiera hecho de abogado del diablo? ¿Qué habría pasado si no solo hubiera aconsejado a estos estudiantes que comprobaran y analizaran a su gurú, sino que hubiera ido más lejos y hubiera dicho: «Sogyal Rinpoché les ha presentado a muchos maestros del vajrayana verdaderamente grandes. ¿Por qué han decidido continuar con él en lugar de con uno de esos grandes maestros?»

¿Qué habría pasado si hubiera preguntado: «Además de lo que les dice el propio Sogyal Rinpoché, ¿qué prueba tienen de que ha recibido una formación completa y adecuada? Solo era un niño cuando recibió enseñanzas de Jamyang Khyentse Chökyi Lodrö, ¿sabían eso? ¿Sabían que solo tenía diez o doce años cuando Khyentse Chökyi Lodrö falleció? ¿Sabían que fue a una escuela católica de Kalimpong y luego a la Universidad de Delhi? Así que ¿cuándo hizo su formación?»?

¿Qué habría pasado si hubiera preguntado: «¿Ven tibetanos acudir en tropel a recibir enseñanzas de Sogyal Rinpoché? Los tibetanos son siempre muy corteses a la cara, pero ¿saben lo que piensan realmente? Quizá, a pesar de que saben que no ha recibido una buena formación, son corteses con Sogyal Rinpoché porque siguen la costumbre tibetana.»?

¿Qué habría pasado si hubiera hecho estas preguntas? ¿Me habría escuchado alguno de los estudiantes que ahora son tan críticos? No hablo aquí solamente de Sogyal Rinpoché. ¿Qué pasaría si hiciera esas preguntas sobre todos nuestros lamas, rinpochés y khenpos actuales?

El karma socava muy a menudo el análisis y evita las advertencias. Y, por supuesto, los vínculos kármicos y las deudas kármicas siempre se manifiestan, lo que incluye la continua malinterpretación de los códigos culturales. Por ejemplo, con independencia de lo que piensen los unos de los otros, los tibetanos siempre son corteses en público entre ellos, lo que muchos occidentales malinterpretan como confirmación de un gran aprecio.

Los tibetanos y los butaneses —y yo mismo soy un híbrido tibetano-butanés— están minuciosamente adobados en miles de costumbres culturales. Debo admitir que la mayoría de las veces, cuando se trata de hablar franca y abiertamente de estos importantes asuntos, se interponen estas costumbres. La gente como yo piensa que siempre debe actuar con humildad y a menudo malinterpreta la diferencia entre ser humilde y no ser directo. Pero la costumbre de la humildad suele servir a su fin y, por ejemplo, puede prevenir que surjan discusiones innecesarias. Personalmente, yo seguiría optando por este enfoque, en parte por costumbre y en parte para no meterme en líos; y como seres humanos, la mayoría de nosotros tratamos por lo general de no meternos en líos si podemos.

Por supuesto, los lamas no suelen decir ciertas cosas abiertamente porque se ha informado mal de sus palabras, se las citado erróneamente y se han recortado y editado para que signifiquen algo totalmente distinto; se los ha tergiversado de muchas maneras y muy a menudo. Por tanto, puede resultar problemático poder decir lo que piensan realmente.

Básicamente, como ya he dicho, advertir a la gente sobre cómo elegir a su gurú es una de las cosas más difíciles que puede hacer un lama. Pero si nos abstenemos de advertir abiertamente a los estudiantes, ¿cómo se pueden evitar las consecuencias?

Otra época, otros retos

He recibido abhishekas de alrededor de treinta lamas, pero no puedo afirmar que los haya analizado adecuadamente a todos. Para ser del todo sincero, soy uno de esos tibetanos que en su mayoría pasan a las iniciaciones sin dedicar tiempo a examinar apenas al preceptor. Pero antes de decidir si recibía una iniciación o una enseñanza determinadas de un lama, sí recordaba normalmente de usar mi sentido común.

Un método que se puede usar para elegir de qué lamas recibir iniciaciones se parece mucho a la forma en que, por ejemplo, se averigua dónde comer buena pasta en Italia. Suponemos que los sitios donde comen los italianos serán bastante buenos, porque los italianos saben de pasta. Basándome en ese principio del sentido común, he evitado recibir enseñanzas de ciertos lamas.

Orgyen Tobgyal Rinpoché me dijo una vez que cuando Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché visitó por primera vez Francia, apenas asistió gente a sus enseñanzas, pero que en cuanto se supo que iba a enseñar Sogyal Rinpoché, todo el mundo fue a escucharle. Desde luego, entiendo por qué la gente acude en masa a escuchar a Sogyal Rinpoché: habla inglés y tiene sentido del humor, así que los estudiantes pueden identificarse con él, se sienten conectados. Los seres humanos tendemos realmente a escoger la accesibilidad cuando podemos, así que ese podría haber sido también un factor.

He de decir que ninguno de los gurús de los que he recibido iniciaciones y enseñanzas abusó nunca de mí económica, sexual, física o emocionalmente. Pero debo reconocer que yo también suponía que nunca harían algo así… lo que fue un error por mi parte. Una vez que decides tomar a un maestro como tu gurú, no debes hacer ninguna suposición sobre si te va a tratar bien o no, porque de lo que se trata es de tener el valor de entregarse por completo antes de embarcarte en el viaje del vajrayana, totalmente desconocido e impredecible. Y como estudiante del vajrayana, me gusta aspirar a mantener de verdad en vidas futuras la percepción pura de mi gurú y a tener la capacidad de hacer todo lo que me pida, sin preguntas.

