Enfrentarse al abuso de poder | varios autores • Lion’s Roar

20 de noviembre de 2014

Los abusos pueden adoptar diferentes formas y ser económicos, psicológicos, físicos o sexuales. Hace poco unos titulares revelaban que las comunidades espirituales, incluidas las budistas, son especialmente vulnerables a los abusos sexuales cometidos por figuras de autoridad. Al mismo tiempo, en toda Norteamérica, quienes han sufrido abusos sexuales y la traición institucional se expresan con nuevas energías, y sus palabras y experiencias son reproducidas en medios de comunicación instantáneos para encontrar eco en millones más. Cada vez son más las personas que denuncian opresiones habituales, exorcizan el sentimiento de culpa e inspiran a otras a despertar diciendo: «¡Basta! Merezco dignidad y respeto.» Instituciones como universidades, fuerzas armadas, centros de trabajo y organizaciones espirituales se apresuran, más que nunca, a alejarse de los patrones de negación. Como muestra del nuevo tipo de mensaje, la Casa Blanca ha lanzado hace poco una campaña que establece una nueva normalidad para la responsabilidad colectiva que nos hace sentirnos mal si no hacemos nada mientras amigos y compañeros cometen abusos. Estamos deshaciéndonos de siglos de mitos que normalizaban los abusos o, en el mejor de los casos, los consideraban un problema insuperable. Las comunidades preguntan sinceramente: ¿Qué podemos hacer de otra forma?

Los conocimientos mundanos ordinarios son valiosos aquí. Las investigaciones muestran que cuando se superan el secreto que rodea los abusos y la banalización y las racionalizaciones de estos, empiezan la curación y la seguridad. Se han hecho grandes avances en el reconocimiento de las causas y condiciones culturales que dan origen a los abusos de poder y de personas, especialmente a los que se basan en el sexo, la raza, la clase, la orientación sexual, la discapacidad y la etnia. La Organización Mundial de la Salud, por ejemplo, enumera la veneración a una masculinidad violenta y dominante, la subordinación femenina y el racismo como una potente receta para el abuso. El examen de cuáles son los grupos incluidos y cuáles los excluidos en la enseñanza, el gobierno y la riqueza puede indicarnos también dónde cabe esperar que haya dificultades. ¿Estamos dispuestos a buscar en nuestras comunidades budistas estos tipos de conocidos patrones habituales y desequilibrios y disolverlos después?

Una nueva forma de avanzar exigirá también audacia. Si pensamos realmente en nuestro futuro, las sangas no deben limitarse a ser conjuntos de meditadores individuales, sino también comunidades sanas que promuevan la inclusión y proporcionen un terreno propicio para que florezca el Dharma. No podemos permitirnos el lujo de ignorar el valor de todas nuestras relaciones. Se dice que el Dharma y los vínculos de las comunidades dhármicas sólo se pueden destruir desde dentro. Los abusos, pues, no son solamente un «incidente» personal, sino también una gran amenaza para la continuidad de las tradiciones de sabiduría. Las comunidades deben encontrar la confianza para actuar, yendo hacia un mayor respeto y una mayor potenciación de las mujeres, las minorías, los jóvenes y otras personas que suelen ser objeto de abusos. En una comunidad que escucha estas voces y confía en ellas los aspirantes a agresores no pueden actuar.

¿Cómo se sentiría este tipo de comunidad? ¿Qué sería distinto si alguien cometiera abusos? ¿Cuánto potencial más harían realidad sus hijos?

Pam Rubin

 

Buddhadharma: Cada uno de ustedes conoce comunidades que se han visto afectadas por la conducta indebida de un maestro. Ese periodo inicial en el que se revela el abuso de poder, ¿cómo se percibe, personalmente y dentro de una comunidad?

Shinge Chayat: En una palabra: trauma. Es darte cuenta de que una persona en la que confiabas y a la que admirabas te ha decepcionado y ha puesto todo en tela de juicio. Si un maestro deja de ser digno de confianza, se somete a examen todo. Tendemos a elevar a los maestros a una altura noble y nos negamos a ver sus errores humanos hasta que se manifiestan de formas muy difíciles y peligrosas. Así que aunque la sensación es terrible, el desencanto puede ayudarnos a abrirnos paso a través del engaño y aportar claridad a lo que está pasando. Por desgracia, lo que pasa suele estar rodeado de secreto; los practicantes pueden tener la sensación de que está pasando algo en la comunidad, pero la cultura disuade de preguntar. Así que cuando se revela al fin la conducta indebida, es un golpe tremendo.

