Cómo salvar la distancia || Ari Goldfield y Rose Taylor

Ari and Rose«¡No lo soporto! —exclamó una cliente—. Llego todos los días a casa después de una  jornada de trabajo larga y extenuante, y me encuentro a mi pareja en el sofá, esperando que le haga la cena. Si la hago, me siento enfadada y resentida. Si no la hago, él se enfada y yo me siento culpable y triste. Me siento atrapada.»

Si ya es duro transformar los patrones habituales cuando trabajamos con nuestros propios problemas, más duro aún es cuando los patrones surgen en el contexto de una relación, sea de pareja, profesional, familiar o de amistad: es muy fácil caer en un patrón automático de interacción con la otra persona, en el que no nos gusta lo que está pasando, pero no sabemos cómo cambiarlo. Y acabamos sintiéndonos frustrados y desesperanzados.

No es casual que cuanto más antigua, cercana e importante sea una relación, más arraigados estén los hábitos; de hecho, son algunos de los más profundos de nuestra conciencia. Desde la perspectiva de la psicología occidental, estos hábitos suelen formarse en la primera infancia; el budismo enseña que tienen sus raíces tanto en esta vida como en vidas anteriores.

Desde la perspectiva budista, lo bueno es que, en lo más profundo, esos sentimientos difíciles no son más que pura consciencia cuya energía puede ayudarnos a «despertar» y transformar nuestra experiencia y nuestras relaciones. Dado que estos patrones son tan profundos y llevan tanto tiempo allí, no es de extrañar que cambiarlos exija tiempo, persistencia y paciencia. Pero si perseveramos en serio, los cambios que se producen pueden ser potentes y satisfactorios, y llegamos a comprender que las dificultades en la forma de relacionarnos son oportunidades para nuestro propio despertar y para que nuestras relaciones sean más fuertes, estables y cercanas. Desde esta perspectiva, las dificultades en la forma de relacionarnos son unas oportunidades preciosas.

Los patrones habituales en las relaciones

Cuando actuamos desde un patrón habitual, no estamos del todo presentes en la situación ni para la otra persona porque nuestros sentimientos y acciones vienen de un viejo hábito de nuestro pasado. En los patrones de la forma de relacionarnos, una de las dos personas suele representar un papel determinado —es la que escucha, la que se queja, la que entretiene, la que apoya, la niña, la maestra o la crítica, por citar sólo algunos— y la otra, un papel complementario.

No hay nada intrínsecamente malo en ninguno de estos estilos de relacionarse; los problemas surgen cuando caemos automáticamente en un papel y nos sentimos incapaces de comportarnos de otra forma. Esto nos impide vivir toda la variedad de nuestro ser y también la de la otra persona, y nos desconecta de la fluidez y de las necesidades cambiantes de cada nuevo conjunto de circunstancias. Como consecuencia, podemos sentirnos aburridos, insatisfechos y frustrados.

Aunque nuestros patrones habituales nos hacen sufrir, hace falta valor para examinarlos y empezar a cambiarlos. Para fomentar ese valor, es útil mantenernos en un espacio de aceptación y afecto.

Practicar la compasión hacia uno mismo

Jeff, un cliente, estaba totalmente agotado. Se había sobrepasado en sus compromisos con amigos, familiares y organizaciones de voluntariado, y se sentía obligado a mantenerlos sin tener en cuenta su propia salud o nivel de energía.

Tras un cuidadoso examen, Jeff se dio cuenta de que inconscientemente había creído que era culpa suya no haber recibido cariño de sus padres, por lo que tenía que hacer un esfuerzo mayor para borrar esa culpa y ser merecedor de la atención de los demás. Cuando comprendió esto, empezó a corregir su creencia meditando en el hecho de que era inocente en ese sentido y enviándose a sí mismo el amor y la aceptación que anhelaba.

Como muestra el caso de Jeff, la causa de muchos hábitos en la forma de relacionarse es la creencia de que somos defectuosos, indignos o culpables de algo malo. Por tanto, la práctica de afirmar ante nosotros mismos nuestra dignidad, valía personal y merecimiento de amor inherentes, es transformadora en y por sí misma. Nos ayuda a conectar con lo que el Buda quiso decir cuando enseñó: «Todos los seres son valiosos».

