El gurú y el estudiante en el vajrayana | Dzongsar Jamyang Khyentse

[traducción de la versión revisada del 16 de agosto de 2017]

He escrito lo que sigue para responder a varias peticiones, algunas de la prensa, de que expresara mi parecer acerca de la situación actual en la sanga de Rigpa en relación con la conducta de Sogyal Rinpoché.

No he respondido hasta ahora a ninguna de las preguntas que me ha hecho la prensa porque lo que quiero decir no se puede editar ni alterar en forma alguna. Por desgracia, los periodistas siempre recortan los textos y luego escogen los fragmentos que encajan con sus propias ideas preconcebidas. Si no me creen, dediquen cinco minutos a mirar la CNN, Fox News, Al Yazira, el New York Times, el diario The Guardian o Breitbart News Network. Enseguida verán la naturaleza de la «libertad de expresión» en nuestra sociedad moderna. Lamentablemente, la mayoría de las revistas y boletines «budistas» no son distintos.

Así que he aquí lo que quiero decir, sin cortes ni ediciones. Les ruego que hagan acopio de paciencia y lean todo desde el principio hasta el final; el texto está pensado para ser leído seguido, no en fragmentos.

En primer lugar, sin embargo, creo que debo señalar que lo que quiero decir se refiere a la relación entre un gurú y un estudiante específica del vajrayana. Puesto que esta clase de relación gurú-estudiante es un fenómeno del vajrayana, ojalá pudiera decir que si no son ustedes estudiantes del vajrayana no tienen por qué preocuparse de nada de lo que sigue,  pero no puedo. ¿Por qué? Porque, nos guste o no, el vajrayana está asociado al budismo y, por tanto, en el proceso de abordar una situación del vajrayana no puedo evitar hablar del budismo y su futuro.

Dicho esto, no me cabe duda de que los budistas theravadas y mahayanas que se hayan visto arrastrados a este debate público por mera asociación deben de estar tirándose de los pelos de frustración. Lo entiendo; si yo estuviera en su lugar, sentiría lo mismo.

Pero hay algo que todos debemos tener claro. Existe una clara diferencia entre la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana y su función —muy pública— como maestro budista y director de una organización no lucrativa. Los maestros del vajrayana no tienen por qué ser figuras públicas. Muchos ni siquiera son conocidos como maestros budistas; algunos maestros vajrayanas del pasado se ganaron la vida como prostitutas y pescadores. Pero a diferencia de la relación maestro-estudiante de otras tradiciones, en el vajrayana la conexión entre el gurú y el estudiante es a veces más personal y constante que la familiar.

Con mucha frecuencia sucede lo contrario con los maestros que exponen el budismo en términos más generales. Estos maestros suelen ser figuras públicas. En muchos casos, tienen numerosos seguidores, y tanto ellos como sus enseñanzas son ampliamente accesibles. A veces también están al frente de cierto número de monasterios o de organizaciones no lucrativas.

Así pues, «gurú vajrayana» y «maestro budista» son, en realidad, funciones totalmente distintas, incluso si las desempeña la misma persona. De lo que quiero hablar aquí es de la función del maestro del vajrayana en general, y de la función de Sogyal Rinpoché como maestro del vajrayana en particular, no de la función de Sogyal Rinpoché como director espiritual de Rigpa y maestro budista público.

Esta distinción es importante porque muchos estudiantes budistas se preguntan cómo explicar este tipo de escándalo a sus amigos y seres queridos. ¿Cómo hablar de ello con tu hermana pequeña, que va a una escuela secundaria cristiana? ¿O con tu nuevo novio no budista, a quien quieres impresionar de verdad, pero que ya cree que tu afán por hacer todo lo que te pida el gurú es bastante raro? Así pues, esta es una cuestión que debería contemplarse y abordarse por separado, sobre todo dada la creciente atención mediática que sin duda recibirá la conducta de Sogyal Rinpoché.

Nada de lo que tengo que decir aquí sobre el vajrayana en concreto es fácil de explicar. De hecho, me preocupa un poco que pueda terminar dando pie a más preguntas que respuestas. Y también estoy seguro de que mis palabras se van a malinterpretar. Pero he decidido intentar escribir este texto de todos modos, porque hay muchos practicantes auténticos del vajrayana que tienen dificultades a la hora de ver la situación actual y que quizá deseen considerar las cuestiones que quiero plantear.

La relación gurú-discípulo

La Universidad de Nalanda de la India fue una de las universidades más antiguas del mundo. Fue en Nalanda donde, hace 1.400 años, los eruditos confirmaron que no existe el susodicho  átomo o «partícula más pequeña» o un dios con existencia inherente; y estos eruditos se habrían reído a gusto de las teorías actuales sobre el Big Bang y la democracia. Lo que quiero decir aquí es que en la Universidad de Nalanda no había absolutamente ningún margen para el sentimentalismo o la devoción ciega o la creencia ciega.

Naropa fue decano de esa gran universidad. Sus logros académicos eran notables, pero no le terminaban de satisfacer, así que renunció a su prestigioso cargo y partió en busca de un maestro cuya sabiduría trascendiera su propia gran erudición y todo lo que sabía. Finalmente conoció a Tilopa, un pescador, y ese encuentro fue el comienzo de un viaje lleno de incidentes y muy impredecible.

Entre muchas otras tareas inexplicables, Tilopa pidió a Naropa que pellizcara el trasero a una princesa en público y que robara sopa, como consecuencia de lo cual Naropa recibió una buena paliza. Pero Naropa —un escéptico con una formación sólida— hizo sin reservas todo lo que le pidió Tilopa sin hacer una sola pregunta. Su recompensa fue la enseñanza sobre el mahamudra, que Naropa transmitió a sus propios alumnos, que la transmitieron a su vez. A lo largo de los siglos, el linaje de las enseñanzas del mahamudra de Naropa continuó para liberar a innumerables seres humanos.

Quienes valoran el mahamudra no son estúpidos; tampoco son unos aduladores ni proclives al fanatismo. El linaje del mahamudra de Naropa se ha difundido por todas partes, y no solo a hippies sin trabajo, marginados, inadaptados sociales y rebeldes, sino a algunos de los mayores emperadores del mundo. Y la historia de cómo enseñó Tilopa a Naropa se cuenta una y otra vez, no como una especie de leyenda, sino como una enseñanza y un ejemplo: un ejemplo que la mayoría de los practicantes del vajrayana en ciernes anhelan imitar.

El linaje del mahamudra de Naropa continúa hasta la actualidad gracias a grandes mercaderes del mahamudra procedentes de Extremo Oriente, como Chogyam Trungpa Rinpoché, que incluso lo llevó al salvaje oeste de Estados Unidos.

Hace más de treinta años, Trungpa Rinpoché mandó a sus alumnos, entre los que había abogados y dentistas de éxito de Boulder (Colorado), que se trasladaran al lugar más tenebroso del planeta: Halifax (Nueva Escocia). Y lo hicieron. En la época moderna, este mandato es el equivalente a ordenar a Naropa que robara sopa. Lo asombroso es que, décadas después del fallecimiento de Trungpa Rinpoché, esos obedientes dentistas y abogados siguen viviendo en Halifax y han procedido a engendrar una tercera generación de practicantes.

Por cierto, si alguna vez se encuentran rodeados de algunos de estos practicantes, le hablarán de las glorias de Trungpa Rinpoché hasta dejarles sordos.

Este tipo de historia —desde la época de Naropa hasta Trungpa Rinpoché en el siglo XX— ilustra la relación gurú-discípulo de la que depende totalmente la transmisión del mahamudra.

¿Ha hecho Sogyal Rinpoché algo erróneo?

Hace poco, algunos alumnos de Sogyal Rinpoché, que también se consideran practicantes de la tradición del vajrayana, denunciaron que Sogyal Rinpoché consideraba que la conducta abusiva eran los «medios hábiles» o la «compasión airada» de la tradición de la «sabiduría loca».

Se describa como se describa el estilo de enseñanza de Sogyal Rinpoché, la clave aquí es que si sus alumnos habían recibido una iniciación del vajrayana, si en el momento en que la recibieron eran plenamente conscientes de que era una iniciación del vajrayana y si Sogyal Rinpoché se había asegurado de que se respetaban y cumplían todos los requisitos indispensables y necesarios, desde el punto de vista del vajrayana no hay nada erróneo en los actos posteriores de Sogyal Rinpoché (por cierto, la «iniciación» incluye la instrucción que señala, que es la máxima iniciación del vajrayana, conocida como el cuarto abhisheka).

