Un católico y miembro de Shambhala reflexiona sobre los abusos en instituciones religiosas || Justin Whitaker

Este mes pregunté en mi blog de Patheos por qué la gente no puede abandonar sin más el budismo Shambhala.

Era una pregunta un poco retórica: poder, pueden y algunas personas se han marchado. Y quienes deciden quedarse lo harán por diversas razones. Pero para quienes lo vemos desde fuera, es una pregunta que surge cada vez que se demuestra que una organización es profundamente corrupta y abusiva.

Como respondí a alguien que dejó un comentario en mi blog en el que defendía la idea de quedarse en Shambhala:

Creo que la filiación religiosa a veces se parece mucho a las relaciones amorosas. Puede que muchos de los que estamos fuera veamos lo que pensamos que es claramente disfuncional y abusivo, pero convencer a la persona que está en la relación/el grupo religioso es otra cuestión totalmente diferente.

Podemos señalar los testimonios de abusos (si lees los tres informes y crees aunque sea la mitad de los relatos de primera mano, es bastante abrumador). Podemos señalar grupos paralelos como la Nueva Tradición Kadampa o Rigpa o incluso el movimiento Rajneesh o el Templo del Pueblo (aunque siempre serán diferentes en muchos sentidos) para mostrar que la gente sí encuentra beneficios en lo que desde fuera se clasificarán generalmente como grupos religiosos peligrosos. Y podemos esgrimir ejemplos de comunidades religiosas «buenas» bastante similares (¿?) a lo que consideramos grupo perjudicial, con la esperanza de que la gente vea que pueden marcharse y seguir teniendo unas bonitas prácticas y una comunidad.

Aquí es donde estoy ahora mismo respecto de Shambhala. Sigo estando fuera, pero tengo una buena formación en budismo tibetano y occidental. Yo sugeriría una cautela extrema a quienes estén interesados en entrar y pediría una profunda introspección a quienes estén en el grupo y estén pensando si se quedan o se van. Pero, al final, la decisión depende de cada uno.

El catolicismo es todo un tema de por sí. Yo fui educado como católico y aún me identifico en muchos aspectos como «culturalmente católico» aunque no sigo las doctrinas fundamentales de la Iglesia ni comulgo. Sin embargo, sí encuentro muchas cosas hermosas en las enseñanzas católicas y he llegado a apreciar muchas de ellas, especialmente las prácticas espirituales de los jesuitas.

Carl McColman, que escribe para los canales católico y contemplativo de Patheos, reflexiona sobre su camino tanto en el catolicismo como en el budismo Shambhala.

Claro que sé cómo elegir (dice él con tristeza).

Las dos organizaciones a las que he recurrido para recibir formación contemplativa en los últimos diez años —la Iglesia católica y el budismo Shambhala— han sido sacudidas por escándalos de abusos y encubrimiento.

Prosigue con una sensibilidad y una madurez que encuentro reconfortantes en este debate; y todo esto de alguien que ha decidido quedarse en ambas instituciones:

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los budistas Shambhala y católicos contemplativos son realmente personas de buen corazón que nos hemos afiliado a estas instituciones porque queremos apoyo en nuestro crecimiento espiritual. Pero creo que sería irresponsable no hacer la pregunta: «¿Debería abandonar esta institución deteriorada y tóxica?» Cada uno de nosotros tendrá que responder a esa pregunta individualmente. Algunas personas han recibido tanto daño (directa o indirectamente) de la institución que necesitan marcharse. Espero que estas personas encuentren la ayuda y la curación que merecen, sea la que sea.

Con esto coincido sin reservas. Prosigue, y creo que aquí es donde se muestra más profundo:

Puede que otras personas se sientan tan enfadadas, tan traicionadas o tan desoladas por las deficiencias de la organización que ya no sean capaces de relacionarse con ella si no es desde un lugar de profundo enfado, profundo duelo o profunda amargura. En esta situación, la relación es como un matrimonio que se ha vuelto tóxico (por la razón que sea). De nuevo, puede que necesiten marcharse. Pero si deciden quedarse, confío en que se queden por las razones correctas.

Un matrimonio tóxico necesita ser curado o darse por terminado, con suerte de un modo compasivo. Pero perseverar sin más en un matrimonio nocivo sin hacer el difícil trabajo de curarlo es como tomar un poco de veneno cada día: no es suficiente para matarte, pero sin duda te reduce la vida.

Esto nos lleva a esta pregunta: «¿Puedo quedarme en esta relación y trabajar para curarla?» Esa es, para mí, la única razón sensata por la que alguien querría seguir siendo católico o budista en Shambhala. Es decir: «He visto de primera mano lo bueno que hay en los ideales y las enseñanzas y la cultura de esta tradición. Desde luego, ahora sé cuánta toxicidad hay también. Estoy dispuesto a luchar por lo bueno, pero eso significa que tengo que luchar contra lo malo».

Y donde discrepo de él es en esta opción, matizada y meditada como es, de quedarse en las dos organizaciones contra la corriente de lo que llama «mentalidad derrotista»:

Mucha gente es escéptica con instituciones jerárquicas como la Iglesia católica o con organizaciones centralizadas como Shambhala. «Los laicos no tienen poder», dicen. «El cambio será demasiado poco y demasiado tarde». «No puedes deshacer problemas que se han gestado durante siglos».