Buddhadharma: David, tú formabas parte de la comunidad de Shambhala cuando salieron a la luz por primera vez las acusaciones de que Osel Tendzin había infectado a sabiendas a alguien con el VIH. ¿Cómo fue tu experiencia en la comunidad en ese momento?

David Whitehorn: Fue impactante. Como si de pronto hubiera cambiado el mundo entero. Surgieron un montón de emociones fuertes: ira, tristeza, decepción. Y un montón de gente tenía opiniones sobre lo que había pasado y por qué. Durante ese periodo, cuando todo el mundo se sentía muy expuesto y vulnerable, nos beneficiamos enormemente del asesoramiento sereno de maestros ajenos a nuestra comunidad que habían estado trabajando con nosotros. Tenían el respeto de todos los miembros de la comunidad y fueron de muchísima ayuda a la hora de gestionar las divisiones dentro del grupo sobre lo que había pasado y cómo avanzar.

Buddhadharma: Lama Palden, ¿cuál es su experiencia de comunidades que se enfrentan a conductas indebidas o abusos?

Lama Palden: En algunos de los centros de Kalu Rinpoché de Francia había lamas que se habían involucrado en conductas poco éticas y hubo que expulsarlos. También he actuado de mediador en centros de Dharma aquí,[1] en relación con conductas poco éticas de maestros occidentales.

Como ya se ha dicho, en estas situaciones hay siempre mucha conmoción y decepción. También hay mucho daño y una sensación de traición. Una de las preocupaciones importantes es que muchas de las personas que resultan dañadas, la mayoría ya han sufrido abusos en la infancia. El Dharma, en vez de ser un lugar donde pueden curarse y sentirse a salvo, se convierte en otro lugar de perpetración y daño.

He estado presente en algunas de estas mediaciones, en las que hubo mucho dolor. Tenemos que reconocer de verdad todo el dolor que causa en la gente la actividad poco ética. Un dolor sencillamente increíble. Y he visto a cientos de mujeres perder el interés por el Dharma. Cuando los abusos se producen al principio de la trayectoria de alguien en el Dharma, la persona aún no ha desarrollado las habilidades que podrían ayudarla a quedarse.

Buddhadharma: Debemos señalar también que el joven Kalu Rinpoché publicó un vídeo en YouTube hace un par de años en el que hablaba de su propia experiencia como víctima de abusos cuando crecía en un monasterio.

Lama Palden: Sí, ha sacado el problema a la luz para las comunidades tibetana y vajrayana, porque, desde luego, está pasando en todos los monasterios. Algunos de mis amigos varones británicos me han dicho que se parece mucho al sistema de los colegios privados británicos: es algo que siempre ha ocurrido y que todos conocen, pero de lo que nadie habla. Creo que Rinpoché fue muy valiente al sacar a la luz la conducta indebida. Quiere trabajar dentro del sistema para cambiarlo.

Buddhadharma: Alan, ¿cuáles son algunas de tus experiencias y observaciones sobre el problema del abuso de poder?

Alan Senauke: Poco después de empezar a trabajar en la Buddhist Peace Fellowship en 1991, la organización apareció mencionada como referencia en la contraportada del libro de Peter Rutter, Sex in the Forbidden Zone (Sexo en la zona prohibida). Cuando el libro se publicó, empezaron a llamarnos de pronto mujeres que habían sido víctimas de maestros y luego excluidas por sus comunidades.

He observado que las personas que están sumidas en el dolor no solo se retraen y forman un quiste o cápsula a su alrededor para protegerse, sino que también se enfrentan entre sí. No se trata solo de personas con opiniones diferentes sobre lo que está pasando y lo que habría que hacer. A menudo el maestro era la energía que mantenía unida a la comunidad, y cuando es apartado o la comunidad se rompe, los practicantes no son capaces de encontrar cercanía o apoyo mutuo dentro del grupo. Por eso puede ser una situación inestable y frágil. Es muy destructivo y puede propagarse en la comunidad como un incendio. Una vez que empieza el fuego a arder, es difícil controlarlo.

