Sexo en la sanga… otra vez | Andrew Cooper, Emma Varvaloucas

Cuatro maestros hablan de los problemas sistémicos que han desembocado en abusos sexuales en comunidades budistas.

Tricycle, otoño de 2013

En la historia relativamente breve del budismo en Occidente, ha habido tantos escándalos —escándalos repentinos y escándalos graduales, escándalos de todos los tipos y tamaños— que puede que no pase mucho tiempo antes de que alguien decida escribir esa historia no como una narrativa noble de aspiración elevada, sino como una serie de desventuras deprimentemente vulgares. Sean sobre dinero, sexo, poder, toxicomanía o, como suele ser lo más frecuente, una combinación de todos ellos, una cosa parece clara: mientras que el aislamiento es un síntoma de los escándalos, los escándalos no son hechos aislados.

En cuanto a la primera parte: las actividades escandalosas parecen prosperar cuando las comunidades se aíslan —socialmente, ideológicamente o de otras formas— de los vínculos de las comunidades más amplias, tanto religiosas como seculares. En esta atmósfera, se tiende a no cuestionar los supuestos, no porque se vea que son válidos, sino porque no se ven en absoluto. Se dan por sentados sin más. Los escándalos se alimentan del aislamiento también en otro aspecto: cuando las personas que están dentro de una comunidad y que tratan de hacer preguntas sobre cómo se hacen las cosas y qué se hace están aisladas —marginadas, desacreditadas, incluso proscritas— es fácil hacer caso omiso de las inquietudes que plantean. Tarde o temprano, esta forma de hacer las cosas resulta perjudicial para todos los afectados.

En cuanto al segundo punto: Estos escándalos no son hechos aislados y, por tanto, merecen un análisis sistémico. Para contribuir a ello, Tricycle ha reunido a un grupo de maestros budistas de tradiciones y formación diversas para que pongan en común sus ideas sobre estos asuntos, especialmente los escándalos sexuales: Jack Kornfield, cofundador del Centro de Meditación de Spirit Rock y de la Insight Meditation Society; Myoan Grace Schireson, maestra guía del zendo Empty Nest; lama Palden, fundadora de la Fundación Sukhasiddhi; y Shinzen Young, cofundador del Vipassana Support Institute. Emma Varvaloucas, editora jefa de Tricycle, moderó el debate telefónico.

Hicimos esta entrevista conscientes de que algunos lectores podrían preguntarse si no existe un problema intrínseco en pedir a unos maestros de Dharma que dirigieran el debate; al fin y al cabo, están hablando del mismo sistema dentro del cual se ha desarrollado gran parte de su vida espiritual y en el que se basa gran parte de su autoridad. Sin embargo, creemos que los cuatro maestros de nuestra mesa redonda hacen observaciones certeras y que vale la pena escucharlas. Hay que reconocer que lo que tienen que decir nuestros maestros de Dharma es solo parte de la historia; la otra parte es cómo va a responder el resto de nosotros retomando el diálogo, precisándolo, criticándolo y aplicándolo lo mejor que podamos.

Si, después de leer esto, creen que falta algo, probablemente es bueno. De hecho, la sensación de que falta algo bien podría ser lo más importante. La conducta corrupta es una constante en los asuntos humanos, y ni siquiera la propia comunidad del Buda fue inmune a ella (después de todo, ¿por qué piensan que hay tantas normas canónicas que delimitan qué es y qué no es la conducta apropiada?). La medida de la vitalidad y la benevolencia de una comunidad no está, creo yo, tanto en su capacidad para controlar o eliminar las conductas problemáticas como en su respuesta —o falta de respuesta— y en si une o no a las personas. La conducta problemática no es algo de lo que haya que librarse para poder seguir con nuestra actividad de lograr la iluminación. Ser humano es lidiar con nuestras carencias, individual y colectivamente, y es lidiando con lo que somos como crecemos para llegar a ser quienes somos. En el mejor de los casos, salimos del paso juntos, confiando en hacer las cosas bien ocasionalmente e intentando no causar demasiado daño en el camino. Es en ese salir del paso donde encontramos nuestra humanidad y, al hacerlo, si tenemos suerte, nos encontramos unos a otros.

Andrew Cooper, editor de crónicas

El sexo entre maestros y alumnos: Empecemos definiendo el problema. ¿Qué es? ¿La relación en sí, las consecuencias o una combinación de ambas?