Sin embargo, el método del sentido común para elegir a un gurú que he mencionado con el ejemplo de la pasta tiene sus limitaciones. Estoy bastante seguro de que muchas personas caen rendidas ante un gurú porque resulta que es alumno de un gran maestro o porque se ha mostrado en público acaramelado con muchos otros grandes gurús. Mi experiencia me ha enseñado que este enfoque no funciona siempre.

Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché veneraba y respetaba tanto a Jamyang Khyentse Chökyi Lodrö, Shechen Gyaltsab y Khandro Tsering Chödrön que, para él, cualquiera relacionado con ellos era también muy precioso, incluso sus perros. Yo no veía mucha grandeza en varias de las personas por las que Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché mostraba tanto afecto. Cuando le conté lo que me pasaba a mi tutor, este me respondió que Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché tenía una percepción perfectamente pura de todos y de todo, especialmente de quienes estaban relacionados con su propio gurú. Luego me regañó: «Esto es algo que tienes que aprender». Ahora me doy cuenta de lo inestimable que era ese consejo.

En síntesis, para quienes partimos en un viaje espiritual, juzgar a un gurú por su currículum y los ilustres maestros que conoce no siempre es un método fiable. De hecho, en este camino, la propia existencia de este tipo de currículos es sospechosa. Naropa no acudió a Tilopa porque este tuviera un gran currículum; por el contrario, tuvo que salir en su busca. Nadie conocía a Tilopa porque era un pescador corriente, por lo que el mero hecho de encontrarlo fue enormemente difícil.

Salvaguardias y contramedidas

No es fácil instituir salvaguardias y contramedidas en el mundo espiritual. Como dijo el propio Buda un par de milenios antes de que se reconociera en la Constitución estadounidense, ningún sistema es perfecto. Sin embargo, el budismo es un sistema, pero un sistema que en realidad no cree en los sistemas, y sus salvaguardias y contramedidas en última instancia son las causas y condiciones kármicas. El budismo también reconoce que solo un ser despierto puede saber si otra persona es perfecta o no.

Algunos de ustedes están tratando actualmente de hacer todo lo posible para garantizar que los lamas que incurren en conductas indebidas no queden impunes. Puede que su motivación sea buena: puede que quieran evitar a más personas inocentes el sufrimiento causado por ese tipo de mala conducta, y puede que no deseen que nadie más se aleje del Dharma por ello.

Mi impresión personal es que, en esta época, hay muy pocos seres humanos en el mundo moralmente decentes, compasivos, buenos, atentos y sin corromper: la clase de persona por la que, al conocerla, sentimos instantáneamente respeto y reverencia. Y como la mentalidad de «cada uno a lo suyo» es más fuerte cada día, los pocos seres humanos decentes que quedan en este planeta desaparecen con rapidez. ¿Quizá exponer públicamente así las faltas de la gente, en las redes sociales y otros lugares, haga que otros tengan miedo de comportarse mal? Tal vez esto sea lo mejor que podemos hacer en esta época degenerada. Al menos algunos lamas, especialmente la generación más joven, están recibiendo el poderoso mensaje de que no pueden salir impunes de este tipo de comportamiento. Así que en una época en la que el poder y el prestigio son tan embriagadores que algunos lamas se consideran intocables y olvidan que se les podrían exigir cuentas, ¿quizá sea necesario? Pero en realidad no creo que la vergüenza pública o el castigo legal sea la respuesta, o que resuelvan verdaderamente todo el problema.

Mucha gente parece tan desencantada por la situación actual que cree que hemos llegado a un punto de inflexión que señala el principio del declive final y la desaparición del Dharma del Buda. Lamentablemente, puede que algunos estudiantes estén tan desencantados que, para ellos, no hay vuelta atrás.

Me temo que no hay duda al respecto: el budismo está en declive en este mundo. Estoy seguro de que las reticencias que tiene la gente sobre los depositarios fundamentales del Dharma del Buda —como los rinpochés tibetanos que deberían tener un interés personal en la supervivencia del budismo— son una de las razones por las que tantos se sienten tan desalentados.

Aunque el budismo siempre ha tenido obstáculos externos —como las invasiones, la conversión forzosa del islam, la conversión ingeniosa del cristianismo, la asimilación condescendiente del hinduismo, etc.— su obstáculo principal es interno y se deriva de las actitudes sectarias. Hoy, la mayoría de nosotros apenas es consciente de esto, a pesar de que es la mayor de todas las amenazas que afronta el budismo.

Hay muchos factores que contribuyen a la degeneración del Dharma del Buda. Bajo la bandera de la objetividad racional frente a la superstición, y revestidos de un liberalismo supuestamente no dogmático, muchos de entre la élite budista europea y estadounidense promueven actualmente una versión del budismo que elimina por completo la reencarnación. Su campaña tiene el potencial de destruir el budismo con mucha más certeza que cualquiera de sus escándalos internos. Al fin y al cabo, el escándalo actual es sobre una sola persona, mientras que la tendencia perniciosa y aparentemente contagiosa de tergiversar el Dharma —que perpetran muchas más personas y afecta a muchas más— se difunde con tanta rapidez que es mucho más insidiosa y destructiva.