Buddhadharma: Shinge, examinando retrospectivamente el conflicto que surgió en tu comunidad, la Zen Studies Society, ¿cuáles fueron algunas de las condiciones que dieron lugar a la conducta poco ética y cómo se gestionó?

Shinge Chayat: Es largo de responder, pero podría resumirlo en una palabra: secreto. Cuando los secretos están bien ocultos, bien guardados, la gente se convierte en cómplice sin darse cuenta. Nadie está realmente seguro de lo que pasa y no se permite que nadie cuestione las cosas, especialmente en una estructura patriarcal asiática que desincentiva la transparencia. Hay conductas poco éticas que podrían aceptarse en otra cultura —no necesariamente aprobarse, sino ignorarse de forma tácita— y que no son correctas en la nuestra. El marco de la psicología occidental nos predispone más a ver las cosas directamente y a no permitir los mismos antiguos patrones. Queremos ver lo que está pasando realmente, y cuando ese espíritu inquisitivo tropieza con una vieja guardia que dice que no hay que cuestionar la autoridad, puede crearse aún más división. Ese ha sido un gran problema para nosotros, en la Zen Studies Society. Hemos tenido que aprender a cuestionar la autoridad y hemos tenido que ver todos los aspectos, sean culturales o personales, que desembocaron en la estructura de una sociedad secreta y en la promoción de un ser humano a una condición semidivina, lo que creó una situación en la que nadie se sentía a salvo para hacer preguntas.

Buddhadharma: Lama Palden, ¿qué piensa usted de esto? Usted conoce la estructura del mundo budista tibetano, donde los rinpochés gozan de alta estima.

Lama Palden: Cuando llegué al Dharma estuve con Kalu Rinpoché y el XVI Karmapa. Muy al principio, en una conversación informal, el XVI Karmapa mencionó algunos motivos de preocupación sobre varios lamas y tulkus, diciendo que tenía problemas con este o con aquel. Kalu Rinpoché también expresó su preocupación. Así que yo sabía que había problemas de conducta indebida y que no todo era completamente transparente.

Creo que es importante ver lo que lleva a que pasen estas cosas en primer lugar. Una causa es el aislamiento emocional. Algunos maestros vienen de lejos, pero incluso si no vienen de una cultura diferente, existe la tendencia de que los maestros espirituales se queden aislados; no tienen amigos y colegas con los que compartir sus tribulaciones. Otro problema es que a veces los maestros creen que no pueden pedir ayuda o que se supone que no la necesitan. Y, por supuesto, en el modelo asiático no existían estos recursos, aunque quizá podían haber acudido a sus propios maestros y puede que en algunos casos lo hicieran. Pero en su mayoría, los maestros no tienen cubiertas sus propias necesidades psicológicas.

Como maestros, tenemos que ser muy conscientes de cuáles son nuestras propias necesidades emocionales y psicológicas, y tenemos que tratar de cubrirlas de una forma sana en lugar de fingir que no existen. Y necesitamos una comunidad. Yo estoy en un grupo de maestros budistas del área de la Bahía[2] que se reúne desde hace más de veinte años para hablar abierta y sinceramente de cualquier problema que nos surja.

David Whitehorn: Yo creo que la cuestión de cómo se presenta la relación entre alumno y maestro es un factor muy importante en los problemas de conducta indebida. La antigua advertencia del Buda es: «No creas sin más lo que te digo, analiza si tiene sentido realmente para ti». En la medida en que eso sea parte de la cultura de una comunidad, puede ser muy útil para validar la responsabilidad de los estudiantes respecto de su propio camino y su despertar. Por otro lado, la práctica budista socava las formas convencionales, conceptuales, de relacionarse con el mundo y la ética, lo que puede ser confuso, especialmente para los que acaban de llegar al camino; hay personas que pueden aprovecharse de eso. Una frase clásica para ligar que usan los practicantes veteranos con los alumnos nuevos es: «Cariño, esto es budismo avanzado. Si quieres saber en qué consiste de verdad eso del tantra, vamos a mi casa».

