¿Por qué rezan los budistas? || Elizabeth Mattis Namgyel

Elizabeth Mattis Namgyel Mangala Shri BhutiCuando reconocemos lo perdidos que estamos en la dinámica habitual de nuestros pensamientos y emociones, nos damos cuenta de la poca fuerza que tenemos para ir en la dirección de la cordura. Esto nos puede inspirar para comprender y apreciar el poder de la oración. La oración atraviesa la tempestuosa actividad discursiva de la mente, dándonos una dirección y un medio de unir nuestras acciones con nuestras intenciones.

Dado que el budismo es una tradición no teísta, solemos rechazar la oración como algo dual. Después de todo, ¿no estamos tratando de librarnos de poner la responsabilidad de nuestro desarrollo espiritual en algo externo? ¿A quién rezamos en cualquier caso? En los tiempos que corren, la oración suele verse como algo supersticioso e incómodo. Olvidamos que funcionamos en la dualidad la mayor parte del tiempo y que saber lo que queremos y pedirlo es beneficioso en el camino espiritual.

Tenemos que pensar en la espiritualidad de un modo práctico. Confiar sin más en que un día nos despertaremos «totalmente iluminados» no va a funcionar. Sin una intención definida caemos en la imprecisión espiritual y actuamos desde esa falta de claridad. Necesitamos preguntarnos: «¿adónde vamos?, ¿qué queremos realmente?». La oración es como montar en bicicleta: el manillar siempre sigue de forma natural la mirada. Como dijo el Buda en los sutras: «Tú eres tu propio dueño. Tú haces tu futuro; no hay otro refugio.»

La dirección en la que vamos depende de nosotros. Si dirigimos la mente a ganar dinero, tendremos más oportunidades de ganar dinero. Si no, es poco probable que seamos capaces de pagar el alquiler. Lo mismo cabe decir de nuestra vida espiritual. El progreso espiritual —el progreso humano— exige una intención clara.

Pedir

Suplicamos porque en la vida muchas veces no sabemos qué hacer. Rezar puede ser una manera de entregarnos al misterio y al movimiento de la vida. Expresa la aceptación de que no lo sabemos todo y nunca lo sabremos; de que sólo vemos una pequeña parte de las cosas. No vemos la red infinita de relaciones interconectadas de la que formamos parte. Aun así, por otra parte, tenemos un papel que desempeñar en ese panorama general y todo lo que hacemos en la vida importa. Esta es una paradoja interesante, ¿verdad? Hace falta una mente grande para vivir en el corazón de esta paradoja, para estar despiertos y receptivos al mismo tiempo que aceptamos la naturaleza indeterminada de las cosas, el hecho de que no sabemos. Este es el espíritu de la oración.

Podemos rezar por cualquier cosa. Pero aquello por lo que rezamos influye en la dirección en la que vamos y en el carácter transformador de la práctica. Rezar por la felicidad y para librarnos de nuestro sufrimiento nos mantiene dentro de los límites de la mente ordinaria. Las oraciones no tienen la misma intensidad y liberación cuando tratamos de evitar la vida y de no sentir el mundo a nuestro alrededor. Si salimos de nuestro deseo individual de liberarnos del sufrimiento a la perspectiva superior en la que reconocemos que el sufrimiento es parte de vivir en este cuerpo y este mundo, experimentamos la profundidad de la oración. Aceptar la belleza y el dolor de nuestro mundo es la base del camino del Buda.

Entonces, ¿qué significa rezar sin las limitaciones de nuestras preferencias individuales? Significa que rezamos por una cualidad despierta profunda e incondicional que no está basada en las preferencias del ego. El mero hecho de pedir nos hace experimentar una mente llena de asombro y humildad. Permitimos que la vida nos toque y sentimos el anhelo de avanzar con compasión y amor.

Cómo practicar la oración

Mi comunidad se reúne dos veces al año para hacer un retiro de grupo —drupcho— en el que recitamos cien mil veces una oración del conocido maestro de meditación de nuestro linaje, Kunchyen Jigme Lingpa. Como es una práctica de grupo y recitamos la oración en voz alta una y otra vez, exige un montón de energía, concentración, creatividad y visión. Cuando no prestamos atención y olvidamos hacer personales nuestras oraciones, nuestra práctica se hace borrosa y rutinaria, y la energía de la sala cae. Con la oración siempre hay altibajos, es una práctica que requiere fuerza e insistencia. Cuando la mente habitual quiere cerrarse, la oración puede servir para negarnos con tozudez a hundirnos en el cansado y familiar mundo del ego. Otras veces las oraciones fluyen sin esfuerzo. Cuando esto ocurre en un grupo, toda la atmósfera cobra vida y el poder de la oración es palpable y fuerte.