Además, hay un gran grupo de «respetables» maestros de estilo de vida que escogen algunas ideas budistas y las plagian sin ningún escrúpulo. Venden sus métodos como «mindfulness» y «ética laica», pero excluyen cuidadosamente cualquier término, expresión o jerga que suene  ni por lo más remoto religioso, so pretexto de hacer accesibles las ideas del Buda a la gente moderna. No tienen siquiera la decencia de reconocer al autor original de las ideas y prácticas  que difunden, y por el contrario, suelen tratar de insinuar o incluso afirman claramente que las han descubierto ellos mismos. Para mí eso es lisa y llanamente un robo. Yo creía que los occidentales, que tanto valoran las ideas sobre la propiedad intelectual y cuyos países aplican estrictas normas sobre los derechos de reproducción para proteger a autores e instituciones, se comportarían mejor.

Aún más peligrosos son los gurús autodidactas que usan el mindfulness y otras prácticas budistas para convertir la esencia del camino budista en técnicas para aumentar nuestro amor al samsara. Al hacerlo, destruyen por completo todo el propósito del Dharma del Buda, que es liberar del samsara a los seres que sufren. Si esta perversión de las enseñanzas del Buda no es diabólica —la encarnación del diablo, como dirían los cristianos—, ¿qué es?

En el otro extremo, el budismo también se está debilitando por la tendencia dominante en Sikkim, Nepal y Bután de preservar a cualquier precio lo que llaman «preciosa cultura» y «tradición ancestral». En el proceso de intentar embalsamar sus tradiciones están apropiándose en la práctica del budismo y lo están despojando de cualquier significado y pertinencia para esta era moderna.

La conducta indebida de Sogyal Rinpoché puede ser su perdición y, lamentablemente, podría ser la perdición de algunos de sus alumnos. Pero las demás tendencias, mucho más destructivas, dentro del Dharma del Buda tienen la capacidad de afectar a millones de personas y destruirán finalmente el budismo de un modo más completo que este escándalo de ahora. Francamente, son mucho más mortales que la aniquilación desatada contra el Dharma del Buda por la Revolución Cultural y otras fuerzas externas.

¿Y ahora qué?

La situación actual es difícil y lamentable, sin duda. Pero al mismo tiempo no es nada nuevo. En el curso de la historia del budismo han estallado muchos escándalos de este tipo y algunos fueron mucho peores. Creo que esta situación en concreto nos está dando a todos la oportunidad de mostrar nuestra resiliencia. También es nuestra ocasión para pensar en el panorama general del budismo y no en solo un pequeño rincón.

Para los seguidores del Buda, y en particular los estudiantes del vajrayana, y en especial los alumnos de Sogyal Rinpoché y quienes están planteando preguntas muy difíciles, creo firmemente que el debate actual sobre la conducta de los gurús tiene su origen en un deseo sincero de resolver las cosas y ayudar a la sanga de Rigpa y al mundo budista en general. Este es el aspecto positivo del tipo de cuestionamiento que estamos viendo hoy, y es un aspecto que realmente debemos reconocer y apreciar.

Nos guste o no, como miembros de la sanga budista en general, y específicamente como hermanos y hermanas vajra, hemos creado un vínculo entre nosotros mucho más importante que la familia. Pero en nuestras relaciones íntimas, los seres humanos sufrimos a menudo como consecuencia de la falta de comunicación. ¿Cuál es el antídoto de la falta de comunicación? ¡La comunicación! Por tanto, es el momento de abrir un espacio en el que pueda haber una comunicación auténtica y sincera. De hecho, ya he visto varias cartas y publicaciones en Internet de personas que están haciendo un gran esfuerzo por encontrar una buena solución.

Por encima de todo, sin embargo, debemos ver realmente el panorama general; esto es lo más importante. No debemos rechazar a la sanga de Rigpa ni a ninguno de sus miembros. También es vital recordar y reconocer todo lo bueno que Sogyal Rinpoché ha aportado a Europa y a Estados Unidos. El mero hecho de que presentara a tantas personas a maestros verdaderamente grandes es una contribución impagable al Dharma, porque esos extraordinarios maestros no solo eran auténticos maestros del Dharma, sino algunos de los seres vivos más grandes del siglo.

En definitiva, yo diría que Sogyal Rinpoché ha hecho mucho más bien que mal a este mundo y al Dharma del Buda. Debemos recordar esto. Resulta demasiado fácil ver este problema de ahora de una forma simplista y luego tomar partido y agruparse para atacar a los que opinan lo contrario, sobre todo cuando hay devoción de por medio.

Para mí, lo que ha pasado recientemente en la sanga de Rigpa ha aumentado de verdad mi aprecio por muchos de los estudiantes de Rigpa, a quienes algunos podrían etiquetar de aduladores ciegos. Conozco personalmente a muchos que son diligentes, buenos, están deseosos de aprender y a quienes les importa realmente la continuidad del Dharma del Buda y del linaje, algo excepcional en este mundo. Aquí y ahora, cualquier persona que intente practicar siquiera la percepción pura y mantener la devoción por su maestro y las enseñanzas es verdaderamente admirable. Es muy alentador ver a tantos practicantes occidentales de primera o segunda generación tan dedicados a la práctica budista. Aunque resulta tentador centrarse únicamente en el escándalo y la vergüenza, lo que deberíamos intentar realmente es verlo a través de una lente mucho mayor y más positiva. Por lo que yo veo, la mayoría de los estudiantes de Rigpa reconoce que hay algo increíblemente bueno en las enseñanzas que han escuchado y en su linaje. Y de todos los estudiantes occidentales del vajrayana que he conocido, los de Rigpa son algunos de los mejores y más humildes.