Alan Senauke: Mi experiencia ha sido muy diferente. En el Centro Zen de Berkeley, desde muy al principio, se nos comunicaron los preceptos, tanto de un modo relativo como absoluto, por lo que nunca se dejó de lado la ética convencional. Pero creo que el elemento más importante —y esto me preocupa realmente— es hasta qué punto está centrada la práctica en un único «ser (supuestamente) iluminado», en lugar de en una relación de responsabilidad mutua entre maestro y alumno. El secreto surge de un espejismo sobre el poder y la autoridad. Cuanto más mantenga la sanga la práctica de los preceptos, más protegida estará la gente. No cabe duda de que hay un modelo patriarcal en Asia y de que aquí tendemos a idealizarlo. Pero traducir este modelo a nuestra cultura sin adaptarla realmente es un enorme error. En Occidente tenemos una dimensión ética compartida que no hay que descartar cuando entramos en la práctica; al contrario, la práctica tiene que estar en armonía con ella. Creo que el antídoto de la conducta indebida es la formación ética. No estoy hablando de normas y procedimientos: estoy hablando de estudiar de verdad los preceptos desde el principio.

Buddhadharma: ¿Qué más puede contribuir a cambiar el curso de la conducta poco ética? David, sabiendo lo que sabes ahora, ¿hay algo que la comunidad de Shambhala podría haber hecho de otra forma cuando Osel Tendzin era el líder de la organización?

David Whitehorn: Es difícil saberlo, pues era una época muy diferente y la fase de desarrollo de la comunidad y de la práctica individual de los miembros era muy diferente. Una mayor transparencia es, sin duda, fundamental, como lo es exponer la ética justo al principio.

Buddhadharma: Shinge, ¿crees que mientras Eido Roshi seguía siendo el líder de la comunidad se hubiera podido hacer algo que habría cambiado todo el curso de los acontecimientos?

Shinge Chayat: No pudimos hacer nada hasta que dejó de tener todo el poder. La gente lo intentó muchas veces. En los 70, nos marchamos muchos porque no había forma de hacer ningún cambio. Cuando volví en los 90, parecía que se habían producido cambios a mejor, pero en realidad, seguía teniendo todo el poder. Cuando todo el poder de una comunidad está en manos de una sola persona y esa persona tiene el apoyo incondicional de otras, como los miembros de la junta directiva y los estudiantes más antiguos, no hay modo de decir: «¡Eh, esto está mal! Tenemos que hacer algunos cambios aquí.» Eso no puede pasar. Las juntas directivas anteriores lo intentaron por todos los medios.

En 2010, cuando salió a la luz la revelación de una nueva relación, una de las primeras cosas que hicimos fue pedir a Eido Roshi que dimitiera como miembro de la junta. Era el presidente de la junta, además del abad. Con las dimensiones laica y espiritual en manos de la misma persona, no había equilibrio de poderes. La junta básicamente aprobaba sin rechistar todo lo que decía Eido Roshi. Así que lo primero que tuvimos que hacer fue pedirle que presentara una carta de dimisión. Eso pasó muy deprisa, a las tres semanas de que se revelara el asunto. Luego trabajamos con el Faith Trust Institute y les pedimos que nos ayudaran en las siguientes fases, que abarcaban no sólo abordar los problemas que se habían acumulado durante décadas, sino también estudiar la forma de evitar problemas de ese tipo en el futuro.

Buddhadharma: Todos ustedes han hablado del impacto que sufre la gente cuando se revela que el maestro en el que confían está implicado en conductas poco éticas o en abusos. Cuando remite el impacto, ¿cómo puede empezar la comunidad a reconstruirse?

Alan Senauke: Lo primero es escuchar de verdad. Escuchar a todos —de todas las partes—  y crear foros abiertos, combinando personas de dentro y fuera de la comunidad que puedan ofrecer ecuanimidad y presencia para oír a todos, incluso a quienes han sido acusados de extralimitarse. Luego tiene que haber un proceso de discernimiento. En el vinaya se prescriben remedios para las infracciones de los preceptos para que un monje o una monja puedan volver a sentarse en el círculo completo. Tiene que hacer una confesión y arrepentirse, sea ante sus iguales o ante sus mayores. Podemos traducir eso a nuestra experiencia contemporánea de varias maneras, pero hace falta hablar mucho y escuchar mucho.

Además, la sanga tiene que sostener el dolor de que hay algunas personas que no van a curarse. Incluso con la mejor de las intenciones, algunas personas estarán dolidas y se marcharán. Algunas no querrán curarse, y eso incluye tanto a víctimas como a perpetradores. Y cuando eso ocurre no se puede hacer nada, pero como sostenedor del recipiente, sigues teniendo la responsabilidad de hacer todo lo posible. Tenemos que tener los pies bien puestos sobre la tierra para poder sostener todo eso.