Entonces, ¿cómo rezar? Se puede recitar una oración concreta o rezar de forma espontánea, con nuestras propias palabras. Pero con independencia de eso, es importante hacer de la oración algo personal. La gente suele comentar que resulta útil hacer súplicas concretas para que la práctica no se vuelva abstracta. Podemos empezar centrándonos en un amigo que padece una enfermedad o en un animal maltratado. O podemos suplicar para salir de un hábito inútil o de una adicción. A veces la oración desemboca naturalmente en reposar, más allá de las palabras y las ideas, en la insondable naturaleza del ser.

En nuestros retiros de grupo invitamos a que nos envíen peticiones de oración que la gente manda por correo electrónico y que leemos en voz alta una vez al día. Todo el mundo escucha con tanta atención que se podría oír el sonido de un alfiler que cae. Algunas de las oraciones son generales: por el bienestar de los animales, los ancianos, los niños en situaciones de maltrato, por los soldados que están en la guerra, por los que están en la cárcel o los que sufren una depresión. A veces las peticiones incluyen nombres y descripciones de situaciones personales.

Siempre me sorprende el gran número de peticiones que recibimos, lo personales que son y lo valiente que es la gente al pedir. Cuando las escuchamos sentimos la presencia de todas esas personas como si estuvieran sentadas entre nosotros. Sus oraciones nos conmueven y abren nuestra práctica, generando una atmósfera general de curación y positividad, lo que pone de manifiesto el poder de la interdependencia. A veces nos escriben después diciendo lo conmovidos que se sintieron y lo importante que fue para ellos y para sus seres queridos.

Imaginación

Podemos rezarle a una imagen del Buda o de nuestro maestro. O a la naturaleza de nuestra propia mente, como algo inseparable de la naturaleza de la deidad. A veces ni siquiera sabemos a quién dirigimos nuestras oraciones, pero la misma actitud de pedir tiene su propio poder. En realidad, si se piensa, ¿hace falta realmente saberlo? ¿Y podemos saberlo? La naturaleza del Buda, del maestro o de cualquier cosa de este mundo es insondable, misteriosa y no se presta a ser conocida de una forma concluyente.

Es especialmente importante reflexionar sobre esto, porque en el mundo moderno rezar a un objeto suele considerarse artificioso. Aunque deseemos creer en una deidad o en el Buda, nos parece artificial. Uno de los aspectos más esenciales y únicos de esta tradición es la comprensión de que nada tiene existencia inherente. Solemos suponer que nosotros —los que existimos de verdad— rezamos a una deidad imaginaria. Pero en realidad, incluso lo que llamamos ‘yo’ se origina de un complejo infinito de relaciones que se originan y desaparecen cada momento. Todo es imaginario en el sentido de que se resiste a la definición y es dinámico y está abierto a la interpretación; o, dicho en términos budistas, todo está vacío.

La oración es un medio para ayudarnos a avanzar con cierta cordura, una práctica que nos ayuda a utilizar el mundo para despertar. Podemos rezarle a nuestro maestro o al Buda como forma de avanzar en nuestro camino. No tenemos que ver por fuerza esta dualidad como un problema. En realidad, ver la dualidad como problema es algo dual. Lo que llamamos ‘camino’ es una forma de navegar por la dualidad utilizando nuestra vida y experiencia de un modo positivo.

Elizabeth Mattis Namgyel

 

Texto original en inglés.

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Una respuesta a ¿Por qué rezan los budistas? || Elizabeth Mattis Namgyel

  1. Söndar dijo:

    ¡ Muchas gracias por esta reflexión *tan* inteligente y útil !…
    Many thanks for this *so* clever and useful reflexion!…

    Marcos R.
    (Sonam Darguie, disciple of Ven. Tashi Nyima and friend of Ven. Bikshuni Thubten Saldon, assistant of Pema Chodron).
    Montevideo, Uruguay.

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