Consejo para un tejedor de cestas || Jigme Khyentse Rinpoché

Hay quienes dicen que no tienen un propósito en la vida, pero seguro que tienen al menos uno: quieren ser felices, como todos los seres. Todos queremos ser felices. Esta sensación es el síntoma básico y fundamental de que tenemos un potencial en nuestro interior, una riqueza que explotar. Nadie, en lo más profundo, quiere realmente sufrir. Ni siquiera el masoquista que dice que le gusta sufrir, pues es así sólo porque le da placer.

Sentirse responsables de nuestros seres queridos es encomiable, pero tenemos la capacidad de abrir nuestra mente y aceptar la responsabilidad de un número infinito de seres. ¿Por qué limitar nuestro profundo sentido de la ternura a unas cuantas personas cuando podemos extenderlo a todos los seres? Además, respecto de nuestros amigos y familiares, deberíamos ofrecerles algo realmente útil de lo que podamos estar orgullosos cuando muramos. No basta hacerles felices llevándoles a un crucero, por ejemplo. ¿De qué les serviría en realidad? Si tienen un problema, podría entretenerles un tiempo, pero en la mayoría de los casos se llevarán sus problemas consigo les lleves donde les lleves. Si tienen el corazón roto, si les ha dejado su pareja o alguien les ha disgustado, sentirán su amargura una y otra vez en el barco, y esa amargura seguirá estando allí cuando termine el crucero. Podemos hacer cosas mucho mejores para ayudar a quienes nos rodean.

Piénsalo. ¿Qué nos gustaría dejar a nuestros hijos? ¿Una buena imagen, para que nos vean mejores de lo que somos realmente? ¿Para qué? ¿O bienes materiales? Eso sería darles un montón de problemas. Se pelearán por las riquezas después de tu muerte e incluso si las compartimos con ellos en vida, algunos pensarán que les has perjudicado y envidiarán lo que han recibido otros. Pueden obtener comodidades materiales por otros medios; trabajando, por ejemplo. ¿Nuestra presencia? Nos guste o no, se separarán de nosotros cuando muramos. En ese momento, su tristeza no nos devolverá a la vida y no les servirá de nada.

Pero también podríamos dejarles una inspiración, una visión que tenga sentido y pueda darles confianza en cada momento de su vida. Desde luego, para poder hacer eso, tenemos que ganar nosotros antes cierta confianza, desarrollar una certeza interior. Es evidente que esta sensación sólo puede venir de nuestra mente, por lo que ya es hora de que hagamos algo al respecto.

Desde que nacimos hemos dejado que nuestra mente haga lo que quiera, como un niño mimado, y hemos de reconocer que eso no ha dado ningún resultado realmente positivo. Es indispensable tomar el control de la mente. Eso es algo a lo que vale la pena dedicar tiempo, aunque sólo sea un poco cada día.

Así que más vale que lo pensemos un poco y usemos el sentido común. Dejar que nuestra mente nos maltrate y pasarnos la vida sufriendo y causando sufrimiento a nuestro alrededor es señal de falta de sentido común. Los pensamientos y las palabras que salen de un estado mental trastornado pueden considerarse negativos. Si en lugar de quejarnos de nuestra suerte, cultivamos el altruismo y la compasión para que esos estados mentales positivos mejoren nuestro bienestar y el de los demás, eso demuestra que sí tenemos sentido común.

La sensación de desasosiego básica que tenemos ahora en realidad es algo bueno: es la expresión de nuestra sensibilidad. Quienes van por la vida sin sentirse incómodos están inconscientes. La sensación de desasosiego causada por nuestra consciencia guarda un enorme potencial para la transformación. Es un tesoro de energía que podemos tomar con las dos manos y usar para construir algo mejor. La indiferencia no lleva a ninguna parte.

Si crees que el mundo entero es tu enemigo, imagínate que eres un tejedor de cestas y que tienes una gigantesca pila de juncos. Para hacer cestas tienes que tejer adecuadamente esos juncos. Del mismo modo, ante los desafíos que encuentras, tienes que tejer una cesta interior lo bastante grande para que quepan todos los altibajos de la vida sin que te aplasten. En resumen, tienes que cuidar de tu mente con sensatez.

Jigme Khyentse Rinpoché, en Matthieu Ricard, On The Path To Englightenment. Heart Advice from the Great Tibetan Masters.

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3 respuestas a Consejo para un tejedor de cestas || Jigme Khyentse Rinpoché

  1. Pingback: Consejo para un tejedor de cestas | Ninnish

  2. Jesús dijo:

    Gracias, gracias una vez más, Berna.

    • Berna Wang dijo:

      🙂 Me encantan estas coincidencias, que llegue un texto en el momento en el que significa algo para alguien 🙂 Como sabes, yo sólo soy la mensajera; pero, como mensajera, me alegro un montón, Jesús.

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