Shinge Chayat: El proceso de curación, de recuperar la confianza después de décadas en las que se ha abusado del poder y se ha perdido la confianza, es muy largo. La gente podría tardar años en sentir que ha llegado por fin a un lugar donde está curada. Puede que se aborde la situación inmediata, pero hay que trabajar constantemente en el proceso. No se puede hacer una única reunión de la sanga o alguna especie de orientación a cargo de profesionales del sector y decir luego: «Vale, ya está».

El Faith Trust Institute hizo cinco recomendaciones que seguimos: Eido Roshi tenía que dejar el cargo de abad; pedir públicamente disculpas reconociendo su conducta indebida y arrepintiéndose del daño causado; los estudiantes que quisieran continuar estudiando con él tenían que hacerlo por su cuenta y no bajo los auspicios de la Zen Studies Society; teníamos que llevar a cabo una auditoría financiera formal; y teníamos que consultar con colegas que habían tenido problemas similares de conducta indebida.

Después de todo eso, empezamos a trabajar con un maravilloso grupo de profesionales llamado An Olive Branch que dirigieron una sesión de mediación con Eido Roshi y la junta directiva. También hicimos varias reuniones de la sanga en las que estuvo presente An Olive Branch y un fin de semana con la sanga que probablemente fue lo más importante para nosotros. Invitamos a todos a que vinieran a pasar todo el fin de semana en un debate facilitado, muy difícil, pero importante. Había muchas emociones a flor de piel y salieron a la luz muchos incidentes que no conocíamos. Hicimos un calendario que ocupaba toda una pared. La gente iba y ponía comentarios, hacía más preguntas y contaba lo que sabía. Estaba todo allí, lo que fue realmente fundamental: pasamos de ser una organización infestada de secreto y autoritarismo a otra transparente que respetaba unas normas éticas. Dedicamos dos años enteros a trabajar con An Olive Branch en la elaboración de buenas prácticas para una junta directiva que pudiera representar a la sanga y contribuir a asegurar que nunca volvieran a producirse esas transgresiones.

Como resultado de este proceso, creo que los miembros de la sanga hablan entre sí con claridad y consideración ética, y que hemos vuelto a cumplir nuestra tarea, que es vivir nuestro voto de bodisatva, manifestar nuestra visión.

David Whitehorn: En nuestra situación, a principios de los 90, no solo estábamos recuperándonos del trauma de descubrir que un líder en el que confiábamos nos había defraudado, sino que también estábamos llorando la pérdida de nuestro maestro fundador, que era un gran mahasiddha. Por suerte, Trungpa Rinpoché había formado a dos personas, y la otra era su hijo, Sakyong Mipham, que durante unos cinco años después del suceso traumático se limitó a escuchar. Viajó y escuchó a todos y, poco a poco, empezó a reconstruir la comunidad. La escucha profunda al principio fue esencial.

Lama Palden: El joven Kalu Rinpoché me contó una historia similar, que cuando asumió la responsabilidad de centros en todo el mundo a los 18 años tuvo que intervenir para abordar problemas de abusos. Contó que en un centro acudieron a hablar con él todas las mujeres de una en una. Tardó dos días en escucharlas a todas. Me dijo que lloró todo el tiempo. Fue importante que se las escuchara. Y luego, por supuesto, tomó medidas para ocuparse de los problemas, pero reconocer el grado de dolor y malestar es un primer paso crucial.

Hay que subrayar la compasión y la bondad amorosa, y trabajar con ellas mucho más en nuestras comunidades espirituales, tanto en la forma en que practican y se desarrollan los maestros como en el modo en que estos guían a los alumnos. Creo que es una falta de compasión utilizar a la gente para satisfacer a alguien.

También quiero reiterar lo que decía Shinge sobre las juntas directivas. Somos estadounidenses y estamos hablando de centros budistas en Estados Unidos. Aquí hay leyes sobre las organizaciones sin ánimo de lucro que rigen las organizaciones religiosas, y las juntas directivas son un elemento clave de la rendición de cuentas. Las leyes sobre organizaciones no lucrativas existen para proteger al público; como personas religiosas o espirituales, no deberíamos tratar de eludirlas para que la junta pueda aprobar sin rechistar lo que dice el maestro.

