Cinco pasos para expandir el tiempo en la vida cotidiana || Rose Taylor Goldfield

rose-taylorSolemos pensar que el tiempo es una entidad que se puede medir de un modo científico, pero experiencialmente vivimos momentos en los que el tiempo se deforma, se expande y se contrae.

Cuando estamos atrapados en la oficina al final de la jornada, deseando salir para acudir  a esa cita con nuestro nuevo amor, las agujas del reloj, que miramos cada pocos segundos, parecen ir hacia atrás: el tiempo se ha parado. Cuando por fin pasamos la velada con el objeto de nuestros afectos, el tiempo transcurre demasiado rápido y las horas vuelan.

El grito de nuestra época es: «El día no tiene suficientes horas, necesito más tiempo». Pero si comprendemos que el tiempo tiene la cualidad experiencial de ser maleable, quizá no sea tan imposible como parece.

He aquí algunas sugerencias con las que jugar para propiciar una expansión experiencial del tiempo.

Uno: Elige

Muchas veces nos sentimos oprimidos por el tiempo y nuestros horarios, y lo expresamos en la forma de hablar: «Tengo que estar en el aeropuerto a las 3», «tengo que ver a mis amigos a las 6», «tengo que ponerme a trabajar». Pero cuando pensamos realmente en la mayoría de estas actividades, resulta que son elecciones que controlamos nosotros y no acciones que nos controlan. Puede que haya razones de peso por las que queramos ser puntuales: quiero estar en el aeropuerto a las 3 por si se alarga el control de seguridad y porque me gusta tener margen para entrar sin prisas, tomarme un té y comprar el periódico.

Sin embargo, incluso el «tengo que» de tomar el vuelo es una elección. «Quiero tomar el vuelo». Nadie nos obliga a tomarlo.

Aunque parecen diferencias meramente semánticas, experimenta con las palabras y mira qué pasa. Yo misma, y muchos de mis clientes de coaching, hemos descubierto que cuando jugamos con el uso que hacemos de las palabras, se crea un cambio de energía en nuestra experiencia. Cuando pasamos a usar el lenguaje del deseo, el «quiero» en relación con nuestras actividades cotidianas, y dejamos el lenguaje de la opresión del «tengo que», nos sentimos capaces y llenos de energía.

En lugar de sentir nuestro tiempo y las actividades de nuestra agenda como cosas que nos dominan, los sentimos como cosas que queremos hacer. Este cambio de perspectiva crea una energía más fluida en el cuerpo sutil (nuestro cuerpo experiencial, el que siente) que nos da una sensación de capacidad, confianza y empoderamiento que hace que percibamos que el tiempo es más manejable y fluido.

Dos: Vuelve a conectar con la Tierra

Cuando vivimos la presión del tiempo nuestro cuerpo reacciona: nos sentimos tensos, los hombros se levantan, la cabeza y el tronco se inclinan hacia delante para entrar en acción. Nuestra consciencia sube a la parte superior del cuerpo y nos sentimos desconectados de la tierra, pues nuestra atención se proyecta hacia el mundo exterior y nuestra actividad en él. Según la terminología médica tibetana esto genera un trastorno del lung o viento (lo que podríamos llamar estrés o ansiedad).

Intenta dedicar un momento a volver a la tierra. Siente los pies. Deja que los omóplatos se deslicen espalda abajo, que los hombros bajen. Relaja la mandíbula. Respira haciendo que el aire llegue a la parte inferior del vientre. Luego vuelve a lo que estés haciendo, pero quédate conectado a este lugar: siente que tus movimientos vienen del vientre y no de la cabeza, o siente los pies de vez en cuando. Esto aporta una mayor sensación de ligereza a la experiencia y además te permite conectar con la tierra como fuente ilimitada de energía y confianza.

El elemento tierra apoya toda nuestra actividad y abarca todas las acciones y emociones que se producen en su superficie. Cuando conectamos con la tierra permitiéndonos asentarnos así en ella, no sólo absorbe nuestra tensión, miedos y ansiedades, sino que también nos sostiene, nos llena de energía y nos da la confianza que proviene de una base estable y fiable.

Tres: Medita y sé consciente

Creo que la meditación es la máquina suprema de expansión del tiempo. Hay varias razones para ello, y he elegido un par de ellas para exponerlas aquí. Una es que la meditación mejora la memoria y la atención.

Cuanto más conscientes somos o más atentos estamos gracias a nuestra práctica habitual de la meditación, menos probabilidades tendremos de sufrir pequeños accidentes debido a la distracción, como arañar el coche cuando salimos del garaje, derramar el café en la encimera u olvidar esos documentos importantes para el trabajo. Esto nos ahorra tiempo literalmente.

En nuestras clases vespertinas de meditación de los lunes trabajamos con la escucha y el habla conscientes. Cuando trabajamos con estas prácticas en nuestras relaciones, notamos que desarrollamos la armonía en ellas. Oímos con más exactitud lo que nos dicen los demás y hablamos con más claridad.

Cuando nos comunicamos efectivamente, se producen menos malentendidos y pasamos menos tiempo contradiciéndonos y teniendo que arreglar después todos esos problemas de comunicación.

