Cómo el ‘mindfulness’ privatizó un problema social || Hettie O’Brien

En diciembre de 2008, mientras desahuciaba a los inquilinos de un enorme edificio de hormigón del sur de Londres, el ayuntamiento de Southwark llevó a cabo una notable hazaña de autocomplacencia. Aunque los residentes no lo sabían en aquel momento, todos los apartamentos de la urbanización que sustituyó al complejo de Heygate iban a ser vendidos a inversores extranjeros pese a las reiteradas promesas del ayuntamiento de que iba a construir nuevas viviendas sociales.

Reconociendo que la gente estaba «estresada», los concejales contrataron a coaches personales y «ministros espirituales» para que impartieran talleres que enseñasen a los residentes cómo progresar emocionalmente. La empresa que estaba tras el taller, Happiness Project, fue fundada por el psicólogo positivo británico Robert Holden, autor de Shift Happens!. El lema de la empresa era: «El éxito es un estado de ánimo, la felicidad es una forma de viajar, el amor es tu auténtico poder».

Que unas personas que estaban a punto de perder sus casas estuvieran estresadas no es sorprendente. El ayuntamiento animó a los residentes a mirar hacia adentro, hacia la química de sus cerebros, y al hacerlo asumió el papel de solución en lugar del de causa del problema. Su respuesta tipificaba la idea de «voluntarismo mágico» que el escritor Mark Fisher describió como «la creencia de que cada persona tiene el poder de ser lo que quiera ser».

La conexión entre estrés y economía está bien documentada. En su libro de 2009 Igualdad: Cómo las sociedades más igualitarias mejoran el bienestar colectivo, Kate Pickett y Richard Wilkinson identificaron una fuerte correlación entre la desigualdad y los informes de mala salud mental. En un informe publicado el mes pasado, Dainius Puras, relator especial de la ONU sobre el derecho a la salud, afirmó que afrontar la desigualdad sería un profiláctico más eficaz para la mala salud mental que el exceso de terapia o de medicación.

Pero los gobiernos suelen optar por tratamientos centrados en el individuo y no en las enfermedades sociales. «La mayoría no quiere pensar que sus políticas podrían estar contribuyendo a causar problemas en primer lugar», dice David Harper, psicólogo clínico de la Universidad del Este de Londres. En el Reino Unido, el Instituto Nacional para la Salud y la Excelencia Clínica (NICE, por sus siglas en inglés) recomienda la terapia cognitiva-conductual (TCC), un tratamiento centrado en crear conciencia de las emociones negativas y desarrollar estrategias de respuesta.

La obsesión por los síntomas de enfermedad mental en lugar de por sus causas sociales se debe a que no hay «un gran grupo de presión farmacéutico que apoye la prevención», dice Harper. Tratamientos como la TCC han resultado ser una vara rentable para arrear a las personas con enfermedades mentales fuera de las ayudas sociales. Como ministro de Economía y Finanzas, George Osborne introdujo la terapia para 40.000 beneficiarios de la prestación por desempleo dentro de un plan para volver al mercado laboral.

«Se ha creado una industria en torno al “sujeto estresado”», dice Ronald Purser, veterano budista y profesor de la Universidad Estatal de San Francisco. Su motivo de preocupación concreto es la comercialización del mindfulness («atención plena»), cuyo carácter original de práctica budista radical se ha perdido casi por completo. «El discurso dominante del “mindfulness” es que todo el estrés está en tu cabeza», dice. «No puedes separar al individuo del entorno. Somos seres sociales encarnados».

El mindfulness es la práctica psicológica de enfocar la atención en las experiencias del momento presente. La ofrece el Servicio Nacional de Salud, la recomienda el NICE y, al igual que la TCC, fomenta el desarrollo de estrategias de respuesta. En su nuevo libro McMindfulness, Purser apunta a la lucrativa industria del «mindfulness» que, en 2017, tenía un valor aproximado de 4,2 billones de dólares estadounidenses (3,4 billones de libras esterlinas). Más de 100.000 libros a la venta en Amazon contienen una variación de la palabra mindfulness en su título. El ejército estadounidense ofrece clases de entrenamiento en mindfulness. En 2007, Google lanzó un curso de mindfulness titulado «Busca dentro de ti», que se ha convertido en una entidad sin ánimo de lucro. «Allí es cuando empecé a desconfiar en serio», señala Purser.

El movimiento del mindfulness despegó en 1979, cuando uno de sus progenitores, Jon Kabat-Zinn, fundó una clínica de reducción del estrés en la Universidad de Massachusetts… el mismo año que Margaret Thatcher se convirtió en primera ministra y un año antes de que Ronald Reagan fuera elegido presidente de Estados Unidos. Purser dice que el mindfulness se ha convertido en el mecanismo de respuesta perfecto para el capitalismo neoliberal: privatiza el estrés y anima a la gente a localizar la causa de los dolencias mentales en su propia ética profesional. Como estrategia psicológica promueve una forma particular de revolución: una que tiene lugar dentro de la cabeza de unas personas obsesionadas con la transformación de sí mismas y no como lucha para superar el sufrimiento colectivo.

Es peligroso generalizar sobre la salud mental. Para algunas personas, las prácticas contemplativas podrían ser la clave para reducir el sufrimiento. Cuando le digo eso, Purser cita a la feminista estadounidense Audre Lorde, que escribió: «El autocuidado no es autoindulgencia, es autopreservación y un acto de guerra política». En McMindfulness alega que «reducir el sufrimiento es una meta noble y debería alentarse». Pero las terapias como el mindfulness, advierte, tal como se practican actualmente, perpetúan una forma de «optimismo cruel».

Nos dicen que el mindfulness es el camino a la felicidad y la seguridad, sean cual sean nuestras circunstancias, y que el éxito, como Happiness Project dijo piadosamente a los residentes de Heygate que habían perdido sus casas, no es más que «un estado de ánimo».

 

Texto original en inglés: How mindfulness privatised a social problem, publicado por NewStateman el 7 de julio de 2019.

Relacionado: La falsa revolución del mindfulness, McMindfulness es la nueva espiritualidad capitalista, de Ronald Purser. Traducción y corrección de Dokushô Villalba.

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3 respuestas a Cómo el ‘mindfulness’ privatizó un problema social || Hettie O’Brien

  1. egalliera dijo:

    Reblogueó esto en Psicología humanista & Atención plenay comentado:
    Ojalá no olvidemos nunca estar junto a nuestro prójimo y podamos ser fieles al propósito de actuar para erradicar el sufrimiento de un modo incondicional y auténtico.

  2. DiMas María dijo:

    Buen artículo. Comparto

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