Los tibetanos deberían reconocer también que estos occidentales, a diferencia de los propios tibetanos, han nacido y crecido en países que carecían de cualquier tipo de influencia del Dharma. Pero muchos de estos estudiantes occidentales hacen todo lo posible por salir en busca de las enseñanzas budistas. Sin tener históricamente ninguna raíz budista y absolutamente ninguna cultura budista en su país de nacimiento, han intentado sin embargo hacer todo lo que los tibetanos, que han sido sus maestros, les han pedido. Se han esforzado siempre por hacer lo mejor. Muchos han hecho incluso cosas como convertir sus salas de estar en pequeños lugares de reunión donde la gente pueda practicar. Y la mayoría de ellos no son ricos; muchos apenas llegan a fin de mes.

En esta era fanática y extrema, cuando tantos están perdidos y buscan desesperadamente algún significado a su vida, la búsqueda del Dharma del Buda de estos occidentales es notable y merecedora de abundantes alabanzas. Así es sobre todo en una época en la que tantas personas en el mundo eligen voluntariamente seguir el más extremo de todos los caminos y visiones, que elogia infligirse daño a sí mismo y a los demás. Pero nuestra sociedad así llamada liberal, libre e intelectual se esfuerza por justificar este tipo de punto de vista y de acción tan extremos. Algunos incluso lo califican de «moderación», culpando de su violencia a unos pocos descarriados en lugar de reconocer que es la visión y el camino los que están equivocados.

Me atrevería a decir incluso que parece que hay una tendencia entre los liberales e intelectuales —todos los cuales se enorgullecen de ser objetivos y de amar la crítica— de encontrar defectos en cosas que son evidentemente buenas y encontrar bondades en cosas que son evidentemente muy malas. Como consecuencia, dedican un tiempo y una energía notables a ridiculizar un camino basado en el amor y la compasión, que carece prácticamente de antecedentes de violencia y que enseña la sabiduría más profunda de la originación dependiente. Y dedican aún más tiempo y energía a justificar un camino que alaba la violencia y el dualismo.

La conmoción actual causada por las críticas muy públicas a Sogyal Rinpoché es dolorosa para muchos practicantes budistas auténticos, sobre todo ahora que los medios de comunicación occidentales están aprovechándose con tanto entusiasmo de ella. Sospecho que a muchos liberales, ateos y gran parte de los medios occidentales les encantaría ver en titulares la noticia de un atacante suicida jainista, porque demostraría su argumento de que todas las religiones tienen un lado oscuro y albergan extremistas. Cómo no sentirse desalentados cuando el principal diario alemán, el Süddeutsche Zeitung, con más de un millón de lectores diarios, publica un artículo central sobre el escándalo de Sogyal Rinpoché en la sección de «Budismo», bajo el encabezamiento de «Abuso». Imaginen la indignación si la prensa occidental informase de todas las bombas y masacres musulmanas en la sección de «Islam».

Así que en esta era hipócrita, los seguidores del Buda deben ser más valientes y audaces que nunca. En un momento en el que apenas se apoya o alienta a quienes siguen un camino auténtico y en el que se siembra la duda a cada paso, es más importante que nunca que —como practicantes individuales y como sangas— no nos dejemos envolver por el escándalo y los conflictos entre facciones. En una era en la que los puntos de vista erróneos y los actos homicidas no solo predominan, sino que son celebrados e incluso justificados por respetados intelectuales liberales, hemos de redoblar nuestros esfuerzos por estudiar la visión auténtica del Dharma del Buda. Centrándonos en el panorama general y el futuro a largo plazo del budismo, la crisis actual podría ser una oportunidad perfecta para que todos renovemos, por el bien de todos los seres que sufren, nuestro compromiso y nuestra dedicación al estudio y la práctica del camino auténtico del Buda al despertar.

Texto original en inglés (en Facebook): Guru and Student in the Vajrayana.

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Trata a todos como al Buda | Yongey Mingyur Rinpoché

Como maestro budista, me preguntan a menudo sobre la meditación y principios budistas profundos, como la interdependencia y el vacío. Me alegra contar lo que sé sobre estos temas. Pero he observado que rara vez me preguntan sobre la ética y cómo vivir una vida virtuosa.

Es cierto que la meditación es importante en la tradición budista. Eso es indudable. Lo mismo cabe decir del estudio de las ideas y las filosofías budistas. Pero en muchos aspectos, la ética y la virtud son la base del camino budista.

El propio Buda vivió una vida de bondad, humildad y compasión. Fue la personificación plena de las enseñanzas que impartió, y la sanga que creció a su alrededor siguió su ejemplo. Hubo muchas ocasiones en las que los estudiantes se desviaron y actuaron de forma indebida —y a veces divertida—, pero estos incidentes se aprovecharon como oportunidades para aclarar valores importantes y mostrar a la comunidad cómo vivir una vida de virtud. Desde los primeros días del budismo, la conducta ética fue tan fundamental para el camino como la meditación, el estudio y la contemplación.

Hoy en día, solo me preguntan por la ética cuando surgen escándalos o controversias en comunidades budistas. A pesar de la clara importancia de la no violencia y de la compasión en la tradición budista, muchos estudiantes no están seguros de cómo abordar estas situaciones. Puedo entender por qué se sienten confundidos; hay muchos linajes y escuelas budistas, y es difícil estar al tanto de todas sus enseñanzas, prácticas y marcos éticos.