Jack Kornfield: No hay ningún problema con el sexo en sí. Algunas personas eligen el celibato, algunas personas eligen disfrutar de las relaciones sexuales. Ambas cosas se pueden hacer como parte de una práctica espiritual. El problema que hemos visto en muchas comunidades surge cuando los líderes espirituales abusan de su función de autoridad para obtener favores sexuales, provocando a menudo, aunque no siempre, una gran pérdida de fe y la sensación de haber sido utilizado o de abuso. A menudo esto sucede debido a la propia inconsciencia del maestro sobre la sexualidad y sobre sus necesidades.

Grace Schireson: Hay también otros dos problemas. El primero es que los miembros de la sanga, aunque puede que conozcan algunas de estas relaciones «secretas» entre maestro y alumno, no saben qué hacer al respecto. Algunas personas de la sanga podrían sentir que el estudiante que está en la relación ha obtenido algún favor o categoría especial. Otros podrían sentir que hay un secreto que se tiene que guardar o están confusos sobre la naturaleza de la relación entre maestro y alumno. Los perjuicios que se pueden producir a la comunidad son bastante complejos, y en última instancia la sanga tiene que abordar la situación y hablar de ella para evitar que se convierta en un problema más profundo y sistémico.

El segundo problema es la respuesta de la comunidad en general. ¿Cómo ayudamos a los maestros y a las comunidades en las que existe este problema? No tenemos ninguna institución general a la que acudir en busca de ayuda en este sentido.

Entonces, ¿la relación sexual entre un alumno y un maestro es siempre un problema? ¿Qué pasa con las tradiciones del budismo que consideran el sexo una actividad potencialmente emancipadora?

Grace Schireson: Nadie va a una comunidad budista a crecer a través de una relación sexual con un maestro. Se va a una comunidad budista a estudiar budismo. Por tanto, en una relación sexual entre maestro y alumno se subvierte el fin principal de esa relación.

Lama Palden: Incluso en los linajes del budismo tántrico, cuyo significado ha pasado a ser de algún modo «algo relacionado con el sexo», es poco habitual el uso del sexo como práctica espiritual real, y existen unos criterios rigurosos que hay que cumplir para ello. Eso no es lo que estamos viendo en estas situaciones de daño y abuso sexual. La actividad sexual como práctica espiritual tiene que ser con adultos que consientan realmente y ambos han de ser respetados. La actividad sexual basada en una diferencia de poder, donde la persona que tiene poder utiliza a la otra para satisfacer sus propias necesidades, no es lo mismo que una práctica sexual espiritual auténtica.

Jack Kornfield: Eso es. En la mayoría de los casos de los que estamos hablando, no se trata de una oportunidad fantástica de crecimiento para los alumnos; por el contrario, lo que ocurre en realidad es un proceso de necesidad o adicción muy doloroso para todas las personas implicadas. Algunos maestros han hecho mucho daño a sus alumnos porque están bastante desintegrados: actúan desde necesidades, adicciones, malentendidos y, a veces, diferencias culturales, de ninguno de los cuales se ha tomado conciencia.

¿Qué quieres decir con que están «desintegrados»?

Shinzen Young: Una causa importante de abuso sexual es el desequilibrio en la práctica de un maestro. Hay muchas dimensiones en esta práctica, y el objetivo clásico es que todas estas dimensiones estén equilibradas. Si se crece en algunas, la mayor parte del tiempo se crecerá también en las demás. Pero a veces un gran crecimiento en una dimensión, y concretamente las dimensiones del vacío y de la trascendencia, podría limitar el crecimiento en otras. En estos casos de abuso sexual, puede que el maestro tuviera una gran comprensión del vacío de todas las cosas, pero esa comprensión no se ha integrado en su conducta ética en la vida cotidiana. Nuestro modelo aquí siempre debería ser el Buda histórico, que había visto más allá de todas las normas del ámbito humano y aun así era una persona admirable según los criterios ordinarios de su sociedad.

Jack Kornfield: He hablado con maestros de zen que dicen: «La shila [ética] y la virtud y la integridad son adecuados para todos en la práctica, pero una vez que te conviertes en maestro zen, ya no hay normas. Eres libre». Pero eso permite que los maestros de zen, en su propia mente, hagan cualquier cosa que deseen.

A menudo no entendemos del todo que un maestro puede tener sabiduría en ciertas áreas de la vida humana y ninguna en otras. Se puede ser un atleta olímpico y un tarado emocional, o un profesor de física ganador del Nobel que no distingue la izquierda de la derecha. Del mismo modo, puede haber maestros espirituales muy consumados que no saben nada de cómo manejar sus propios impulsos sexuales o vivir una relación íntima.