Sinceramente, para un alumno de Sogyal Rinpoché que haya recibido conscientemente el abhisheka y que, por tanto, haya entrado en el camino del vajrayana, pensar en etiquetar los actos de Sogyal Rinpoché de «abusivos» o criticar a un maestro del vajrayana, incluso en privado, muchos menos públicamente y en letras impresas, o simplemente revelar que existen estos métodos, es una ruptura del samaya.

Esto no quiere decir, como se ha insinuado, que el tantra proporcione a los maestros una lista de formas en que pueden abusar de sus alumnos sexual, emocional y económicamente: no encontrarán esa lista en ninguno de los tantras. Al mismo tiempo, un gurú vajrayana utilizará todo lo que pueda para actuar en contra de, y cuestionar, el ego, el orgullo, el egocentrismo y la mente dualista de cada uno de sus alumnos, y bien podría terminar diciéndole a un hombre sexualmente voraz y calenturiento que se haga monje.

Lo siento, pero no podemos ignorar las normas al respecto. Cuando tanto el transmisor como el receptor de una iniciación del vajrayana son plenamente conscientes y comprenden con claridad lo que ha ocurrido, ambos deben aceptar que la visión y la práctica principales del camino del vajrayana es la percepción pura. No hay margen alguno para siquiera un atisbo de percepción impura.

Pero ¿qué es la «percepción pura»? En última instancia, según el vajrayana, la práctica de la percepción pura no significa solo ver al gurú como a un dios, o ni siquiera como una deidad tántrica. Aunque el vajrayana es famoso por incluir técnicas para visualizar no solo al gurú, sino a todos los seres de este planeta y del universo como una deidad, la clave de la percepción pura es ir totalmente más allá de la percepción dualista y realizar la unión de vacío y apariencia.

Dicho sin rodeos, la percepción pura es la forma más elevada de adiestramiento mental, en tibetano dag nang byang. Dag significa ‘puro’, nang significa ‘percepción’ y byang significa ‘adiestrarse o ‘acostumbrarse a’.

Entonces, ¿cómo funciona la percepción pura? Como estudiante del vajrayana, si miras a Sogyal Rinpoché y piensas que tiene sobrepeso, eso es una percepción impura. Para tratar de corregir tu percepción impura podrías entonces intentar visualizarlo con el cuerpo de Tom Cruise, pero eso sigue sin ser percepción pura. Uno de los innumerables métodos hábiles del vajrayana que se usan para deconstruir y desmantelar la percepción impura es visualizar a Sogyal Rinpoché con cabeza de caballo, mil brazos y cuatro piernas. Pero hay que trascender incluso esta técnica para realizar totalmente la percepción pura.

Básicamente, mientras la percepción del estudiante siga siendo impura, el gurú que ve será una proyección basada en su propia proyección impura, por lo que no puede ser más que imperfecta. La única forma en que podemos cambiar nuestra percepción impura y ver al gurú como un ser despierto es adiestrando nuestra mente, usando las prácticas de visualización que proporciona el camino del vajrayana.

Ninguna enseñanza del vajrayana ni ningún maestro cualificado del vajrayana esperaría nunca que las percepciones de los alumnos sean completamente puras desde el momento en que entran en el camino del vajrayana. Por eso las técnicas que aplicamos se llaman «adiestramiento»; e incluso la palabra adiestramiento implica que son inevitables  los errores. Pero hay una forma muy simple de comprobar tus progresos con esta práctica. En el vajrayana, se supone que no solo ves al gurú, sino que también te ves a ti mismo como una deidad. Así que, si después de que te hayan enseñado que eres una deidad, te saltas el almuerzo y tienes hambre, eso significa que tu adiestramiento no ha terminado. Solo estarás perfectamente adiestrado en la percepción pura cuando hayas realizado finalmente la unión de apariencia y vacío.

Por tanto, si un alumno de Sogyal Rinpoché lo viera debatiéndose para mantenerse a flote en medio de un lago y, basándose en su percepción impura, proyectara en él la idea de que parece que se está ahogando, probablemente no sería buena idea que ese alumno pensara: «Rinpoché es un ser despierto y debería ser capaz de caminar sobre el agua». Un pensamiento mucho mejor sería: «¡Esta es mi percepción impura! Rinpoché se manifiesta como un hombre que se está ahogando para que yo pueda acumular el mérito de rescatarlo.»

A medida que tu práctica mejora, tu percepción del gurú dejará de estar sujeta a, o limitada por, las causas, condiciones y efectos que antes te hacían creer que se estaba ahogando. Este es el momento de tu desarrollo espiritual en el que verás realmente al gurú exterior como al Buda y también podrás ver tu propio gurú interior.

Hasta entonces, cuando tu gurú presida una reunión de la junta directiva y sea evidente que no tiene ni idea sobre un asunto, como miembro prudente de esa junta no deberías vacilar en darle la información que necesita. Al mismo tiempo, como estudiante del vajrayana, debes recordarte con habilidad que solo te parece que el gurú no tiene ni idea debido a tu percepción impura y que, al aparentar que necesita tu ayuda, te está dando en realidad la oportunidad de acumular mérito.

Todos tenemos costumbres, y es la costumbre lo que hace inevitable la percepción impura. En el momento en que entramos en el camino del vajrayana, empezamos a romper «samayas»: nuestro compromiso de mantener la percepción pura. Por eso el camino del vajrayana da por sentado que todos los practicantes del vajrayana cometerán errores. El camino del practicante es entonces confesar, exponer y enmendar de inmediato cualquier percepción impura en el momento en que surja, y aspirar continuamente a cometer cada vez menos errores.

Esa es la finalidad de mantener los votos del samaya. De hecho, la práctica del vajrayana no se puede separar del mantenimiento del samaya. No existe un «vamos a mantener el samaya y luego practicamos».

En última instancia, una vez que trascendamos toda posibilidad de cometer errores o romper el samaya, el mero pensamiento de que hay algo que confesar o alguien que confiesa es una ruptura del samaya. En el Dharma del Buda, no solo en el vajrayana, la única forma de mantener todos los samayas es realizando plenamente una comprensión perfecta del shunyata.

Si una percepción impura —como criticar a nuestro gurú— es deliberada y consciente, y si luego continúa hasta convertirse en un debate público bien organizado y coreografiado sin margen para la enmienda o la corrección, constituye una ruptura total del samaya.

Una vez que se ha dado y se ha recibido una iniciación, ni el gurú ni el estudiante pueden seguir analizándose mutuamente: el gurú no puede analizar al estudiante y el estudiante no puede analizar al gurú. Tras haber dado a alguien una iniciación, no importa lo irritante, terco, neurótico o incluso delincuente que sea, el gurú debe aceptar a esa persona como su alumno y cuidarla como si fuera su propio hijo; más aún, en realidad. Sé que muchos de ustedes no quieren oírlo, pero esta es la visión del vajrayana y esto es lo que se enseña en todos los tantras.

Es un gran error especular sobre la posibilidad de continuar analizando y criticando al gurú tras haber recibido una iniciación importante; de hecho, es totalmente erróneo. No podemos modificar la visión fundamental del vajrayana solo porque no es apropiada para la mente de unos cuantos activistas liberales, puritanos, abrahámicos o individualistas.

Si consideras que esta visión no es apropiada para ti, pero aun así quieres seguir el camino del Buda, siempre puedes probar los caminos del mahayana y del sravakayana. Si ninguno de esos caminos te sirve —si te sientes incómodo con la ausencia no dual de una base sólida del budismo— podrías seguir una de las religiones abrahámicas. Estas son las religiones que siguen un camino claramente dual con una sólida base y dicen cosas como: «no comas cerdo, no comas pescado, y las mujeres deben llevar burka». Si la etiqueta «religión» es demasiado embarazosa para tu mente elitista y así llamada progresista, podrías probar con algún tipo de laicismo semi-ateo, revestido de ética moralista e inflado de superioridad moral liberal y dogmática. O podrías dejarte tragar a ciegas por la angustia existencial e indignarte después con quienes se deleitan en la esperanza.