 ¿Cómo usamos estos principios para que nos orienten en cuestiones importantes como encontrar a un maestro auténtico y trabajar con las inevitables dificultades que surgen en la vida de una comunidad?

Esto es especialmente cierto en la tradición tibetana, en la que tenemos tres enfoques diferentes —que llamamos yanas o vehículos— entrelazados en un solo camino de práctica budista: el vehículo básico de la liberación individual, el vehículo mahayana de la gran compasión y el vehículo vajrayana del despertar indestructible. Esta combinación es uno de los aspectos únicos y bellos del budismo tibetano, pero no siempre hace las cosas sencillas.

La ética en el budismo tibetano

En el budismo tibetano practicamos los tres yanas juntos, y eso incluye la práctica de la ética. Permítanme que lo aclare.

El principio ético más básico en el yana de la liberación individual es la no violencia, el compromiso de evitar hacer daño a los demás a toda costa.

Cuando añadimos el mahayana, no olvidamos la no violencia, sino que damos un paso más con la práctica de la bodichita, el compromiso de ayudar a todos los seres a alcanzar el despertar completo.

Por último, el vajrayana aporta la noción de la percepción pura. Al practicar el vajrayana, seguimos firmemente enraizados en la no violencia y en la motivación altruista de la bodichita, pero adoptamos la visión del fruto. Tratamos a todos y todo como a la personificación del despertar. Nos comprometemos a vernos a nosotros mismos, a los demás y al mundo que nos rodea como algo fundamentalmente puro, completo y perfecto.

Este ideal de la percepción pura se materializa en el principio del samaya, los compromisos formales que adquiere el practicante del vajrayana. Hay muchos detalles sobre el samaya, pero en pocas palabras, la esencia del samaya es practicar la percepción pura lo mejor que podamos.

Mucha gente no entiende el samaya y cree que se refiere solo a ver al maestro como a un buda, un ser totalmente despierto. Eso es parte del samaya, pero falta el aspecto principal. El samaya es ver a todos y todo a través de la lente de la percepción pura. El único fin de ver al maestro como a un buda es poder ver esas mismas cualidades despiertas en nosotros mismos, en los demás y en el mundo que nos rodea. Es una herramienta que nos ayuda a adquirir confianza en la pureza de nuestra verdadera naturaleza.

La práctica del vajrayana está enraizada en los ideales de la no violencia y la gran compasión. No hay vajrayana sin ellos. Entonces, ¿cómo usamos estos principios para que nos orienten en cuestiones importantes como encontrar a un maestro auténtico y trabajar con las inevitables dificultades que surgen en la vida de una comunidad?

El sentido de la práctica

Lo primero que quiero señalar es probablemente algo evidente. Nuestra práctica debe sacar a la luz lo mejor de nosotros como seres humanos. Debería sacar nuestra sabiduría interior, nuestra cordura básica y la brújula moral que todos tenemos (le prestemos atención o no).

La forma más básica de medir nuestra práctica, por tanto, es el grado en que nos acercamos a los ideales sencillos de la bondad, la humildad, la sinceridad y la sabiduría. Si —como personas o como comunidades— nos encontramos yendo en la otra dirección, algo va mal. Ninguno de nosotros actuará perfectamente en todas las situaciones, pero con el tiempo debería haber un claro movimiento hacia estos valores humanos básicos y universales.

Esto es especialmente aplicable a los maestros espirituales. Los maestros budistas son ejemplos y guías de las comunidades que dirigen, y representan a la tradición budista ante el mundo no budista. Si, como estudiantes de las enseñanzas del Buda, nos esforzamos en ser buenos, humildes y entregados a la práctica, es lógico que nuestros guías deban personificar estas cualidades. Deberían inspirarnos con su bondad y su devoción. Deberían infundir confianza por el cuidado y el interés que muestran hacia los demás. Por supuesto, no deberíamos esperar la perfección, pero debería darse por supuesto que quienes guían a otros practiquen lo que predican.

Encontrar a un maestro auténtico

Cuando se trata de encontrar a un maestro auténtico, hay cuatro cosas especialmente importantes.

La primera es que el maestro debe pertenecer a un linaje auténtico. Los maestros auténticos no se promocionan: promocionan su linaje. Si un maestro presume de sus cualidades y de su realización, y alardea de su práctica, probablemente eso indica que algo no va bien. Pero si un maestro ha estudiado y practicado bajo la orientación de otros maestros respetados, y honra a su linaje manteniendo sus valores y tradiciones, eso es buena señal. El linaje por sí solo no hace auténtico a un maestro, pero es importante.

Un maestro auténtico es digno de confianza y pone en primer lugar las necesidades del alumno.

La segunda cualidad que hay que buscar es el compromiso con el estudio y la práctica. Esto es bastante obvio. No irías a clases de piano de alguien que no sea un buen pianista, ¿verdad? Por supuesto que no. Lo mismo es aplicable aquí. Si confías tu bienestar espiritual  a alguien, deberías estar seguro de que esa persona conoce el camino de primera mano. Y para ello debe tener un compromiso claro con su propia práctica y su propia formación.

La tercera cualidad esencial es la compasión. Como estudiantes, necesitamos confiar en que nuestro maestro está de nuestro lado: que lleva en el corazón nuestro máximo beneficio y que le importamos profundamente nosotros y nuestro progreso en el camino.

La confianza es aquí fundamental. Un maestro auténtico es digno de confianza y pone en primer lugar las necesidades del alumno. La señal de que un maestro tiene esta cualidad es que los alumnos se sienten a salvo y protegidos bajo su cuidado. Saben que, no importa lo que pase en su vida, su maestro siempre estará allí para guiarlos y apoyarlos.