Buddhadharma: Cuando se cometen conductas indebidas, los líderes tratan por lo general de ver si es posible la mediación. Pero ¿hasta qué punto es realista trazar nuevos límites en torno a un maestro que ha cometido abusos de poder múltiples veces? Para que la gente se sienta a salvo y protegida en su sanga, ¿cuándo es el momento de decir que se ha acabado la conversación y que hacen falta medidas más estrictas que conlleven quizá acudir a los tribunales?

Alan Senauke: En el libro de Scott Edelstein Sex and the Spiritual Teacher (El sexo y el maestro espiritual), se distingue entre el engaño corriente, por así decir, y la patología. Hay una diferencia, y no todos somos capaces de discernirla; es esencial una evaluación profesional competente para valorar la situación. Si un maestro se extralimita por soledad o aislamiento y se puede hacer que vuelva a la orilla donde estamos todos, genial. Pero si hay un patrón de patología o de depredación, olvídenlo. Quemarán a la sanga tratando de refrenar a alguien así. Conozco sangas que han acabado despidiendo a su maestro y vendiendo el centro porque el patrón continuó una y otra vez, y quedó claro que no era posible la resolución. En esos casos, se trataba de mucho más que de recordarle a alguien sus votos o los preceptos.

Lama Palden: Hace falta mucha más educación sobre la naturaleza de las relaciones entre alumno y maestro, que el alumno tiene total y pleno derecho a no mantener relaciones sexuales con un maestro. Esto lleva a una cuestión mucho mayor sobre cómo se estructuran los centros en cuanto a autoridad, cómo esa autoridad incide en las relaciones entre maestro y alumno y cómo se educa a la gente acerca de esas estructuras. Estas relaciones deben basarse en acuerdos mutuos conscientes.

Pero también hemos de sentir compasión por los maestros; se les ha de dar la oportunidad de rehabilitarse, de curarse y de trabajar en ellos mismos. A veces con terapia y absteniéndose de enseñar un año o dos pueden volver a ejercer la función de maestro, pero a veces los problemas son demasiado profundos. En Francia, en nuestro linaje, hubo que apartar a cuatro lamas que habían dirigido el centro treinta años.

Tengo muchos amigos, tanto maestros como estudiantes, relacionados con el Centro Zen de San Francisco, y sé que más de treinta años después de los sucesos que rodearon a Richard Baker y su salida, la gente está todavía en proceso de curación. Es un proceso largo.

David Whitehorn: Sí, son problemas a muy largo plazo, quizá para toda la vida o más allá. Shambhala tiene doscientos centros en todo el mundo y nos reunimos periódicamente con representantes de todos los centros. En una de estas reuniones, íbamos a debatir doce asuntos importantes que los dirigentes habían determinado que eran de interés para la sanga en general. Pero de pronto saltó un grupo de personas que dijeron: «Un momento. Queremos hablar de lo que pasó con el regente, Osel Tendzin, hace quince años». Así que formamos un nuevo grupo para debatirlo. Fue maravilloso tener esa respuesta espontánea y auténtica.

Nuestra sanga sí se dividió hace años, cuando se marchó Osel Tendzin; se creó otra organización. Y sigue habiendo preguntas sobre hasta qué punto debería reconocerse la contribución del regente al desarrollo de Shambhala.

Shinge Chayat: Ese es un gran problema, ¿verdad? Cómo reconocer lo bueno que ha hecho alguien al mismo tiempo que lamentamos el daño que ha causado a muchas personas.

David Whitehorn: El proceso de tratar de determinar hasta qué punto alguien que ha sido culpable de conducta indebida puede convertirse en miembro pleno de la comunidad no es fácil. ¿Tiene esa persona un cargo de autoridad que realmente no sabe manejar? Se la puede apartar de ese cargo al menos temporalmente, pero entonces, después de trabajar con ella, la pregunta es: ¿Puede volver o no? ¿Es apropiado? Nunca se está seguro del todo; hay mucha incertidumbre. La compasión es muy importante, en el sentido de ver lo que puede hacer realmente una persona y quién es realmente. No es compasivo poner a alguien en un cargo que no sabe manejar.

Buddhadharma: Dado que curarse de unos sucesos traumáticos es un proceso tan largo, quizá nunca podamos hablar de ellos como algo que pertenece totalmente al pasado. Pero en el tiempo que ha transcurrido, ¿cómo han afectado estos sucesos y sus secuelas a la cultura de su comunidad? ¿Ha cambiado la dinámica interna?