Y aun así, puede que entre ustedes haya alguien que anhele las enseñanzas tántricas porque quiere alcanzar rápidamente todos los logros espirituales que pueda sin padecer ninguno de los sufrimientos, o porque sea el tipo de persona que tiene un fuerte sentido de sus derechos y al que le encanta saltarse las prácticas preliminares. O puede que seas muy listo y quieras seguir el camino más simple que obtenga los resultados más rápido, por lo que quizá trates de burlar el sistema con atajos para llegar más deprisa a las enseñanzas supremas del dzogchén y el mahamudra. O quizá seas uno de esos que se quejan amargamente cuando el gurú dice que no es el momento adecuado de dar esas enseñanzas y recurre entonces a un intenso chantaje emocional para conseguir lo que quiere. Si estás en cualquiera de estas categorías, lo que conseguirás será la relación gurú-discípulo de todo o nada. Lo siento, pero así es como es y no hay nada que yo pueda hacer al respecto.

No podemos cambiar la visión del vajrayana o inventar una versión «moderada» del budismo vajrayana solo para que sea apropiada para la mentalidad occidental del siglo XXI. Si lo hiciéramos, sería como decir que en esta época moderna deberíamos decir que ciertos fenómenos compuestos son permanentes y algunos fenómenos sí tienen existencia intrínseca… pero tampoco podemos hacer eso. La visión es fundamental en el Dharma del Buda y, por tanto, para el camino del vajrayana.

En el budismo, la idea general es que adiestramos nuestra mente para realizar la no dualidad. El tantra nos ofrece la forma más profunda de alcanzar esa no dualidad por medio de la práctica de la percepción pura, y en el vajrayana la esencia de esa práctica es mantener una percepción pura del gurú.

En última instancia, como practicantes del vajrayana, debemos aplicar la percepción pura a todos y a todo sin excepción, lo que significa que también debemos aplicarla a Donald Trump e incluso a Hitler. Pero solo lograremos una percepción pura de todos y de todo si primero podemos mantener una percepción pura de nuestro gurú. Si intentas conservar la opción de cuestionar, criticar y analizar; en otras palabras, si conservas algún tipo de percepción impura selectiva como un seguro que te permita cuestionar tu propio camino, ¿cómo vas a alcanzar el cese de la mente dualista? ¿Cómo vas a realizar el «sabor único»? ¿Cómo vas a realizar la unión del samsara y el nirvana?

Una de las prácticas fundamentales del budismo es la de trabajar con nuestras proyecciones. Es una práctica en la que se hace especial hincapié en el vajrayana. Sé que muchos de ustedes fruncirán el ceño y me acusarán de salirme por la tangente por decir esto, pero todas las cosas de las que los estudiantes críticos de Sogyal Rinpoché le acusan se basan en su proyección. Sé que es difícil de aceptar, sé que parece muy real, pero aun así es una proyección.

La conclusión aquí es: si tanto el estudiante como el gurú son conscientes de la teoría y la práctica del vajrayana, no veo nada erróneo en lo que Sogyal Rinpoché les hace después a sus así llamados alumnos de vajrayana, especialmente a los que llevan con él muchos años. Esos estudiantes entraron en el camino del vajrayana voluntariamente; es un viaje que han decidido hacer. Al menos, eso supongo.

¿Hay aspectos de este viaje contrarios a las leyes normalmente aceptadas? Posiblemente. ¿Contradicen la forma en que piensan habitualmente los seres humanos modernos del siglo XXI? Sí. Desde el punto de vista mundano, gran parte del vajrayana parece impensable, quizá incluso delictivo. Si Tilopa viviera hoy, hace tiempo que lo habrían encerrado. Piénsenlo: ¿qué país o cultura occidental presumiría en su gran literatura de Marpa dándole una paliza a Milarepa? Pero los tibetanos celebran esta historia, la consideran uno de los ejemplos más gloriosos de una auténtica relación gurú-discípulo.

También supongo que estos estudiantes críticos próximos a Sogyal Rinpoché no acudieron originalmente a él en busca de consejo sobre cómo alcanzar el éxito mundano o de una terapia, sino para averiguar cómo trascender este mundo ordinario; lo que conlleva necesariamente ir más allá de todo tipo de valores mundanos como la moral, el Estado de derecho, la rendición de cuentas, la transparencia, etc. No puedes dejar un pie firmemente apoyado en tus zonas de confort y ambiciones mundanas y luego esperar ser capaz de trascenderlas.

Esta es la precisa razón por la que se dice que el vajrayana es exclusivamente para discípulos de «facultades superiores», lo que, en este contexto, no tiene nada que ver con ser lo bastante listo como para recibir una beca Rhodes o graduarse en Stanford. Una persona de «facultades superiores» está totalmente hastiada de la dualidad del samsara y el nirvana, asqueada de las ideas de fundamentalismo y moderación, repelida por el anarquismo y la moralidad, y es firme y sincera en su devoción a la trascendencia de la dualidad. Y esa es la razón por la que se hacen tantas advertencias a los estudiantes antes de que reciban enseñanzas del vajrayana.

¿Fueron advertidos los alumnos de Sogyal Rinpoché? ¿Se sentaron las bases necesarias para entrar en el vajrayana?

Cualquier persona con un mínimo de sentido común sabe que las advertencias deben hacerse antes, no después, de algo. El deber del maestro del vajrayana es advertir a los estudiantes aspirantes reiteradamente y por adelantado de lo que implica para ellos. Los estudiantes deben ser advertidos de lo que están a punto de emprender; el panorama completo, no solo lo más destacable.

Si Sogyal Rinpoché hubiera hecho estas advertencias, si hubiera sentado las bases adecuadas enseñando los fundamentos del budismo, si se hubiera asegurado de que sus alumnos habían sentado una base sólida a través del estudio y la práctica, y si les hubiera hablado, antes de que recibieran iniciaciones y enseñanzas, de la naturaleza del camino del vajrayana y de las consecuencias que afrontarían si rompieran el samaya, lo más probable es que nunca habría  surgido la situación actual.

Pero sospecho que no fue eso lo que pasó. ¿En qué se basan mis sospechas? En parte en mi conocimiento de las costumbres de enseñanza de los tibetanos y también en lo poco que sé de los métodos de enseñanza de Sogyal Rinpoché.

En primer lugar, muchos maestros tibetanos siguen teniendo la costumbre de enseñar a no tibetanos como si fueran tibetanos. En el Tíbet, el vajrayana no se enseñaba tan en secreto como se hacía en la India, donde se subrayaba una y otra vez la necesidad de mantener un secreto absoluto sobre la naturaleza de las enseñanzas e incluso sobre la identidad del maestro. Incluso las iniciaciones se daban en secreto, a menudo en lugares inhóspitos como cementerios y cumbres de montañas. Esto es lo contrario de cómo los lamas tibetanos —que  se suelen sentar en tronos enormes ante miles de personas— dan iniciaciones.

En la India, nuestros predecesores tántricos ya estaban muy bien informados; Naropa, por ejemplo, sabía exactamente dónde se estaba metiendo. Eso no es lo que ha ocurrido en la mayor parte de la historia del budismo tibetano.

Resulta irónico que los estudiantes occidentales de hoy día estén tan ansiosos de imitar la forma tibetana de hacer las cosas: costumbres que, en general, no vale la pena conservar realmente. Dos milenios antes de que el Renacimiento europeo aportara al mundo moderno una nueva cultura de indagación e investigación, el Buda ya había señalado y subrayado lo vital que es el análisis en el descubrimiento de la naturaleza de la realidad. Más de dos milenios antes de la caída del autoritarismo en Occidente, el Buda enseñó: «Tú eres tu propio amo. Nadie más es tu amo». Ninguno de estos consejos se ha tomado nunca en serio en el Tíbet. No tomar en serio estas enseñanzas es una costumbre muy mala y, sin duda, no es algo de lo que sentirse orgulloso.