La cuarta y última cualidad es la que tiene relación más directa con la ética. Un maestro auténtico debe mantener sus votos y preceptos. En la tradición tibetana, eso significa que mantiene los votos monásticos o laicos que haya tomado, respeta los votos de bodisatva del mahayana y guarda los votos del samaya del vajrayana.

Esto no es tarea fácil, pero es muy importante. Esta cualidad abarca muchísimos detalles, y como estudiantes no siempre sabemos los votos que tiene exactamente una persona. Pero podemos indagar y ver si hay dudas sobre la conducta de un maestro. Ese es un buen punto de partida.

Hoy en día no es fácil encontrar a un maestro perfecto. La época del Buda, cuando la gente parecía despertar presentándose sin más, hace mucho que pasó. Puede que no encontremos a un maestro que personifique a la perfección estas cuatro cualidades, pero debería tenerlas todas hasta cierto punto. Si un maestro carece totalmente de una o de varias de estas cualidades, probablemente lo mejor sea marcharse.

Dejar a un maestro

Estas cuatro cualidades son una guía general que seguir cuando se busca a un maestro. Pero incluso cuando hacemos todo lo posible para investigar primero a un maestro, a menudo solo llegamos a conocerlo después de convertirnos en alumnos suyos. En el mundo moderno, la mayoría no tenemos un monasterio o un experto en budismo en la esquina; no conocemos siempre todos los detalles sobre un maestro ni tenemos siquiera a quien preguntar. Entonces, ¿qué hacemos cuando descubrimos que un maestro no es exactamente lo que esperábamos?

Muchos estudiantes de budismo tibetano creen erróneamente que no pueden o no deben dejar a un maestro una vez que han adquirido un compromiso con él. Esto no es así. La razón de ser de la relación entre maestro y alumno es beneficiar al alumno. No es la ganancia o el provecho del maestro. Si después de haberlo intentado por todos los medios ves que no encajáis, puedes buscar otro maestro. Esto no es un problema ni un fracaso personal. Es tener buen criterio.

La mejor forma de marcharse es hacerlo sin hablar mal del maestro ni crear dificultades para quienes podrían beneficiarse de este y de la comunidad. Vete de forma amistosa o, como mínimo, no te vayas de malos modos. Márchate sin más, con humildad, y no te sientas mal por el hecho de que no funcionara.

La salvedad que añadiría aquí es que es importante ser sincero consigo mismo. Dejar a un maestro o una comunidad con los que no encajas es comprensible, pero si ves que ningún maestro merece tu tiempo, puede que quieras analizar con más detenimiento tus propios patrones para ver qué está pasando. Podría ser difícil avanzar en el camino si buscas la perfección.

Faltas graves de ética

Sin embargo, otra cosa muy diferente es cuando un maestro comete faltas graves de ética. Dejar a un maestro de forma amistosa tiene sentido cuando no se trata más que de una cuestión de encaje entre maestro y alumno. Cuando se está haciendo daño a personas o se están infringiendo leyes, la situación es diferente.

Si se está haciendo daño a alguien, la seguridad de la víctima es lo primero. Esto no es un principio budista. Esto es un valor humano básico y nunca debería violarse.

En ese caso, hay que abordar la violación de las normas éticas. Si ha habido malos tratos o abusos sexuales o hay irregularidades financieras u otras faltas de ética, el mejor interés de los estudiantes, la comunidad y, en última instancia, el maestro, es abordar los problemas. Por encima de todo, si se está haciendo daño a alguien, la seguridad de la víctima es lo primero. Esto no es un principio budista. Esto es un valor humano básico y nunca debería violarse.

La respuesta adecuada depende de la situación. En algunos casos, si un maestro ha actuado de forma impropia o dañina, pero reconoce el mal y se compromete a evitarlo en el futuro, puede que lo adecuado sea abordar el asunto de forma interna. Pero si hay un patrón prolongado de faltas de ética o si el abuso es extremo o si el maestro no está dispuesto a asumir la responsabilidad, lo adecuado es sacar a la luz la conducta.

En estas circunstancias, no es una vulneración del samaya sacar a la luz una información dolorosa. Mencionar conductas destructivas es un paso necesario para proteger a quienes están sufriendo daño o corren peligro de sufrirlo en el futuro, y para salvaguardar la salud de la comunidad.

Sabiduría loca

La tradición del vajrayana tiene una historia de yoguis y yoguinis y maestros excéntricos que usaron métodos extremos para guiar a sus alumnos. La historia de Marpa que pidió a Milarepa construir y desmantelar después una serie de torres de piedra es quizá el ejemplo más famoso. Esta tradición de «sabiduría loca» puede ser auténtica, pero desgraciadamente se invoca a menudo como una racionalización de una conducta poco ética que no tiene nada que ver con la sabiduría o la compasión.

Lo más importante que hay que saber sobre estos estilos de enseñanza poco habituales es que su intención es beneficiar al alumno. Si no están enraizados en la compasión y la sabiduría, no son auténticos. Las acciones enraizadas en la compasión y la sabiduría —incluso cuando parecen singulares, excéntricas o incluso airadas— no infunden miedo o ansiedad. Propician un florecimiento de la compasión y la sabiduría en el alumno.

Debemos distinguir a los maestros excéntricos o provocadores —pero compasivos y hábiles en última instancia— de quienes en realidad están haciendo daño a los alumnos y causando traumas.