Me parece que no son solo algunos maestros zen los que piensan esto, sino también sus alumnos. Al creer que el maestro es libre, extraordinario, lo excusan de las normas de conducta habituales de la sociedad. Hasta ahora hemos hablado mucho de lo que impulsa a un maestro a mantener una relación sexual, pero ¿qué pasa con los alumnos?

Jack Kornfield: Hay una enorme cantidad de idealismo. Mucha gente que acude a la práctica espiritual llega con sufrimiento y busca un alivio para ese sufrimiento. Y entonces el maestro dice: «Yo puedo poner fin a tu sufrimiento» y el alumno empieza a considerar al maestro un ser todopoderoso o un salvador. Esta idealización hace que una posible relación sea aún más excitante. Cuando hay un maestro de quien un alumno cree que puede hacer cualquier cosa, no hay regla que valga.

Además, si eres el único maestro de una comunidad, es terriblemente aislante. Ese aislamiento aumenta con toda la idealización y la transferencia, porque se imaginan que no tienes necesidades normales, humanas: no se te considera un maestro y un ser humano. Y eso da lugar a un montón de problemas, porque ni la comunidad ni tu propia práctica cubre tus necesidades personales. Lo que hemos intentado hacer en Spirit Rock es asegurarnos de que se enseña en equipos, o que los centros hermanos se desarrollan con un consejo de maestros, donde hay otros colegas con los que se puede hablar para sentirse menos solo.

Volviendo al alumno, sin embargo, también tenemos que educar al público para que las expectativas de la gente cuando llega a un centro budista sean más sensatas y realistas.

Todos los maestros vamos a cometer errores. No se trata de si vamos a cometerlos, sino tan solo de cuándo vamos a cometerlos y de cuántos cometeremos y de su gravedad.

Grace Schireson: Tampoco hemos integrado la relación entre un maestro y un alumno budistas dentro de los contextos habituales de las relaciones que vemos en la cultura occidental. Estamos un poco confusos. Hemos oído hablar de la devoción que hemos de tener hacia el maestro, pero no hemos sido capaces de integrar en estas relaciones nuestra inteligencia emocional, nuestro sentido común, nuestros valores y una sabiduría madura y adulta, yo creo que porque no encajan en ningún contexto preexistente de relación que tengamos en Occidente. No hemos trasladado desde Asia la tradición de una relación maestro-alumno a un contexto con el que podamos trabajar.

También parece haber una mala costumbre entre los alumnos: muchos de ellos, cuando van a un centro, están tan entusiasmados por encontrar alivio a su sufrimiento que dejan su pensamiento crítico en la puerta.

Lama Palden: ¡Exactamente! La gente quiere quitarse de encima su responsabilidad. Parte de nuestro trabajo como maestros es animar a la gente a que vuelva una y otra vez a su sabiduría interior. En eso consiste el camino.

Grace Schireson: Debería haber un cartel en la puerta de los centros budistas: «Asegúrate de prestar atención». No hay nada que sustituya la consciencia y mirarse hacia adentro de uno mismo. Confía siempre en ti mismo si crees que algo no está bien.

Dicho esto, cuando surge el conflicto, la gente tiende a apartarse de él en lugar de estar presentes con él. Tenemos que trabajar realmente en ser capaces de hablar de cosas que nos son incómodas dentro de una comunidad.

Pero esa perspectiva —permanecer con el conflicto cuando surja— también puede ser peligrosa si las condiciones para el abuso sexual están profundamente arraigadas en la organización y el funcionamiento de la comunidad. ¿Cuándo es prudente quedarse en una sanga durante la conmoción de un escándalo sexual y cuándo lo prudente es decir: «esto es malsano y necesito marcharme»?

Grace Schireson: Todos los maestros vamos a cometer errores. No se trata de si vamos a cometerlos, sino tan solo de cuándo vamos a cometerlos y de cuántos cometeremos y de su gravedad. Las preguntas reales son: ¿Hasta qué punto somos accesibles sobre nuestros errores? ¿Hasta qué punto es sincera la comunidad sobre lo que está pasando? Eso, creo yo, determina si se debe continuar practicando en una comunidad en concreto con un maestro en concreto.