Los lamas tibetanos suelen usar rituales tántricos como parte de actos públicos locales, lo que significa que las iniciaciones del vajrayana se llevan a cabo junto con el ondear de banderas y el corte de cintas. Este uso del tantra era desconocido entre los predecesores budistas de los tibetanos de la India, donde no se veía ni un vestigio de transmisión o ritual del vajrayana sagrado ni antes ni durante ni después de su discreta ejecución. Los lamas tibetanos también alardean abiertamente de sus gurús, como si estuvieran descubriendo una placa conmemorativa. Pero me sorprendería muchísimo saber que Naropa dedicara esfuerzo alguno a labrarse su currículum o anunciara públicamente alguna vez que su gurú tántrico era Tilopa.

Se podrían dar iniciaciones y enseñanzas del vajrayana de forma abierta y pública en lugares donde los iniciados fueran totalmente devotos, analfabetos en su mayoría y no tuvieran ninguna formación académica ni la costumbre de analizar. Pero es difícil encontrar ese tipo de persona en un mundo lleno de sabelotodos. Así que hoy en día, cuando los lamas tibetanos aplican su costumbre de dar enseñanzas del vajrayana abiertamente a no tibetanos —sobre todo occidentales—, pero olvidan que están exponiendo estas disciplinas a personas que leen el New York Times, están preparadas para el pensamiento crítico y adiestradas para apreciar el análisis y la reflexión, y son aplaudidas por rebelarse contra la convención, ¿no es inevitable que todo se venga abajo?

En claro contraste con los rasgos que caracterizan a nuestros modernos estudiantes occidentales del Dharma, la mayoría de los discípulos tibetanos estaban obligados culturalmente a recibir iniciaciones y enseñanzas como parte de su vida tradicional. Muy pocos tibetanos se acercaron al vajrayana con idea de aplicar el debido y recomendado análisis, sino que se basaban en la devoción ciega.

Hasta hoy, muchos de los lamas tibetanos, no solo Sogyal Rinpoché, seguimos estrictamente nuestras costumbres tradicionales y por tanto dedicamos poco tiempo a hacer a los estudiantes las advertencias adecuadas y a sentar las necesarias bases antes de dar iniciaciones y enseñanzas.

Sé algo de Sogyal Rinpoché porque he visitado varios centros de Rigpa y soy testigo directo de cómo está organizado Rigpa. Para ser sincero, no he visto pruebas suficientes que me convenzan de que se hubieran dado las advertencias apropiadas o de que se hubieran sentado las bases adecuadas o de que se impartieran debidamente las enseñanzas fundamentales. En varias ocasiones me pareció que algunos de los estudiantes habían sido cristianos hasta quizá la víspera de asistir a las enseñanzas, y luego de pronto, veinticuatro horas después, estaban escuchando sobre la devoción al gurú, recibiendo instrucciones que señalan y practicando el yoga del gurú; era tan extremo como eso.

Si eso es lo que ha pasado —si no se hicieron las debidas advertencias ni se dio el adiestramiento básico antes de las enseñanzas del vajrayana—, Sogyal Rinpoché está aún más errado que sus alumnos críticos. ¿Por qué? Porque es su responsabilidad preparar el terreno con arreglo a las enseñanzas y prácticas básicas prescritas y arraigadas del vajrayana. No cabe duda de que la persona que tiene más conocimientos, poder y, por tanto, responsabilidad, es también más culpable cuando no se cumplen esas obligaciones.

La respuesta de los estudiantes occidentales

Pero hay cosas en todo esto que me dejan perplejo. Los estudiantes que critican a Sogyal Rinpoché parecen muy inteligentes. ¿Por qué, entonces, no fueron lo suficientemente listos como para examinar y analizar al maestro antes de comprometerse? ¿Cómo se dejaron llevar tan lejos por la experiencia de Rigpa, esos folletos satinados, bien elaborados y todo lo demás? Y realmente no entiendo por qué esperaron diez o incluso treinta años antes de decir algo. ¿Cómo es que no vieron todos estos problemas el primer o el segundo año de su relación con Sogyal Rinpoché?

Debo decir también que mi perplejidad está mezclada con comprensión, porque los seres humanos no solo estamos sometidos a nuestro intelecto, sino que somos agitados por nuestros sentimientos. Solo puedo especular, pero quizá estos estudiantes se sintieron conmovidos e incluso impresionados por todo lo que encontraron en Rigpa. Quizá los satinados folletos, el incienso, los tronos y las salmodias hicieron su efecto. Y, desde luego, Rigpa ha acogido a muchos lamas ilustres, muy respetados, incluso al más alto de todos, lo que debe de haber reforzado la veneración y el respeto que estos estudiantes sentían no solo por toda la tradición, sino por el propio Sogyal Rinpoché. Como consecuencia del inesperado estallido de sentimientos piadosos que experimentaron entonces, debe de haber quedado poco margen en su mente para seguir analizando, porque emocionalmente solo querían «empezar». Por lo que he visto en Rigpa, esto es lo que podría haber pasado.

Por desgracia, parece que el karma también desempeña un papel en todo esto, ¿verdad? Y ahora que he mencionado el karma, estoy seguro de que algunos de ustedes me acusarán de recurrir a otra salida por la tangente.

Sin embargo, la realidad es que interesarse por la brillante publicidad y la parafernalia tibetana, sentirse inspirado y conmovido por el exotismo tibetano y la especie tibetana en peligro de extinción y todo lo que nos viene a la cabeza, todo eso surge de las causas y condiciones que son la esencia del karma.

Así es como es y lo único que puedo hacer es animar a todos y cada uno de nosotros a acumular más buen karma para que no nos volvamos a ver en este tipo de situación en nuestras vidas. Los sentimientos son kármicos. Y me temo que esta situación no se resolverá hasta que se agote el karma.

Si un maestro y un estudiante del vajrayana se pelean, ¿cuáles son las consecuencias?

Si el maestro y el alumno han alcanzado una comprensión auténtica del camino que se está practicando y si se han sentado todas las bases necesarias y apropiadas y se ha transmitido una idea clara de las posibles consecuencias, pero el alumno sigue teniendo una visión errónea y actúa basándose en ella calumniando y criticando al maestro, entonces, según el tantra, ese alumno se enfrentará a unas consecuencias graves e inimaginables.

Pero lo mismo se aplica al maestro. De hecho, si el maestro no ha sentado las bases debidas, si el maestro se aprovecha de un estudiante física, emocional o económicamente, y si el maestro da enseñanzas tántricas del yoga más elevado a quienes no han establecido una base adecuada y, como consecuencia de ello, un estudiante inmaduro rompe los samayas básicos más fundamentales, el maestro sufrirá también consecuencias de enorme gravedad; unas consecuencias aún más serias y terribles que aquellas a las que hace frente el alumno.

Si se han sentado las bases adecuadas, pero las acciones del gurú —físicas, verbales, emocionales, etc.— no acercan al alumno ni un centímetro al despertar, y si las acciones del maestro están encaminadas a obtener un beneficio personal, sexo, dinero, poder o una gratificación egoísta, está claro que no sabe lo que está haciendo. Por tanto, no es, evidentemente, un gran maestro del vajrayana, menos aún un mahasiddha. Y por tanto experimentará consecuencias de enorme gravedad.

Cuando digo «consecuencias graves» no me refiero a la publicidad en las redes sociales o a que el escándalo destruya su imagen, ni siquiera a que sea detenido y encarcelado. ¡Eso no es nada! Las consecuencias para el maestro son mucho peores que la mera humillación mundana: terminaría en el infierno vajra. ¿Qué es el infierno vajra? No consiste simplemente en que los guardianes del infierno te hiervan en hierro fundido o te frían, algo que, en realidad, suena bastante cómodo en comparación. La característica insoportablemente terrible del infierno vajra es que, una vez allí, no oirás ni una palabra de las enseñanzas sobre causas y condiciones, la originación dependiente, el shunyata y todo lo demás durante eones y eones y eones. Puede que aparezcan y desaparezcan un millar de budas, pero en el infierno vajra no sabrás absolutamente nada de ellos ni de sus enseñanzas.

Si las acciones del maestro destruyen la imagen del Dharma del Buda o hacen perder el apetito del estudiante por el Dharma o si se quema irrevocablemente la semilla de inspiración que lleva a una sola persona a seguir el Dharma del Buda, las consecuencias son tan terribles que, de hecho, son inexpresables.