Dicho de otro modo, los resultados de una «sabiduría loca» auténtica son siempre positivos y visibles. Cuando un maestro usa un método extremo enraizado en la compasión, el resultado es el crecimiento espiritual, no un trauma. El trauma es una señal segura de que la conducta de «sabiduría loca» carecía de la sabiduría de ver lo que beneficiaría realmente al alumno, de la compasión que pone en primer lugar el interés del alumno o de ambas.

También vale la pena señalar que estos estilos de enseñanza extremos que vemos en la historia del vajrayana se dieron en el contexto de un lazo espiritual muy maduro entre maestro y alumno. No eran en absoluto habituales. Marpa no hizo que todos sus alumnos construyeran torres de piedra. De hecho, trató al resto de sus alumnos de forma muy diferente a como trató a Milarepa. Pero vio el potencial de este y el método que más le beneficiaría. El resto es historia. Milarepa despertó y se convirtió en uno de los maestros más importantes del Tíbet.

No solo se utilizan estos métodos de enseñanza extremos únicamente con alumnos muy maduros y en el contexto de una relación de confianza y devoción estables, sino que también son un último recurso. Se dice que hay cuatro tipos de actividad despierta: pacífica, magnetizadora, enriquecedora y airada. La actividad airada solo se utiliza para quienes no son receptivos a métodos más sutiles. Así que, de nuevo, este estilo no es una norma, sino algo que solo se utiliza en ciertas circunstancias.

Por tanto, debemos distinguir a los maestros excéntricos o provocadores —pero compasivos y hábiles en última instancia— de quienes en realidad están haciendo daño a los alumnos y causando traumas. Son dos cosas muy diferentes y es importante no mezclarlas. Hay muchos maestros que presionan y provocan a los alumnos para ayudarlos a que aprendan sobre su mente, pero eso no es abuso. Los abusos físicos, sexuales y psicológicos no son herramientas educativas.

El vajrayana en el mundo moderno

Ahora que el mundo está tan interconectado, la ética es más importante que nunca. En cierto sentido, todos los practicantes budistas representamos las enseñanzas del Buda ante el mundo. Cualquiera puede saber de este maestro o de esa sanga con unos clics de ratón y una búsqueda rápida en Google. Esto es bueno, porque hace que toda la tradición sea más transparente. La conducta ética —y las faltas de ética— son más visibles que en épocas anteriores.

No hace falta decir que cuando se espera que las escuelas, las empresas y otras instituciones respeten un código de conducta y las leyes nacionales, las organizaciones espirituales deben ser ejemplo de conducta ética. Y más aún los maestros. A lo largo de la historia, una de las funciones más importantes de los maestros budistas y de la sanga budista era precisamente esta. Eran un ejemplo de conducta ética para las comunidades a las que servían.

Los tibetanos consideran el budismo vajrayana un tesoro precioso. Es nuestro legado espiritual y nuestro regalo al mundo. Ahora que las enseñanzas y prácticas de esta tradición se difunden en todo el mundo, es importante que comprendamos la tradición y cómo trabajar con estas poderosas enseñanzas.

Como he dicho, la base de la tradición vajrayana es que nos esforzamos por incorporar la percepción pura. Vemos nuestros pensamientos y emociones —incluso los difíciles— como manifestaciones de la consciencia atemporal. Vemos a todas las personas como a un buda y las tratamos como tales. Vemos el mundo en el que vivimos como un ámbito puro, despierto tal como es.

Esta tradición de tratar todo y a todos como si nos encontrásemos cara a cara con el Buda es nuestra práctica principal en el vajrayana. Es la savia vital de nuestra tradición y la norma ética más elevada a la que podríamos aspirar. Hoy en día, rodeados como estamos de confusión y conflictos, el mundo necesita esto más que nunca.

 

Texto original en inglés: Treat Everyone as the Buddha, publicado el 9 de agosto de 2017.

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Usen el sentido común: Khandro Rinpoché sobre los abusos sexuales cometidos por maestros budistas en la tradición budista tibetana

El libro Dakini Power – Twelve Extraordinary Women Shaping the Transmission of Tibetan Buddhism in the West, de la doctora Michaela Haas, ofrece unos consejos de Su Eminencia Jetsünma Khandro Rinpoché en relación con los abusos sexuales denunciados tanto por occidentales como por orientales dentro de la tradición budista tibetana. Creo que sus observaciones son muy útiles para el debate sobre este tema. Mientras que los occidentales tienden a señalar al perpetrador y sus actos, los orientales tienden a señalar a la víctima, recordándole que use el sentido común y no permita que otros ejerzan poder sobre ella. De este modo se la empodera para que actúe en lugar de ser pasiva y de permitir que otros se aprovechen de ella.

Ambos enfoques tienen ventajas e inconvenientes. Aunque cabría alegar que el maestro tiene más responsabilidad y más poder que el alumno, dada la dificultad de controlar la conducta ética de los maestros, podría ser más sensato empoderar al alumno para que rechace el acoso sexual y rechace por todos los medios que otros se aprovechen sexualmente de él. Desde luego, en el caso de una violación se debería acudir a la policía.

He aquí un extracto de las páginas 34 a 37 del libro, como tema de reflexión:

Refugio y violación

Aventurarse en Occidente también provocó un cambio de postura en el planteamiento feminista que tenía al principio Khandro Rinpoché. «No fue la discriminación respecto del hombre, sino la ingenuidad de la mujer lo que me chocó. ¿En qué medida somos nosotras responsables, vamos a estar tan impresionadas, a ser tan inseguras, indecisas, sentimentales como para desprendernos de toda lógica?»