Podemos hacer esto con enunciados como: «Soy digno de ser amado» y «Me quiero y me respeto», y experimentando esta calidez y aceptación como una experiencia que sentimos en el cuerpo. Aunque parece una práctica simple y sencilla, no significa que sea fácil. Como observó el difunto maestro zen Kobun Chino Roshi: «Lo más difícil es aceptarse a uno mismo». Aun así, con la práctica podemos empezar a ofrecer bondad, tolerancia y cuidado afectuoso a nuestras experiencias internas incómodas. Esto creará un entorno interno que propiciará el cambio y no nos castigará cuando este parezca efímero o distante. Khenpo Tsültrim Gyamtso cantaba una estrofa maravillosa en este sentido:

Cometiendo error tras error, camino por el camino auténtico;
olvidando una y otra vez, me apoyo en la consciencia que no olvida;
experimentando confusión tras confusión, busco la verdadera naturaleza no confundida.

Así que intentad no mortificaros por vuestros patrones habituales difíciles de cambiar y no enfadaros por no «mejorar». Cuando os tratáis con calidez y afabilidad, estáis recorriendo un largo trecho en el camino de transformar vuestros hábitos en la forma de relacionaros.

Entender de dónde vienen nuestros patrones

Anna lo pasaba mal en el trabajo porque su carácter explosivo hacía que tuviera problemas constantemente con sus superiores. Para agravar su frustración, muchas veces tenía razón en el fondo, pero por desgracia sus estallidos solían sabotear la aplicación de los cambios que defendía.

Anna anhelaba ser capaz de controlar su genio y actuar de otra forma en el trabajo. Intentó «permanecer con el enfado» en la meditación, pero sus fuertes sentimientos seguían abrumándola. Al final comprendió que su problema tenía su origen en la rabia que sentía de niña cuando su padre y su madrastra la ignoraban para hacer caso a los hijos que tenían en común. Al comprender su patrón, su meditación se hizo más productiva y le ayudó a sentirse anclada, fuerte, y a no sentirse amenazada tan fácilmente por los tejemanejes de la oficina. Como consecuencia, pudo controlar su genio mucho más efectivamente.

David era joven y guapo, y le resultaba fácil quedar con mujeres a las que encontraba atractivas. Sin embargo, no estaba satisfecho con su vida amorosa. Quería realmente una relación a largo plazo, pero una y otra vez se aburría con su pareja al cabo de unos meses.

Al final se dio cuenta de que estaba buscando una pareja que lo cuidara maternalmente, como no le había cuidado su madre. Reprimía de forma inconsciente sus necesidades eróticas para asegurarse de que no ponían en peligro su anhelo por tener a alguien que lo cuidara. Cuando se dio cuenta de esto, se sintió inspirado para meditar en el amor y la compasión hacia sí mismo y hacia los demás. Dejó de buscar consuelo y atención con tanta intensidad en su pareja actual, y volvió a sentirse atraído hacia ella como hombre.

Las experiencias de Anna y David demuestran lo importante que puede ser explorar a fondo nuestros patrones habituales hasta descubrir la raíz del problema. Mientras las causas sigan siendo inconscientes, producirán conductas y emociones dolorosas y difíciles de modificar solamente con la meditación. Indagar en las causas subyacentes de nuestros patrones es una forma de desarrollar la sabiduría que esclarece (prajna), que nos ayuda a transformar nuestros patrones de un modo profundo y duradero. La combinación de esta autoexploración con la meditación crea un método matizado y lo suficientemente integrado como para manejar la complejidad de propiciar una transformación auténtica y estable.

La importancia de la comunicación

Al abordar los patrones habituales en las relaciones, una transformación auténtica suele exigir trabajar con los patrones en la misma relación. Esto tiene sentido desde la perspectiva de las enseñanzas del Buda sobre la interdependencia, la causa y el resultado: puesto que los problemas se manifiestan en las relaciones, las soluciones exigen un cambio en la forma de relacionarse, además de la meditación y la autoexploración personales. Y el cambio en la forma de relacionarse exige una buena comunicación.

La comunicación no violenta, de Marshall Rosenberg, es una guía excelente para desarrollar habilidades comunicativas que incorporen la compasión, la sinceridad y la valentía. Rosenberg describe un estilo de comunicación que se abstiene de culpar y de discutir quién tiene razón y quién está equivocado. Por el contrario, la buena comunicación en las relaciones se centra en expresar lo que siente y experimenta cada uno, y en ser curioso y comprensivo con la experiencia de los demás.