Pocas personas parecen saber lo difícil que es ser un estudiante del vajrayana, pero casi nadie sabe que es mucho más difícil ser un maestro del vajrayana. Creo que la lamentable ignorancia general sobre estas consecuencias es la razón por la que muchas personas se desviven por conseguir un empleo de gurú, incluso los laicistas no religiosos. Pero si se les da la oportunidad, estos así llamados gurús infligen exactamente los mismos abusos que la gente corriente. Si la gente supiera lo precario y peligroso que es en realidad el trabajo de gurú, dudo que nadie lo quisiera.

El mismo prestigio y todas las ventajas de las que aparentemente disfruta un gurú indican precisamente cuánto mayores son las oportunidades que tiene el gurú de engañar y ser engañado en comparación con el alumno. Como dijo Patrul Rinpoché en Las palabras de mi maestro perfecto, cuando un estudiante ofrece un solo céntimo o hace cualquier tipo de esfuerzo, por pequeño que sea, para mostrar respeto al maestro —levantándose cuando el maestro entra en la habitación o cediéndole el paso— hay consecuencias; y si el así llamado maestro del vajrayana no es un ser despierto, no está por encima de las deudas kármicas que crean estas ofrendas.

Por supuesto, lo ideal es que un maestro del vajrayana sea un ser despierto. Pero la realidad es que puede que muchos no lo sean, pero por razones que no tienen nada que ver con el beneficio personal, la fama y el poder, asumen esa función. Algunos lo hacen por necesidad. O cuando hay que preservar las enseñanzas o el linaje corre peligro de interrumpirse, aceptan la función de maestro del vajrayana por amor a las propias enseñanzas. Básicamente, si se encuentran en la situación de no tener más opción que transmitir estas preciosas enseñanzas, se convierten, con muchas reticencias, en maestros del vajrayana.

Así que un maestro que no es un ser despierto no debería hacerse ilusiones. Debe saber en su fuero interno que no es un ser despierto y nunca debería engañarse diciendo que lo es. Su alumno, sin embargo, tiene que ver a su maestro del vajrayana como a un ser despierto. Esa es la decisión que debe tomar. Pero ¿no contradice eso al Buda cuando dijo: «tú eres tu propio amo, nadie más es tu amo»? No, porque eres tú quien toma esa decisión.

No cabe duda de que un maestro del vajrayana no es un mahasiddha si le afecta el escándalo, tiene miedo de ser expuesto a la vergüenza pública y le aterroriza que lo metan en la cárcel. Tampoco es un mahasiddha si le preocupa perder discípulos. A un auténtico mahasiddha, como Marpa o Tilopa, no le importaría nada de eso, le daría igual que lo mandaran a la cárcel. Y sin duda, un mahasiddha nunca sentiría la necesidad de disculparse por ninguno de sus actos, porque todo lo que hace lo hace por compasión.

Por otra parte, si tu maestro del vajrayana no es un mahasiddha y no solo da palizas a sus propios alumnos sino a otras personas al azar en la calle, prefiere la mierda a la comida de gourmet, rompe en pedazos billetes de cien dólares, va por ahí con una maleta llena de balones de fútbol o de arena, le excita por igual una piedra que un hombre o una mujer atractivos, dice incoherencias y no te guía por un camino que tiene visión, meditación y acción, o una base, un camino y un fruto, entonces está sencillamente loco y su sitio es un manicomio.

Pero ¿qué pasa si un maestro del vajrayana no es ni un mahasidda ni está loco?, ¿qué debería hacer? Debería comportarse «con decencia».

Sea un ser despierto o no, un maestro del vajrayana habrá estudiado muchas enseñanzas y técnicas preciosas y profundas. Ahora que es maestro, puede enseñar lo que ha aprendido a alumnos sinceros y devotos. Sabe que usando estas enseñanzas y los métodos que le enseñaron sus maestros es muy posible que sus discípulos despierten antes que él. Así que tiene muy buenas razones para ser decente y no aprovecharse de quienes se lo han dado todo. Con independencia de lo que sus alumnos hayan sacrificado y ofrecido —dinero, tiempo, ofrendas, respeto, lo que sea—, debe usarlo para ayudarles. Si enciende una sola vela y la pone ante la estatua de un Buda con la aspiración auténtica de que sus alumnos alcancen el despertar, eso será suficiente.

Ser decente también significa que el maestro del vajrayana debe conocer los límites de sus alumnos: lo que pueden y lo que no pueden aceptar. Para ello solo tiene que usar su sentido común y preguntarse cuáles serían sus propios límites. Por ejemplo, ¿no lo habría hecho ni siquiera si se lo hubiera pedido su propio maestro del vajrayana? Si el maestro del vajrayana de Sogyal Rinpoché le hubiera pedido que fuera célibe, ¿lo habría hecho?

Obedecer siempre las órdenes del gurú es difícil. Por suerte, ninguno de mis maestros del vajrayana me pidió nunca que hiciera algo que me hubiera sido imposible intentar; estoy seguro de que sabían que carecía de la capacidad para hacer absolutamente todo lo que me ordenaran.

Como mínimo, un maestro del vajrayana que no haya alcanzado el despertar debe tener en cuenta siempre las consecuencias de sus actos. En concreto, debería preguntarse si sus actos podrían alejar a la gente del Dharma del Buda en general y del vajrayana en particular. Y un maestro del vajrayana no despierto pero decente debe siempre recordarse a sí mismo la diferencia entre la audacia de la «sabiduría loca» y la estupidez de «nunca me van a atrapar».

Problemas de traducción: malinterpretar los códigos culturales

Desde mi propio y limitado punto de vista, y tras la experiencia de tener amigos occidentales desde hace varias décadas, diría que solo un lama ha comprendido realmente la cultura occidental y ha actuado adecuadamente basándose en ello: Chogyam Trungpa Rinpoché.

La mayoría de los lamas tibetanos, como ya he dicho, enseñan a los no tibetanos exactamente igual que a los tibetanos. En el proceso, intentan hacer lo imposible para transformar a sus alumnos occidentales en tibetanos. Lo crean o no, he conocido a gente que cree realmente que la única forma de estudiar y practicar el Dharma es aprendiendo tibetano, recitando al estilo tibetano, diciendo plegarias en tibetano e incluso vistiendo la ropa tradicional tibetana.

También he observado que los lamas tibetanos dedican mucho tiempo a enseñar a sus alumnos tradiciones tibetanas que no tienen nada que ver en absoluto con el Dharma. No me sorprendería si, al hacerlo así, algunos lamas hayan inducido a sus alumnos occidentales a creer que solo se puede alcanzar el despertar como tibetano.

Para transmitir y enseñar el Dharma del Buda en general y el vajrayana en particular a no tibetanos, es muy importante que haya la debida comprensión cultural entre maestro y alumno que permita que se transmita el Dharma auténtico de forma adecuada y precisa. Esto es realmente difícil, pero absolutamente necesario.

La cultura, al fin y al cabo, es una costumbre, y las costumbres son la manifestación fundamental de la ignorancia. Por tanto, es totalmente injusto culpar al sistema del vajrayana cuando lamas y estudiantes no siguen los procedimientos del vajrayana porque prefieren basarse en sus premisas culturales y sus costumbres; algo que, me temo, les gusta hacer a la mayoría de los lamas.

El propio sistema del vajrayana establece todos los procedimientos necesarios con mucha claridad. Casi todas las iniciaciones principales —incluso la primera de las cuatro iniciaciones habituales— van precedidas de al menos seis advertencias. Estas advertencias incluyen que el lama muestre el vajra, dé el agua del juramento, etc. Pero ¿cuántos lamas hacemos realmente hincapié en estas advertencias?

Cuando los lamas tibetanos dan iniciaciones a tibetanos y butaneses, la mayoría de los receptores no tiene ni idea de lo que está pasando y a muy pocos les interesa siquiera saberlo. En general, los lamas tibetanos dan por supuesto que los estudiantes occidentales tienen la misma actitud. Estos lamas a veces dan iniciaciones a miles de estudiantes a la vez, pero con demasiada frecuencia estos no saben lo que han recibido, mucho menos qué significa el ritual, porque las advertencias del vajrayana se han leído en voz alta sin más y no se han explicado.

Para ser justo, los estudiantes occidentales deben asumir también cierta responsabilidad, pues a veces están más interesados en parecer tibetanos y hablar como ellos que en practicar realmente el Dharma. Si son tibetólogos, activistas que aspiran a ser los salvadores de la cultura tibetana, ese es el camino; y supongo que algún beneficio se derivaría de ello.