Al viajar en Occidente, le sorprendió escuchar reiterados relatos de abusos sexuales. El punto de inflexión llegó mientras daba enseñanzas en Alemania, donde una mujer del público se echó a llorar. Cuando Khandro Rinpoché indagó, la mujer dijo que la había violado «un maestro budista». En una ceremonia de refugio, el maestro le había dicho que fuera más tarde a la piscina, sola, desnuda. «¿Fuiste?», preguntó Khandro Rinpoché. «Sí, fui», respondió la mujer. Al recordar la historia, Khandro Rinpoché mueve la cabeza y pregunta: «¿Qué pasa con el sentido común?»

Un impulso inicial podría ser culpar al maestro que tuvo la desfachatez de abusar del sagrado voto de refugio para aprovecharse de una alumna confiada e ingenua. Pero Khandro Rinpoché no toma el camino de la culpa. Nunca la he oído denunciar en público a los maestros varones que abusan de su posición haciendo insinuaciones sexuales a alumnas que los admiran. «Probablemente sabe que despotricar no sirve para cambiarlo», dice su alumna Rita Gross.

«Hablo de ello de un modo muy abierto con mis monjas y mis alumnos y alumnas occidentales —subraya Khandro Rinpoché—. Hay cuestiones que tenemos que abordar con sinceridad, directamente, al mismo tiempo que tenemos en cuenta las dos partes de la historia. A veces hay abuso, a veces hay un abuso del abuso. Expresar una gran postura al respecto es siempre muy engañoso, porque la gente podría malinterpretar el contexto. Oírla podría crear una confusión innecesaria que podría alejar a una persona del Dharma. Es un tema muy descorazonador.»

No hay atajos al despertar

Ahora estamos en aguas procelosas. La sexualidad es un tema precario que se malinterpreta con facilidad en el vajrayana. A diferencia de otras tradiciones budistas que toman el camino de la renuncia, menos arriesgado, el vajrayana incluye la sexualidad como un medio poderoso de transformar las neurosis. Naturalmente, esta actividad de riesgo conlleva un mayor peligro de que los charlatanes la utilicen como pretexto para satisfacer sus pasiones. Varias denuncias de abusos han sacudido a las comunidades budistas tanto en Oriente como en Occidente. Por lo general se exime de las normas convencionales del comportamiento adecuado a los maestros de alto rango que son considerados la personificación del esplendor del Buda, con lo que se aprueban incluso actos poco convencionales como si fueran obras iluminadas.

Entonces, en el contexto del vajrayana, ¿cómo definiría Khandro Rinpoché la conducta sexual impropia?

Su respuesta es inequívoca: «¡Estudien el Vinaya!» Aunque el Vinaya es tradicionalmente el códice para las personas ordenadas, Khandro Rinpoché insiste en que es un material de estudio crucial también para los laicos. «Contiene un código de conducta muy estricto y claro, lo que está permitido y lo que no está permitido. Si lo estudian, podrán determinar cuándo alguien está manipulando las enseñanzas y abusando de ellas, y entonces los estudiantes podrán hacer preguntas. Preguntar es muy bueno. Si no tiene sentido, ¡pregunten! Cuando nos encontramos ante una conducta ética descuidada tenemos que preguntar: ¿Por qué está pasando esto?»

Romper los votos monásticos constituye obviamente una infracción grave para los maestros ordenados, pero ¿cómo podemos definir la conducta sexual impropia para los maestros que no han tomado los votos?

«Todos los maestros ha tomado como mínimo los votos laicos y los votos de bodisatva —replica Khandro Rinpoché—. Aparte de la conducta impropia obvia de usar la fuerza, aprovecharse de su posición y de la ingenuidad de un estudiante es abuso y es muy doloroso de ver. Abuso es cuando hay fingimiento, ocultación o mentira. Fingir que alguien tiene más realización de la que tiene realmente e inducir así a engaño al estudiante es muy, muy dañino. No hay atajos al despertar —dice—, y cualquiera que ofrezca uno debe ser tratado con recelo.»

Aun así, indago una vez más, ¿cómo puede un estudiante, especialmente un principiante, juzgar si un maestro está realmente realizado o está solo fingiendo con carisma?

Khandro Rinpoché reconoce que «las enseñanzas budistas dan mucha libertad a cada persona, por lo que no podemos aplicar realmente una misma afirmación para todos; tenemos que analizar la situación». Se remite de nuevo al consejo de su padre. Cada vez que hablaba con él [S. S. Mindrolling Trichen Rinpoché, antiguo cabeza de la escuela ñingma del budismo tibetano] sobre el tema, «siempre decía: la solución es educación. Cuando se educa bien a la gente, se le dan las herramientas para que tomen sus propias decisiones.» Khandro Rinpoché ha adoptado este credo: «No hay nada que la educación no pueda cambiar.» El padre de Rinpoché también sugería que los centros de Dharma fueran pequeños para crear relaciones enraizadas profundamente en la confianza mutua. «Decía que cuando vas a lugares donde no conoces a las personas por su nombre, no puedes enseñarlas adecuadamente.»

 

Texto original en inglés: Use Common Sense: Khandro Rinpoche about Sexual Abuse by Buddhist Teachers in the Tibetan Buddhist Tradition.

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