Cuando nos comunicamos de esta forma, nuestras relaciones funcionan mucho mejor. Esto no quiere decir que todos los problemas de la relación sean reparables ni que todas las relaciones deban continuar; a veces está muy claro que lo mejor sería poner fin a la relación. Sin embargo, cuando nos comunicamos con sinceridad sobre lo que sentimos y experimentamos, y nos interesamos de verdad por los sentimientos y experiencias de los demás, nos salimos de las formas habituales de relacionarnos y estamos presentes para el otro en el momento. Esto crea la mejor oportunidad para que nuestras relaciones se resuelvan de un modo que cada uno de nosotros sintamos adecuado y verdadero.

Cinco formas de liberarse

He aquí cinco técnicas que podemos usar para trabajar con nuestros patrones habituales en el momento en el que surgen. Del mismo modo que pueden arraigarse, los hábitos perjudiciales pueden ser sustituidos por nuevos estilos de conducta que sentimos más despiertos y sensatos. La clave es no esperar soluciones rápidas; sé paciente y amable contigo mismo.

  1. Expande la consciencia. Familiarízate con tus patrones habituales. Fíjate en cómo te sientes cuando actúas a partir de una tendencia habitual. Fíjate en cómo determinada zonas del cuerpo se sienten incómodas. Cuanto más lo hagas, antes podrás identificar tu conducta habitual una vez que empieza.
  2. Crea espacio. Respirar sin más, relajar el cuerpo y cambiar de postura podría ser suficiente para alejarte de una reacción habitual o frenarla. Así que cuando te des cuenta de que estás actuando desde un hábito en una situación relacional, frena y crea algo de espacio. Haz una pausa para respirar. Siente cómo la postura del cuerpo y las sensaciones son un reflejo de tus reacciones a la situación. Puede que quieras retrasar la interacción sugiriendo otro momento para hablar o haciendo saber a la otra persona que necesitas tiempo para pensar y que lo retomarás más tarde.
  3. Explora opciones. Cuando actúas a partir de un hábito puede ser difícil imaginar siquiera que hay formas alternativas de hacer las cosas. Así pues, es importante dedicar un tiempo a explorar qué otras opciones hay en la situación. Incluso si estas opciones parecen extravagantes o poco realistas, permítete ser libre y creativo. Todavía no vas a poner en práctica ninguna de ellas, así que pásalo bien. Si este paso es difícil, imagina cómo actuarían en la misma situación otras personas o incluso personajes de libros o películas.
  4. Actúa. De todas esas opciones, elige cómo quieres actuar y actúa. No esperes un resultado concreto; simplemente actúa desde la convicción de que esto es lo que a ti te parece bien. Cuando cuestionas tus patrones habituales, al principio puede que te sientas incómodo y con el paso cambiado, pero eso te permite saber que estás en el sitio correcto. Incluso si decides hacer lo que habrías hecho habitualmente, las sensaciones serán diferentes porque estarás actuando de forma voluntaria y consciente.
  5. Reprodúcelo mentalmente. Si crees que has interactuado de cabo a rabo desde el lugar atascado de la tendencia habitual, no te desanimes ni seas autocrítico. Es importante que te hayas dado cuenta de tu patrón, y puedes seguir trabajando con la situación reproduciéndola mentalmente. ¿Cuándo te diste cuenta de que estabas cayendo en el hábito? ¿Qué podías haber hecho de otra forma? Imagínate cómo te sentirías si actuases de esa otra forma. Eso aumentará tu capacidad de decisión en torno a ese hábito la próxima vez que surja.

 

Texto original en inglés: “How to Bridge the Gap”, Shambhala Sun, noviembre de 2014.

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3 respuestas a Cómo salvar la distancia || Ari Goldfield y Rose Taylor

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  2. Raul Martinez Galera dijo:

    Muchas gracias! Todo un aprendizaje

  3. Alba Rinchen dijo:

    Gracias!! Me gusta como desarrolláis la idea, nombrando los diferentes puntos de vista pero manteniendo el énfasis en la práctica budista. Claro y sencillo.

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