Para mí, el aspecto más significativo de la meditación y del tiempo es que cuando bajamos a las profundidades del momento presente trascendemos de hecho el tiempo. Entramos lo que en budismo se llama el «cuarto tiempo» o lo eterno (que no es un periodo de tiempo muy largo, sino una experiencia que está totalmente fuera de los conceptos del tiempo).

Esto queda ilustrado con un episodio de la vida del gran yogui tibetano Milarepa. Un pastorcillo, tras recibir instrucciones sobre meditación de Milarepa, partió para meditar en la montaña. Una semana después, su padre buscó a Milarepa para saber dónde estaba su hijo, a quien no había vuelto a ver desde su visita. Al final lo encontraron meditando en la ladera de la montaña, totalmente ajeno al tiempo. Sólo se convenció de que había transcurrido tanto tiempo cuando vio que el sol de la mañana estaba más bajo que cuando empezó a meditar, lo que quería decir que había pasado por lo menos una noche. En la meditación, había entrado experiencialmente en un estado atemporal.

Es difícil que esto ocurra en la primera sesión de meditación; esta es una práctica que tenemos que cultivar a diario con tiempo y esfuerzo.

Sin embargo, el efecto que puede tener la meditación en nuestra relación con el tiempo es fascinante y vale la pena practicarla con diligencia.

Cuatro: Evita las prisas

Es habitual que los alumnos de clase de meditación entren a toda velocidad y con prisas para  luego reírse de sí mismos: «¡Vengo corriendo a meditar!». Esta sensación de apresuramiento no sólo nos agobia, sino que rara vez nos lleva a ninguna parte significativamente más rápido y de hecho puede provocar errores por falta de atención y accidentes que requieren tiempo.

Por ejemplo, salgo corriendo de casa y con las prisas se me olvidan las llaves del coche. La actitud de velocidad es algo adicional al esfuerzo físico de llegar a un sitio a tiempo o a hacer la tarea de que se trate, y distrae nuestra atención de donde es más útil.

Si podemos abandonar la rapidez y la prisa y estar sin más en la tarea de que se trate, gestionaremos de un modo más eficiente nuestra actividad y también nos sentiremos más a gusto.

Como dice el antiguo proverbio: «más velocidad y menos prisa». Aunque no me gusta la palabra velocidad con sus connotaciones de agresión y presión, la idea es válida. Se trata de tender a hacer lo que hay que hacer sin la presión adicional que provoca ansiedad y la torpeza de la prisa o la precipitación.

Podemos hacerlo: 1) Teniendo la intención de reducir la prisa; 2) siendo conscientes: «quiero darme cuenta de cuándo estoy corriendo», sé consciente de cómo te sientes cuando tienes prisa (el corazón late a toda velocidad, te sientes oprimida); 3) sabiendo cómo desacelerar: respira hondo, siente los pies, siente el cuerpo, percibe el entorno físico; 4) actuando desde este lugar de consciencia y corporeidad.

Cinco: Vuelve a conectar con el momento presente y la realidad presente

Una forma genial de trabajar con el tiempo es poner la atención en el momento presente. Cuando empiezo a mirar la agenda y los días y semanas próximos con la sensación de «tengo muchísimas cosas que hacer» siento que el tiempo me aplasta cada vez más. Todas esas citas empiezan a parecer opresivas, confusas y abrumadoras cuando las junto en este momento presente.

Cuando me recuerdo a mí misma que puedo plantearme estas tareas de una en una y tomar los días de uno en uno, tengo una mayor sensación de espacio. En esos momentos de presión del tiempo puede ser un alivio maravilloso cambiar un momento de perspectiva y preguntarse: «¿Qué está pasando realmente ahora mismo, en este momento?» «¿Cuál es mi realidad física actual?» «¿Qué siente ahora mi cuerpo?»

Como dijo el gran maestro tibetano Chögyam Trungpa Rinpoché: «Cuando estés perdido en la confusión, remítete a la realidad física presente.»

Esto funciona bien cuando estás abrumado por el tiempo. Vuelve al ahora mismo, siente el cuerpo, siente los pies o tu asiento sobre la tierra, y siente el espacio a tu alrededor. Cuando nuestros pensamientos se proyectan en el futuro o el pasado, cuerpo y mente se separan. La mente puede viajar por los tres tiempos —pasado, presente y futuro—, pero el cuerpo está siempre en el momento presente. Dejar que la mente se centre en la experiencia del cuerpo trae la mente de vuelta al momento presente, haciendo que se sincronicen cuerpo y mente, y que nos sintamos más ligeros.

Espero que disfrutéis experimentando con estas ideas y que os sean útiles. Me encantará conocer vuestras experiencias con ellas y con el tiempo.

Sobre Rose Taylor Goldfield (en español)

Texto en inglés original.

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3 respuestas a Cinco pasos para expandir el tiempo en la vida cotidiana || Rose Taylor Goldfield

  1. dimiga dijo:

    Interesante reflexión y ejercicios. Tomo nota y los pondré en practica. Gracias por compartir 🙂

  2. Muchísimas muchísimas gracias, Berna.

Gracias por comentar

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