Lama Palden: Y también hay un diálogo intermedio entre quedarse y marcharse. Nadie se queda sentado en silencio años y años para salir huyendo después. ¿Cuáles son las opciones? ¿Qué proceso hay para exponer este problema? Es una vía para madurar y para que madure la comunidad, en lugar de marcharse sin más, cargando a la espalda lo que nos molesta y no diciéndoselo a nadie.

Además, hay que hacer una distinción: si un maestro tiene realmente una adicción, y el abuso sexual es un patrón con muchos, muchos alumnos durante muchos años, o si un maestro ha caído en una relación sexual con un alumno una o dos veces por sus propias necesidades emocionales o sexuales no satisfechas.

Teniendo en cuenta esta distinción, ¿cómo vemos a los maestros que cometen errores, sean casos aislados o adicciones en serie? ¿Es posible que cambie esta conducta o es mejor evitar a esos maestros?

Shinzen Young: Siempre es difícil cambiar. Pero lo importante es si el maestro quiere cambiar o no. Estoy convencido de que si una persona quiere cambiar, puede hacerlo. Si se puede infundir en ella una motivación fuerte de que va a ser mucho mejor maestro y una persona mucho más feliz si se ocupa del problema, el pronóstico es bastante bueno, creo. La dificultad real está en estas situaciones de práctica desequilibradas, desintegradas, porque el maestro no ve una gran necesidad de hacer estos cambios.

Jack Kornfield: No quiero que nada de esto sea blanco y negro. Para las personas que son realmente adictas y han estado décadas utilizando a sus alumnos para sus propias necesidades sexuales, la respuesta podría ser que tienen que dejar de enseñar. Igual que se exigiría a cualquier adicto, tienen que dejar de «consumir». Pero también podría haber formas de instaurar unas salvaguardias para ellos, hacer que enseñen con otra persona, por ejemplo, para que no desempeñen ese papel de maestro aislado y no tengan la tentación de —o no puedan— satisfacer su adicción.

Sería fácil ignorar estos problemas de abuso sexual como algo que parte de una o dos «manzanas podridas». Pero si examinamos la totalidad del budismo estadounidense, está claro que no es así: estos problemas surgen en diferentes tradiciones y comunidades, lo que indica que la propia forma en que están configuradas nuestras sangas está contribuyendo a su existencia. ¿Cómo abordamos estos problemas sistémicos, más profundos? Parece que aunque exista un procedimiento para presentar una queja contra un maestro, a menudo no va a ninguna parte porque se tramita a través de una junta directiva cuyos miembros están muy cerca del maestro. La organización entera suele estar estructurada de arriba abajo: está el maestro y luego la junta directiva, y luego la sanga en general, lo que impide la comunicación horizontal.

Jack Kornfield: Tienes bastante razón en que nuestras comunidades están estructuradas de arriba abajo. Eso es porque las propias tradiciones son patriarcales y verticales. Para abordar esto, lo que hemos creado en nuestra comunidad de Spirit Rock es un consejo de ética independiente formado por un pequeño grupo de maestros elegidos entre los más respetados por su equilibrio e integridad. El equilibrio es importante, porque estos problemas pueden causar un gran revuelo y cuando se desencadenan las emociones, la gente tiende a pensar con poca claridad. Así que el consejo está formado por los maestros elegidos, un miembro de la comunidad y un miembro de la junta directiva, todos ellos independientes de la junta directiva o del maestro principal. Tienen facultades para investigar, buscar la reconciliación y, en caso necesario, volver a la junta directiva o a la comunidad y exigir cambios. Tiene que ser un proceso que esté fuera de la jerarquía que has descrito.

Shinzen Young: Después de un retiro, hacemos que los estudiantes cumplimenten una evaluación del maestro, y los maestros tienen que ver sus propias evaluaciones. Este es un mecanismo muy tangible para las aportaciones horizontales.

Jack Kornfield: Nosotros hacemos eso también. Pero seamos prácticos. Estamos hablando de centros estadounidenses: la tradición soto zen y las comunidades vipasana están dirigidas sobre todo por personas que han nacido en Occidente. Los maestros nacidos en Occidente también meten la pata, pero la situación es más complicada cuando es un roshi o un lama nacido fuera que está acostumbrado al sistema patriarcal. No están acostumbrados a que se les pidan cuentas de ninguna manera porque aún existe ese sentido cultural de que están haciéndoles un favor a sus alumnos.