Pero aquí estamos hablando del Dharma del Buda, y el Dharma del Buda va mucho más allá de la «cultura» y del «país». Así que si están interesados en alcanzar lo que se conoce como despertar, si quieren estar «despiertos» y ser liberados de todas las impurezas y de los efectos de las impurezas, es evidente que tienen que ir totalmente más allá de la cultura, incluso de las culturas que comen curry, mastican tsampa y toman café.

Hay que distinguir claramente el Dharma y la cultura si queremos resolver alguna vez las confusiones actuales que, como he dicho, probablemente continuarán durante un tiempo. Viendo la siguiente generación de lamas y cómo se están manifestando actualmente, debo decir que no veo ni un atisbo de conciencia sobre este problema en ninguno de ellos.

Me han contado que Chogyam Trungpa Rinpoché ordenó a sus alumnos que hicieran la práctica de sentarse —shamatha— varios años. También les ordenó estudiar con detalle las enseñanzas del sravakayana y del mahayana, haciéndoles pasar por años de preparación antes de darles ninguna iniciación del vajrayana o instrucciones que señalan. Trungpa Rinpoché llegó incluso a crear el fenómeno Shambhala —el adiestramiento y la práctica sentada de Shambhala— para asegurarse de que sus alumnos estaban realmente bien preparados para el Dharma del Buda.

Todos los procedimientos preparatorios prescritos son importantes. Recuerden, Naropa ya era un erudito famoso y decano de la Universidad de Nalanda antes de intentar siquiera ir en busca de su gurú; en otras palabras, estaba totalmente preparado.

Advertencias directas que se han malinterpretado

Otro factor que se suma a la complejidad de la situación actual es que por muy familiarizados que estén los estudiantes con el consejo de que deben analizar y someter a prueba al gurú antes de convertirse en alumnos suyos —e incluso cuando reciben advertencias directas— ser humano conlleva en parte que hay cosas que sencillamente no queremos oír, sobre todo cuando nos ha alcanzado la flecha de la inspiración. Esto significa que, en la práctica, en las pocas ocasiones en que se hacen las advertencias debidas, mucha gente sencillamente no escucha. Algunos ni siquiera oyen las palabras de la advertencia. A  muchos seres humanos no nos es fácil adquirir la capacidad escuchar y oír de verdad.

Lamentablemente, advertir a la gente de un posible peligro o problema puede terminar en sí mismo causando más problemas aún. Hace poco fui muy franco con una joven que era nueva en el Dharma y le sugerí que se alejara de determinado joven lama por algunas cosas que yo sabía de él. Mi consejo fue sincero y desinteresado; no solo me preocupaba ella, sino también el joven rinpoché y el Dharma del Buda. Pero ella no siguió mi consejo; en realidad, lo entendió totalmente al revés. Para ella yo estaba siendo controlador, posesivo y celoso. Naturalmente, muchos jóvenes tienen un carácter rebelde y suelen hacer lo contrario de lo que les sugieres. Pero en este caso, repitió al joven lama todo lo que yo le había dicho confidencialmente, y el resultado fue que el lama y yo nos distanciamos, lo que fue muy desafortunado.

Algo parecido pasó cuando una estudiante se quejó ante mí de que su gurú le pedía constantemente que le comprara cosas: caros relojes Rolex, coches, antigüedades, etc. Cuando acudió a mí, ya le había comprado muchas cosas, pero ahora, dijo, no podía seguir haciéndolo porque también tenía obligaciones económicas para con su familia. Le respondí que, en general, si ella, como estudiante, quería realmente hacer ofrendas caras a su maestro, debía hacer todas las que pudiera, durante el tiempo que pudiera. Pero si sentía la más pequeña incomodidad con lo que estaba haciendo, debía expresar su inquietud directamente a su gurú y no a mí. Así que habló con su maestro. Lamentablemente, también le contó que fui yo quien le había dicho que se dirigiera directamente a él, y desde ese día, él y yo no hemos vuelto a hablarnos. Dar consejos puede ser peligroso.

¿Qué habría pasado si, hace años, hubiera advertido a los estudiantes de Rigpa que han escrito la carta en la que critican a Sogyal Rinpoché que examinaran y analizaran a su maestro cuidadosamente antes de hacerse alumnos suyos? ¿Me habrían escuchado? Lo dudo. En el peor de los casos, una advertencia abierta podría haber provocado malentendidos importantes y conflictos graves, algo que, como ser humano, desde luego quiero evitar. También recuerdo algunas reacciones muy defensivas de estudiantes de Rigpa después de una broma que hice sobre el exceso de parafernalia tibetana que había visto en los centros de Rigpa.

¿Pero qué habría pasado si hubiera hecho de abogado del diablo? ¿Qué habría pasado si no solo hubiera aconsejado a estos estudiantes que comprobaran y analizaran a su gurú, sino que hubiera ido más lejos y hubiera dicho: «Sogyal Rinpoché les ha presentado a muchos maestros del vajrayana verdaderamente grandes. ¿Por qué han decidido continuar con él en lugar de con uno de esos grandes maestros?»

¿Qué habría pasado si hubiera preguntado: «Además de lo que les dice el propio Sogyal Rinpoché, ¿qué prueba tienen de que ha recibido una formación completa y adecuada? Solo era un niño cuando recibió enseñanzas de Jamyang Khyentse Chökyi Lodrö, ¿sabían eso? ¿Sabían que solo tenía diez o doce años cuando Khyentse Chökyi Lodrö falleció? ¿Sabían que fue a una escuela católica de Kalimpong y luego a la Universidad de Delhi? Así que ¿cuándo hizo su formación?»?

¿Qué habría pasado si hubiera preguntado: «¿Ven tibetanos acudir en tropel a recibir enseñanzas de Sogyal Rinpoché? Los tibetanos son siempre muy corteses a la cara, pero ¿saben lo que piensan realmente? Quizá, a pesar de que saben que no ha recibido una buena formación, son corteses con Sogyal Rinpoché porque siguen la costumbre tibetana.»?

¿Qué habría pasado si hubiera hecho estas preguntas? ¿Me habría escuchado alguno de los estudiantes que ahora son tan críticos? No hablo aquí solamente de Sogyal Rinpoché. ¿Qué pasaría si hiciera esas preguntas sobre todos nuestros lamas, rinpochés y khenpos actuales?

El karma socava muy a menudo el análisis y evita las advertencias. Y, por supuesto, los vínculos kármicos y las deudas kármicas siempre se manifiestan, lo que incluye la continua malinterpretación de los códigos culturales. Por ejemplo, con independencia de lo que piensen los unos de los otros, los tibetanos siempre son corteses en público entre ellos, lo que muchos occidentales malinterpretan como confirmación de un gran aprecio.

Los tibetanos y los butaneses —y yo mismo soy un híbrido tibetano-butanés— están minuciosamente adobados en miles de costumbres culturales. Debo admitir que la mayoría de las veces, cuando se trata de hablar franca y abiertamente de estos importantes asuntos, se interponen estas costumbres. La gente como yo piensa que siempre debe actuar con humildad y a menudo malinterpreta la diferencia entre ser humilde y no ser directo. Pero la costumbre de la humildad suele servir a su fin y, por ejemplo, puede prevenir que surjan discusiones innecesarias. Personalmente, yo seguiría optando por este enfoque, en parte por costumbre y en parte para no meterme en líos; y como seres humanos, la mayoría de nosotros tratamos por lo general de no meternos en líos si podemos.

Por supuesto, los lamas no suelen decir ciertas cosas abiertamente porque se ha informado mal de sus palabras, se las citado erróneamente y se han recortado y editado para que signifiquen algo totalmente distinto; se los ha tergiversado de muchas maneras y muy a menudo. Por tanto, puede resultar problemático poder decir lo que piensan realmente.

Básicamente, como ya he dicho, advertir a la gente sobre cómo elegir a su gurú es una de las cosas más difíciles que puede hacer un lama. Pero si nos abstenemos de advertir abiertamente a los estudiantes, ¿cómo se pueden evitar las consecuencias?