Shinge Chayat: Inicialmente los sucesos nos afectaron a todos negativamente. Nos atacaron desde todos los lados; la gente que estaba realmente preocupada por las mujeres que sufrieron daño pensaba que no estábamos actuando con la rapidez suficiente para arreglar las cosas. Fuimos cautos en lo que consideramos necesario. Hacer algo desde un lugar de acción correcta lleva tiempo; no puedes limitarte a reaccionar visceralmente. Pero algunas personas estaban tan enfadadas que se marcharon y no volverán nunca. Varios miembros de la sanga decidieron seguir a Eido Roshi. Pensaban que su grandeza como maestro compensaba sus defectos. Creían que lo que tenía que ofrecer como maestro iba mucho más allá de lo que podría darles ninguna otra persona, así que quisieron quedarse con él. Esa división nos dejó al principio cortos de personal en el monasterio y también en el templo de Nueva York. Egyoku Roshi, del Centro Zen de Los Ángeles, que es una enorme fuente de asesoramiento y apoyo, dijo: «Quienes necesiten irse, deben irse; no os preocupéis por eso. Llegarán nuevas personas.» Y efectivamente, tres años y medio después, tenemos una comunidad unida. Cada vez hay más personas que tienen fe en lo que estamos haciendo y son atraídas por el vigor de la práctica. Ha sido un periodo agotador, pero ahora hay una gran sensación de optimismo.

Buddhadharma: ¿Es la estructura de su sanga menos jerárquica ahora que se ha ido Eido Roshi?

Shinge Chayat: Mi estilo de dirección es muy diferente del de Eido Roshi, igual que el suyo era muy diferente del de su maestro, Soen Nakagawa Roshi. La sensación sobre el papel del maestro va a cambiar dependiendo de esas formas de ser diferentes. Mi estilo es mucho más relacional; me comunico con la gente, no tomo decisiones por mi cuenta. La gente siente que está adquiriendo sentido de la responsabilidad, que está contribuyendo a la forma en que se toman las decisiones.

Buddhadharma: Lama Palden, ¿qué puede decir usted sobre la forma en que estos trastornos tan importantes cambian una comunidad a la larga?

Lama Palden: A menudo se produce una enorme división y una ruptura en la sanga, pero el aspecto positivo es que, si los sucesos traumáticos pueden llevarse al camino y abordarse de un modo consciente y compasivo, los cambios pueden desembocar en una comunidad mucho más madura, con más resiliencia y más transparente. Como ya se ha dicho, algunas personas no van a curarse, porque no quieren o porque no tienen capacidad para hacerlo. Por eso creo que hay que hacer tanto énfasis en prevenir estas situaciones antes de que surjan. Pero nuestra práctica budista es llevar todas las circunstancias de la vida al camino del bodisatva, por lo que si cada uno de nosotros es capaz de hacer eso, y si las comunidades pueden hacer eso, estos traumas pueden traer más madurez y despertar.

Buddhadharma: Creo que también es importante señalar que el grado en que se cura o no la gente depende en gran medida de la habilidad o falta de habilidad de la comunidad a la hora de relacionarse con los abusos cometidos.

Lama Palden: Por supuesto, y más en concreto, depende de la dirección de esa comunidad.

Buddhadharma: Para quienes lean esto —personas de todas las tradiciones y de diversas comunidades, unas grandes, otras pequeñas— ¿cuál es el mensaje? Si se van a sentar con los miembros de su sanga la semana que viene o si están en una junta directiva, ¿qué deberían pensar para abordar los problemas éticos dentro de su comunidad? ¿Qué clase de normas deben existir?

Alan Senauke: Escribí un librito sobre esto a finales de los 90 titulado Safe Harbor (Puerto seguro). Estaba releyéndolo justo ahora y creo que sigue siendo totalmente pertinente. Uno de los puntos centrales del libro es que hay que tener unas normas éticas claras, quizá más explícitas de lo que le gustaría a la comunidad. Los preceptos del bodisatva ya incluyen todas estas conductas, pero las normas tienen que articularse con más claridad que los preceptos. Un centro ha de tener una descripción de cuáles son sus procesos, sean formales o informales. Todo se resuelve mejor con el mínimo nivel formal necesario, pero a veces eso no basta y hace falta un proceso formal. Naturalmente, quiero hacer la salvedad de que podemos tener las mejores normas y procedimientos e incluso los mejores mediadores externos, pero en realidad todo se reduce a si todas las partes quieren de verdad la reconciliación, el arrepentimiento y la renovación. Esas son las intenciones que deberían ser la base de las normas y procedimientos.