A pesar de estos problemas, la gente está tomando conciencia de ciertos maestros que cometen abusos. Se corre la voz. Hoy día se habla de los maestros y se les llama la atención. Ciertos maestros han sido demandados por valor de millones de dólares o se ha escrito de ellos en el New York Times.

Grace Schireson: Aun así, en Occidente nos faltan la interacción entre iguales y las consecuencias. En Asia, si surge un gran problema con la conducta de un maestro, se acaba sabiendo y bien un igual o su superior irá a hablar con el maestro sobre ese problema. Esto es algo que falta en la primera generación de maestros asiáticos en Occidente: no han tenido iguales aquí que les hagan llegar sus observaciones.

Lama Palden: En el mundo budista tibetano, incluso cuando el cabeza de un linaje se entera de un problema y va a hablar con sus lamas sobre él, no se le hace caso. Porque cada centro es como su propio pequeño reino.

Grace Schireson: Exacto. Ser rechazado por tus iguales en un sitio como Japón es muy difícil psicológica y emocionalmente. Pero aquí no tenemos eso todavía.

Grace, esto nos lleva de nuevo al problema que mencionabas al principio de la conversación: no hay una institución general para lidiar con estos abusos. ¿Cómo debería ser una institución de ese tipo? Y puesto que no la tenemos todavía, ¿cuáles son las responsabilidades de los líderes de nuestras comunidades de crear una y, mientras tanto, de sacar a la luz estos casos de abuso sexual por el bien de la comunidad en general?

Jack Kornfield: Ha habido varios casos en los últimos 25 años en los que grandes maestros del mundo budista, incluso el Dalai Lama, han hablado contra ciertos maestros y no ha servido de mucho, porque no ha habido consecuencias. Y dado que la comunidad donde está ocurriendo suele estar aislada, ese maestro sigue siendo considerado una gran autoridad.

La responsabilidad ha de ir emparejada con la creación de un proceso colectivo, una institución que sea pertinente para el mundo budista en general. Por ejemplo, en el Vinaya Pitaka, si un monje infringía una norma grave —ha causado un daño con el uso indebido de la sexualidad, por ejemplo— había que convocar a un grupo de monjes mayores. Su tarea era escuchar lo que había ocurrido y prescribir una vía restitutiva de práctica y de reparar el daño.

Del mismo modo, se podría otorgar a un grupo respetado como el Buddhist Peace Fellowship la facultad de crear un consejo de mayores respetados de todas las tradiciones al que pudieran acudir los estudiantes de cualquier comunidad budista de Norteamérica con este tipo de problemas. Los mayores se reunirían y luego llamarían a los líderes de las comunidades en dificultades y ayudarían a guiar la reconciliación. Lo importante sería la reconciliación y el aprendizaje, aunque en determinado momento puede que sean necesarias las consecuencias. Quizá más adelante, si ven que se cometen abusos sistemáticos, podrían acudir a las autoridades judiciales. Pero no sería una caza de brujas o la policía del Dharma; no se trata de mermar el espíritu desenfadado del zen y las grandes tradiciones del tantra sexual con el moralismo estadounidense. Es el cuidado de los mayores, la base de cuya misión es la compasión, encontrar soluciones reales y mostrar a todos, incluido el maestro, que esta conducta crea mucho sufrimiento para sí mismo y para otros.

Hablemos de las cuestiones de género intrínsecas en cualquier situación de abuso sexual. Nuestras comunidades espirituales reflejan nuestra cultura en general, que es, lamentablemente, una cultura en la que el abuso y la violencia sexuales se dirigen por lo general hacia las mujeres, aunque desde luego no siempre. ¿Cómo se manifiestan estas cuestiones en estas situaciones de relaciones sexuales entre maestro y alumno?

Lama Palden: Sí, estamos abordando estas cuestiones como sociedad. Tenemos que empezar diciendo a las mujeres: «El sexo es un ámbito de igualdad de oportunidades». En cualquier relación sexual, vosotras tenéis que valorar si es apropiada. Muchos de los maestros que mantienen una relación con sus alumnas les dicen cosas como: «Te quiero» o «voy a casarme contigo» o «voy a iluminarte». Tenemos que educar a las mujeres para que sepan que no siempre van a oír la verdad.