Otra época, otros retos

He recibido abhishekas de alrededor de treinta lamas, pero no puedo afirmar que los haya analizado adecuadamente a todos. Para ser del todo sincero, soy uno de esos tibetanos que en su mayoría pasan a las iniciaciones sin dedicar tiempo a examinar apenas al preceptor. Pero antes de decidir si recibía una iniciación o una enseñanza determinadas de un lama, sí recordaba normalmente de usar mi sentido común.

Un método que se puede usar para elegir de qué lamas recibir iniciaciones se parece mucho a la forma en que, por ejemplo, se averigua dónde comer buena pasta en Italia. Suponemos que los sitios donde comen los italianos serán bastante buenos, porque los italianos saben de pasta. Basándome en ese principio del sentido común, he evitado recibir enseñanzas de ciertos lamas.

Orgyen Tobgyal Rinpoché me dijo una vez que cuando Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché visitó por primera vez Francia, apenas asistió gente a sus enseñanzas, pero que en cuanto se supo que iba a enseñar Sogyal Rinpoché, todo el mundo fue a escucharle. Desde luego, entiendo por qué la gente acude en masa a escuchar a Sogyal Rinpoché: habla inglés y tiene sentido del humor, así que los estudiantes pueden identificarse con él, se sienten conectados. Los seres humanos tendemos realmente a escoger la accesibilidad cuando podemos, así que ese podría haber sido también un factor.

He de decir que ninguno de los gurús de los que he recibido iniciaciones y enseñanzas abusó nunca de mí económica, sexual, física o emocionalmente. Pero debo reconocer que yo también suponía que nunca harían algo así… lo que fue un error por mi parte. Una vez que decides tomar a un maestro como tu gurú, no debes hacer ninguna suposición sobre si te va a tratar bien o no, porque de lo que se trata es de tener el valor de entregarse por completo antes de embarcarte en el viaje del vajrayana, totalmente desconocido e impredecible. Y como estudiante del vajrayana, me gusta aspirar a mantener de verdad en vidas futuras la percepción pura de mi gurú y a tener la capacidad de hacer todo lo que me pida, sin preguntas.

Sin embargo, el método del sentido común para elegir a un gurú que he mencionado con el ejemplo de la pasta tiene sus limitaciones. Estoy bastante seguro de que muchas personas caen rendidas ante un gurú porque resulta que es alumno de un gran maestro o porque se ha mostrado en público acaramelado con muchos otros grandes gurús. Mi experiencia me ha enseñado que este enfoque no funciona siempre.

Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché veneraba y respetaba tanto a Jamyang Khyentse Chökyi Lodrö, Shechen Gyaltsab y Khandro Tsering Chödrön que, para él, cualquiera relacionado con ellos era también muy precioso, incluso sus perros. Yo no veía mucha grandeza en varias de las personas por las que Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché mostraba tanto afecto. Cuando le conté lo que me pasaba a mi tutor, este me respondió que Kyabje Dilgo Khyentse Rinpoché tenía una percepción perfectamente pura de todos y de todo, especialmente de quienes estaban relacionados con su propio gurú. Luego me regañó: «Esto es algo que tienes que aprender». Ahora me doy cuenta de lo inestimable que era ese consejo.

En síntesis, para quienes partimos en un viaje espiritual, juzgar a un gurú por su currículum y los ilustres maestros que conoce no siempre es un método fiable. De hecho, en este camino, la propia existencia de este tipo de currículos es sospechosa. Naropa no acudió a Tilopa porque este tuviera un gran currículum; por el contrario, tuvo que salir en su busca. Nadie conocía a Tilopa porque era un pescador corriente, por lo que el mero hecho de encontrarlo fue enormemente difícil.

Salvaguardias y contramedidas

No es fácil instituir salvaguardias y contramedidas en el mundo espiritual. Como dijo el propio Buda un par de milenios antes de que se reconociera en la Constitución estadounidense, ningún sistema es perfecto. Sin embargo, el budismo es un sistema, pero un sistema que en realidad no cree en los sistemas, y sus salvaguardias y contramedidas en última instancia son las causas y condiciones kármicas. El budismo también reconoce que solo un ser despierto puede saber si otra persona es perfecta o no.

Algunos de ustedes están tratando actualmente de hacer todo lo posible para garantizar que los lamas que incurren en conductas indebidas no queden impunes. Puede que su motivación sea buena: puede que quieran evitar a más personas inocentes el sufrimiento causado por ese tipo de mala conducta, y puede que no deseen que nadie más se aleje del Dharma por ello.

Mi impresión personal es que, en esta época, hay muy pocos seres humanos en el mundo moralmente decentes, compasivos, buenos, atentos y sin corromper: la clase de persona por la que, al conocerla, sentimos instantáneamente respeto y reverencia. Y como la mentalidad de «cada uno a lo suyo» es más fuerte cada día, los pocos seres humanos decentes que quedan en este planeta desaparecen con rapidez. ¿Quizá exponer públicamente así las faltas de la gente, en las redes sociales y otros lugares, haga que otros tengan miedo de comportarse mal? Tal vez esto sea lo mejor que podemos hacer en esta época degenerada. Al menos algunos lamas, especialmente la generación más joven, están recibiendo el poderoso mensaje de que no pueden salir impunes de este tipo de comportamiento. Así que en una época en la que el poder y el prestigio son tan embriagadores que algunos lamas se consideran intocables y olvidan que se les podrían exigir cuentas, ¿quizá sea necesario? Pero en realidad no creo que la vergüenza pública o el castigo legal sea la respuesta, o que resuelvan verdaderamente todo el problema.

Mucha gente parece tan desencantada por la situación actual que cree que hemos llegado a un punto de inflexión que señala el principio del declive final y la desaparición del Dharma del Buda. Lamentablemente, puede que algunos estudiantes estén tan desencantados que, para ellos, no hay vuelta atrás.

Me temo que no hay duda al respecto: el budismo está en declive en este mundo. Estoy seguro de que las reticencias que tiene la gente sobre los depositarios fundamentales del Dharma del Buda —como los rinpochés tibetanos que deberían tener un interés personal en la supervivencia del budismo— son una de las razones por las que tantos se sienten tan desalentados.

Aunque el budismo siempre ha tenido obstáculos externos —como las invasiones, la conversión forzosa del islam, la conversión ingeniosa del cristianismo, la asimilación condescendiente del hinduismo, etc.— su obstáculo principal es interno y se deriva de las actitudes sectarias. Hoy, la mayoría de nosotros apenas es consciente de esto, a pesar de que es la mayor de todas las amenazas que afronta el budismo.

Hay muchos factores que contribuyen a la degeneración del Dharma del Buda. Bajo la bandera de la objetividad racional frente a la superstición, y revestidos de un liberalismo supuestamente no dogmático, muchos de entre la élite budista europea y estadounidense promueven actualmente una versión del budismo que elimina por completo la reencarnación. Su campaña tiene el potencial de destruir el budismo con mucha más certeza que cualquiera de sus escándalos internos. Al fin y al cabo, el escándalo actual es sobre una sola persona, mientras que la tendencia perniciosa y aparentemente contagiosa de tergiversar el Dharma —que perpetran muchas más personas y afecta a muchas más— se difunde con tanta rapidez que es mucho más insidiosa y destructiva.

Además, hay un gran grupo de «respetables» maestros de estilo de vida que escogen algunas ideas budistas y las plagian sin ningún escrúpulo. Venden sus métodos como «mindfulness» y «ética laica», pero excluyen cuidadosamente cualquier término, expresión o jerga que suene  ni por lo más remoto religioso, so pretexto de hacer accesibles las ideas del Buda a la gente moderna. No tienen siquiera la decencia de reconocer al autor original de las ideas y prácticas  que difunden, y por el contrario, suelen tratar de insinuar o incluso afirman claramente que las han descubierto ellos mismos. Para mí eso es lisa y llanamente un robo. Yo creía que los occidentales, que tanto valoran las ideas sobre la propiedad intelectual y cuyos países aplican estrictas normas sobre los derechos de reproducción para proteger a autores e instituciones, se comportarían mejor.

Aún más peligrosos son los gurús autodidactas que usan el mindfulness y otras prácticas budistas para convertir la esencia del camino budista en técnicas para aumentar nuestro amor al samsara. Al hacerlo, destruyen por completo todo el propósito del Dharma del Buda, que es liberar del samsara a los seres que sufren. Si esta perversión de las enseñanzas del Buda no es diabólica —la encarnación del diablo, como dirían los cristianos—, ¿qué es?