Lama Palden: Yo añadiría que los centros deben tener un comité de ética y que la gente que pertenezca a él no debe estar también en la junta directiva. Además, tanto los miembros como el público deben conocer las normas que especifican los procedimientos previstos para la presentación de quejas. Es una cuestión de educación.

David Whitehorn: Es importante recordar que en el budismo hay tres joyas: el Buda, el Dharma y la sanga. A menudo no nos interesa tanto la tercera joya, pero una parte fundamental del camino es tener una sanga y cuidarse mutuamente. Desde el punto de vista de Shambhala, crear una sociedad que manifieste la esencia de la perspectiva y de las enseñanzas budistas es el motivo principal por el que estamos aquí. El voto del bodisatva es trabajar en nuestro propio desarrollo para poder ser de ayuda para los demás. Los procedimientos y procesos de los que se ha hablado se consideran una práctica, por lo que si estás en el comité de ética, esta es una práctica que va a apelar a tu comprensión más profunda del Dharma del Buda para manifestar orientación y curación para una sanga sana.

Lama Palden: Hay muchas cosas que dependen de los dirigentes; ellos son quienes van a tener que pedir ayuda externa y asumir la responsabilidad de la situación. A veces me he sentido muy decepcionado cuando un maestro se ha negado a abordar el problema. Conozco un par de casos en que los miembros de la junta directiva y todo el mundo dimitió, y hubo una gran escisión. No se trató tanto de que las conductas fueran muy malas —fue algo que pasó una o dos veces y que se podría haber abordado—, sino de que los maestros se negaron a escuchar a otras personas, a asumir la responsabilidad de forma abierta y pública en su comunidad. Se limitaron a meter la cabeza en la arena.

Shinge Chayat: Hay un koan maravilloso que señala precisamente eso. Le preguntan a alguien si una persona iluminada está sometida a la causalidad y responde que no, porque la iluminación significa liberación completa, por lo que no puede estar sometida a la ley de la causalidad. Por eso se convierte en zorro durante quinientas vidas. Al fin, en forma humana, acude a un nuevo maestro, que le dice: «Una persona iluminada no hace caso omiso de la causalidad».

Creo que mucha gente tiene esta idea de que si el maestro está iluminado, ¿cómo va a actuar de forma poco ética? La realidad es que todos llevamos un equipaje kármico; todos somos humanos. Es importante trabajar en nosotros mismos como maestros. Si alguien se siente en cierto modo con derecho a no tener que ocuparse de estas cosas, a no tener que asumir la responsabilidad de sus actos, hay una creencia incorrecta en que de algún modo la sabiduría profunda es suficiente; no es suficiente si hacemos caso omiso de la causalidad.

Lama Palden: En estos casos, creo que hay una ausencia fundamental de realización del vacío del yo. Cuando hay una ausencia de realización y no se integra esta comprensión básica, los maestros pueden ponerse muy a la defensiva y negarse a tratar con nadie. Y aun así, algunas de estas mismas personas están dando enseñanzas sobre el vacío.

Sean ciertas o no las acusaciones, los maestros deben afrontarlas y asumir la responsabilidad de lo que haya que asumir. Tienen que estar dispuestos a resolver plenamente la situación. Cuando veo a un maestro a la defensiva, para mí eso es señal de que en realidad no hay ninguna realización del vacío del yo. Si la hubiera, ¿qué es lo que habría que defender?

Texto original en inglés: Confronting Abuse of Power .

 

[1] N. de la T.: Estados Unidos.

[2] N. de la T.: El área de la Bahía de San Francisco.

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2 respuestas a Enfrentarse al abuso de poder | varios autores • Lion’s Roar

  1. Pingback: Algunos textos sobre abusos en el budismo | Dharma en español

  2. Julio dijo:

    Un Maestro que tiene necesidades psicologicas o emocionales no es un maestro,depender de un maestro o de cualquier autoridad no es nada sano.


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