Grace Schireson: Mientras las mujeres consideren que su atractivo es una vía para lograr su propio poder y capacidad —en otras palabras, mientras no se las anime o se las aprecie en condiciones de igualdad en la sociedad— ese será el principal engaño que pueden llevar a su práctica. En nuestra sociedad, la mujer se ve poderosa a través de su capacidad de seducción, congraciándose sexualmente. Así que tenemos que educar primero a los maestros. Es su responsabilidad pisar el freno, incluso si una alumna suya dice: «Estoy de acuerdo». Porque si no entienden que una mujer que se está congraciando en realidad está expresando un engaño sobre ella misma, pueden tomarlo como un cumplido. Piensan: «¿No es genial? Esta mujer no quiere aprender a dar charlas, no quiere tener ningún poder en la sanga, solo quiere ser agradable conmigo; me quiere». Si el maestro no puede ver lo que hay detrás de ese congraciamiento, es difícil.

También tenemos que educar a nuestros hermanos en el Dharma de la sanga. A veces los hombres no entienden que las mujeres se sienten humilladas cuando son tratadas como objetos sexuales, incluso si son plenamente capaces de defenderse de un posible abuso. Sienten que no se les respeta, que el maestro las considera un objeto sexual y no un recipiente espiritual; eso es algo que a los hombres les cuesta entender.

Jack Kornfield: No se trata solo de educar a las mujeres o de educar a los hombres; se trata de educar a todos. Educar a las comunidades: eso es lo verdaderamente importante. La responsabilidad ha de ser asumida de forma colectiva. Y además de los niveles de educación, tiene que haber un método de respuesta para que la gente sepa qué hacer si tiene estos problemas o los ven a su alrededor.

Y también hay mujeres que abusan de su papel como maestras. No es tan frecuente, y no es tan frecuente en el terreno sexual, pero el abuso de poder es realmente algo endémico del papel de maestro, no del género del maestro.

Volviendo a los problemas culturales generales, también ocurre que nuestras comunidades budistas reflejan nuestra costumbre de evitar hablar de la sexualidad sin alterarse, de un modo profundo.

Jack Kornfield: Sí, y también es porque en la tradición monástica se evita la sexualidad salvo como una serie de advertencias y restricciones. A menudo es una negación de la vida; los textos budistas están llenos de historias sobre las impurezas del cuerpo, igual que las que se encuentran en la iglesia católica. Y por eso hay mucha confusión, porque no se ve el cuerpo como un vehículo para lo sagrado, sino más como algo que hay que trascender. En la comunidad laica no se nos enseña a hacerlo parte deliberada de nuestra práctica, no se nos orienta para hacer de la actividad sexual una parte sabia de nuestra vida. Pero el cuerpo podría serlo, y ya es hora de que lo sea. La sexualidad puede abrirnos más allá de nosotros mismos, a la gracia, el éxtasis, la comunión, la unidad y el samadhi natural. Enseñemos la sexualidad como un ámbito de práctica y salud y no como un campo de patología o antiespiritual.

Shinzen Young: Hay dos aspectos de la sexualidad como práctica. Primero está el aspecto ético, que se remonta al principio de «no hacer daño», el principio orientador de la ética de la sexualidad budista. Y luego el otro aspecto es: ¿De qué formas se convierte la experiencia sexual en un complemento de la práctica? Para mí es sencillo: en la medida en que podamos aportar concentración, claridad y ecuanimidad a nuestras experiencias sexuales, estas podrán aportar conocimiento y purificación.

Lama Palden: Esto es parte de un debate más amplio sobre la intersección de lo divino y lo humano. ¿Qué significa ser un ser humano y cómo pueden satisfacerse ciertas clases de necesidades y deseos de un modo sano, para que se conviertan en parte de nuestro crecimiento? ¿Y cómo pueden integrarse todos nuestros deseos y necesidades, no solo los sexuales, en el viaje espiritual? Estas son las preguntas de fondo.

Texto original en inglés: Sex in the Sangha . . . Again, publicado en el número de otoño de 2013 de la revista Tricycle.

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2 respuestas a Sexo en la sanga… otra vez | Andrew Cooper, Emma Varvaloucas

  1. Pingback: Algunos textos sobre abusos en el budismo | Dharma en español

  2. gemmamopu dijo:

    Si hay una relación sexual entre 2 personas en situación de desigualdad, en la que una ejerce su poder sobre la otra ( menores, jefes, maestros en este caso…)se considera abuso sexual y tendria que ser juzgado penalmente. Y desde el punto de vista ético me parece incoherente para un maestro, bajo mi punto de vista no seria un buen maestro y no tendria que ejercer como tal. Creo que no habria que tolerarlo en ningún caso.

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