En el otro extremo, el budismo también se está debilitando por la tendencia dominante en Sikkim, Nepal y Bután de preservar a cualquier precio lo que llaman «preciosa cultura» y «tradición ancestral». En el proceso de intentar embalsamar sus tradiciones están apropiándose en la práctica del budismo y lo están despojando de cualquier significado y pertinencia para esta era moderna.

La conducta indebida de Sogyal Rinpoché puede ser su perdición y, lamentablemente, podría ser la perdición de algunos de sus alumnos. Pero las demás tendencias, mucho más destructivas, dentro del Dharma del Buda tienen la capacidad de afectar a millones de personas y destruirán finalmente el budismo de un modo más completo que este escándalo de ahora. Francamente, son mucho más mortales que la aniquilación desatada contra el Dharma del Buda por la Revolución Cultural y otras fuerzas externas.

¿Y ahora qué?

La situación actual es difícil y lamentable, sin duda. Pero al mismo tiempo no es nada nuevo. En el curso de la historia del budismo han estallado muchos escándalos de este tipo y algunos fueron mucho peores. Creo que esta situación en concreto nos está dando a todos la oportunidad de mostrar nuestra resiliencia. También es nuestra ocasión para pensar en el panorama general del budismo y no en solo un pequeño rincón.

Para los seguidores del Buda, y en particular los estudiantes del vajrayana, y en especial los alumnos de Sogyal Rinpoché y quienes están planteando preguntas muy difíciles, creo firmemente que el debate actual sobre la conducta de los gurús tiene su origen en un deseo sincero de resolver las cosas y ayudar a la sanga de Rigpa y al mundo budista en general. Este es el aspecto positivo del tipo de cuestionamiento que estamos viendo hoy, y es un aspecto que realmente debemos reconocer y apreciar.

Nos guste o no, como miembros de la sanga budista en general, y específicamente como hermanos y hermanas vajra, hemos creado un vínculo entre nosotros mucho más importante que la familia. Pero en nuestras relaciones íntimas, los seres humanos sufrimos a menudo como consecuencia de la falta de comunicación. ¿Cuál es el antídoto de la falta de comunicación? ¡La comunicación! Por tanto, es el momento de abrir un espacio en el que pueda haber una comunicación auténtica y sincera. De hecho, ya he visto varias cartas y publicaciones en Internet de personas que están haciendo un gran esfuerzo por encontrar una buena solución.

Por encima de todo, sin embargo, debemos ver realmente el panorama general; esto es lo más importante. No debemos rechazar a la sanga de Rigpa ni a ninguno de sus miembros. También es vital recordar y reconocer todo lo bueno que Sogyal Rinpoché ha aportado a Europa y a Estados Unidos. El mero hecho de que presentara a tantas personas a maestros verdaderamente grandes es una contribución impagable al Dharma, porque esos extraordinarios maestros no solo eran auténticos maestros del Dharma, sino algunos de los seres vivos más grandes del siglo.

En definitiva, yo diría que Sogyal Rinpoché ha hecho mucho más bien que mal a este mundo y al Dharma del Buda. Debemos recordar esto. Resulta demasiado fácil ver este problema de ahora de una forma simplista y luego tomar partido y agruparse para atacar a los que opinan lo contrario, sobre todo cuando hay devoción de por medio.

Para mí, lo que ha pasado recientemente en la sanga de Rigpa ha aumentado de verdad mi aprecio por muchos de los estudiantes de Rigpa, a quienes algunos podrían etiquetar de aduladores ciegos. Conozco personalmente a muchos que son diligentes, buenos, están deseosos de aprender y a quienes les importa realmente la continuidad del Dharma del Buda y del linaje, algo excepcional en este mundo. Aquí y ahora, cualquier persona que intente practicar siquiera la percepción pura y mantener la devoción por su maestro y las enseñanzas es verdaderamente admirable. Es muy alentador ver a tantos practicantes occidentales de primera o segunda generación tan dedicados a la práctica budista. Aunque resulta tentador centrarse únicamente en el escándalo y la vergüenza, lo que deberíamos intentar realmente es verlo a través de una lente mucho mayor y más positiva. Por lo que yo veo, la mayoría de los estudiantes de Rigpa reconoce que hay algo increíblemente bueno en las enseñanzas que han escuchado y en su linaje. Y de todos los estudiantes occidentales del vajrayana que he conocido, los de Rigpa son algunos de los mejores y más humildes.

Los tibetanos deberían reconocer también que estos occidentales, a diferencia de los propios tibetanos, han nacido y crecido en países que carecían de cualquier tipo de influencia del Dharma. Pero muchos de estos estudiantes occidentales hacen todo lo posible por salir en busca de las enseñanzas budistas. Sin tener históricamente ninguna raíz budista y absolutamente ninguna cultura budista en su país de nacimiento, han intentado sin embargo hacer todo lo que los tibetanos, que han sido sus maestros, les han pedido. Se han esforzado siempre por hacer lo mejor. Muchos han hecho incluso cosas como convertir sus salas de estar en pequeños lugares de reunión donde la gente pueda practicar. Y la mayoría de ellos no son ricos; muchos apenas llegan a fin de mes.

En esta era fanática y extrema, cuando tantos están perdidos y buscan desesperadamente algún significado a su vida, la búsqueda del Dharma del Buda de estos occidentales es notable y merecedora de abundantes alabanzas. Así es sobre todo en una época en la que tantas personas en el mundo eligen voluntariamente seguir el más extremo de todos los caminos y visiones, que elogia infligirse daño a sí mismo y a los demás. Pero nuestra sociedad así llamada liberal, libre e intelectual se esfuerza por justificar este tipo de punto de vista y de acción tan extremos. Algunos incluso lo califican de «moderación», culpando de su violencia a unos pocos descarriados en lugar de reconocer que es la visión y el camino los que están equivocados.

Me atrevería a decir incluso que parece que hay una tendencia entre los liberales e intelectuales —todos los cuales se enorgullecen de ser objetivos y de amar la crítica— de encontrar defectos en cosas que son evidentemente buenas y encontrar bondades en cosas que son evidentemente muy malas. Como consecuencia, dedican un tiempo y una energía notables a ridiculizar un camino basado en el amor y la compasión, que carece prácticamente de antecedentes de violencia y que enseña la sabiduría más profunda de la originación dependiente. Y dedican aún más tiempo y energía a justificar un camino que alaba la violencia y el dualismo.

La conmoción actual causada por las críticas muy públicas a Sogyal Rinpoché es dolorosa para muchos practicantes budistas auténticos, sobre todo ahora que los medios de comunicación occidentales están aprovechándose con tanto entusiasmo de ella. Sospecho que a muchos liberales, ateos y gran parte de los medios occidentales les encantaría ver en titulares la noticia de un atacante suicida jainista, porque demostraría su argumento de que todas las religiones tienen un lado oscuro y albergan extremistas. Cómo no sentirse desalentados cuando el principal diario alemán, el Süddeutsche Zeitung, con más de un millón de lectores diarios, publica un artículo central sobre el escándalo de Sogyal Rinpoché en la sección de «Budismo», bajo el encabezamiento de «Abuso». Imaginen la indignación si la prensa occidental informase de todas las bombas y masacres musulmanas en la sección de «Islam».

Así que en esta era hipócrita, los seguidores del Buda deben ser más valientes y audaces que nunca. En un momento en el que apenas se apoya o alienta a quienes siguen un camino auténtico y en el que se siembra la duda a cada paso, es más importante que nunca que —como practicantes individuales y como sangas— no nos dejemos envolver por el escándalo y los conflictos entre facciones. En una era en la que los puntos de vista erróneos y los actos homicidas no solo predominan, sino que son celebrados e incluso justificados por respetados intelectuales liberales, hemos de redoblar nuestros esfuerzos por estudiar la visión auténtica del Dharma del Buda. Centrándonos en el panorama general y el futuro a largo plazo del budismo, la crisis actual podría ser una oportunidad perfecta para que todos renovemos, por el bien de todos los seres que sufren, nuestro compromiso y nuestra dedicación al estudio y la práctica del camino auténtico del Buda al despertar.

Texto original en inglés (en Facebook): Guru and Student in the Vajrayana.

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