Comprendo de dónde vienen esos pensamientos y no quiero restar importancia a los obstáculos para el cambio que existen actualmente. Pero no quiero ceder a la mentalidad derrotista. Este tipo de afirmaciones son, con razón, un desafío para quienes decidimos quedarnos en las organizaciones tóxicas.

De nuevo, el catolicismo no es mi especialidad ni mi tema de interés, pero creo que es realmente una religión en la que es más fácil quedarse precisamente porque es tan grande y diversa. Shambhala es bastante nueva y, por lo que me dicen, en los últimos años se ha desviado de hecho de sus raíces tibetanas históricas.

Continúa McColman:

Así es como yo lo veo. La Iglesia católica es como un edificio en llamas. La mayoría de la gente querrá, razonablemente, estar lo más lejos posible del peligro. Pero si todos nos marchamos, el edificio está sentenciado. Algunos tenemos que ser bomberos y trabajar para limitar los daños y apagar las llamas.

Es un trabajo peligroso. Para hacerlo hay que entrar en el edificio.

Toda esta analogía me resulta muy alarmante. ¿Desde cuándo es el edificio tan importante que hay personas que entran corriendo en él mientras se quema? Para mí, la religión es una institución construida para nosotros. Si se está quemando, lo mejor es salir. Especialmente si —por seguir con esta analogía— no somos bomberos entrenados y las personas que lo son —los líderes de cada institución— están arrojando activamente gasolina en el edificio.

Aquí creo que McColman es demasiado optimista. Sin embargo, aclara:

El «edificio» no es la iglesia institucional, sino la tradición de sabiduría. Eso es cierto tanto para el catolicismo como para el vajrayana. El edificio no es la jerarquía, sino la comunidad, por eso vale la pena salvarlo.

El causante del incendio no es Jesús ni el Evangelio. Ni la tradición contemplativa y mística.

El incendio ha sido causado por sistemas de poder tóxicos, ideas desfasadas sobre el género y la sexualidad, y una jerarquía que domina en lugar de servir. Eso es lo que los bomberos debemos trabajar para apagar.

Puedo estar de acuerdo con esto. Pero, de nuevo, en el caso de Shambhala, la tradición de sabiduría se basaba en el budismo tibetano y se puede acudir a muchos maestros budistas tibetanos, muchas mujeres entre ellos, que están libres (o al menos más libres) de las toxinas de Shambhala. Creo que lo que ha pasado en Shambhala es mucho peor que el patriarcado desbocado sin más.

McColman continúa sugiriendo algunos cambios radicales necesarios para el catolicismo. Dudo que veamos muchos de ellos en nuestra vida (y solo tengo 38 años). Pero son algunos pasos claros y fuertes.

Pero me doy cuenta de que no puedo quedarme en la iglesia y fingir que no estoy profundamente convencido de que toda nuestra estructura de gobierno debe cambiar.

Ante lo cual yo podría decir, con cierto sarcasmo: «la estructura cambió una vez, se llamó LUTERANISMO».

Ahora en serio: los protestantes llevan unos cuantos siglos demostrando que hay muchas puertas para salir de la jerarquía tóxica.

Tenemos que desmantelar el clericalismo en la Iglesia. Tenemos que renunciar a toda teología que insinúe siquiera una «diferencia ontológica» entre los miembros ordenados y los laicos. Necesitamos una rendición de cuentas y una transparencia totales, en toda la jerarquía de la organización. Necesitamos garantizar que nuestras enseñanzas sobre el género y la sexualidad son saludables y coherentes con todo el abanico del conocimiento humano. Necesitamos desmantelar el celibato obligatorio y las barreras que impiden que las mujeres puedan acceder a la ordenación como sacerdotes. Sobre todo, debemos erradicar la cultura de poder y privilegio que ha protegido a los autores de abusos y a quienes los permiten de tener que rendir cuentas.

Sí, sí y sí. Eso se llama ser cuáquero o universalista unitario. De nuevo, y eso podría tener una pizca de sarcasmo, pero no creo que, siendo realistas, se pueda pedir que la Iglesia católica se tome gran parte de esto en serio. Moverán un poquito aquí y allá, pero ¡desmantelar el clericalismo?»

Eso no va a pasar.

Y eso no es derrotista, creo yo. No es más que reconocer el impulso histórico y los intereses creados. De nuevo, miren Spotlight. Verán el poder del impulso y los intereses creados. Lean las respuestas de Shambhala International: impulso e intereses creados.

Dicho esto, aplaudo de verdad a quienes tienen la visión y la voluntad de oponerse a las estructuras tóxicas de estas instituciones desde dentro. Merecen nuestro apoyo incluso si no estamos de acuerdo con ellos en todo e incluso si pensamos que van a fracasar.

No se trata de los resultados, sino de ver cuál es la línea de acción correcta y seguirla. Para muchos de los que están dentro de la «casa en llamas» de un grupo religioso tóxico, la línea de acción correcta es quedarse.

 

Texto original en inglés: A Catholic / Shambhala Member Reflects on Institutional Religious Abuse

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