Directrices sobre redes sociales para supuestos estudiantes del vajrayana: Respuesta a los comentarios || Dzongsar Jamyang Khyentse

(Directrices originales, en la traducción de Siddhartha’s Intent México, aquí; original en inglés, aquí).

9 de abril de 2013

Este texto es una continuación de las directrices sobre redes sociales para estudiantes del vajrayana que publiqué hace un par de meses.

En primer lugar, me gustaría presentar mis disculpas a los lectores que expresaron su descontento por el uso que hice de palabras, analogías y expresiones «extremas» y «fuertes»; aunque no puedo evitar pensar que estas reacciones indican que el texto ha cumplido su propósito.

He leído los diversos comentarios que habéis hecho, y he visto que algunos lectores han mencionado que, puesto que el Dharma del Buda trata del «carácter inclusivo primordial», el secreto (concretamente el vajrayana) no es necesario porque las enseñanzas son, debido a su propia naturaleza, «secretas por sí mismas». Si tienes la capacidad de entenderlo, lo entenderás, y el hecho de que haya tantas personas que no lo entienden demuestra esta verdad. Cierto es que esta idea de que las enseñanzas son «secretas por sí mismas» existe en el vajrayana. Es algo de lo que hablaba Dudjom Rinpoché, junto con otras varias tradiciones, como la de llevar mantras, mudras, imágenes y chakras, e incluso atarlos a los animales para crear una conexión entre el ser y el Dharma; y la «liberación a través de la vista» o del oído o del olor o del tacto respecto de ciertas personas o cosas.

De lo que tenemos que darnos cuenta es de que cuando leemos un texto de dzogchén a una vaca, aparte de crear una conexión especial con ese ser en concreto a través de la voz, que desde luego se basa principalmente en nuestra intención de ayudar a dicho ser, la vaca no va a analizar la enseñanza. Aunque puede que no sienta una devoción ferviente hacia la enseñanza, tampoco corre el riesgo de tener dudas y una percepción impura de la enseñanza y del maestro. En cambio, nosotros no somos vacas, la mayoría de nosotros. Tendremos pensamientos, y lo más probable es que tengamos más dudas que una confianza unidireccional. Así que una cosa es hacerla accesible a seres como las vacas, y otra distinta ser  totalmente francos con otros que pueden reflexionar y analizar y, por tanto, creando también  una percepción impura.

Otro lector ha esgrimido un argumento bastante bueno a favor de publicar imágenes del vajrayana preguntando por qué puedes colgar una thangka vajrayana en el salón, pero no puedes incluir una foto de la thangka en tu muro de Facebook.

Otros señalan, con bastante razón, que algunos lamas, incluso los que tienen la máxima autoridad, enseñan el vajrayana abiertamente, presentan mandalas y danzas sagradas secretas, e incluso venden entradas para recaudar dinero con estas actividades. Dicen que, a través de Internet, las enseñanzas sobre mahamudra y mahasandi están a un clic, en forma de transcripciones, archivos de audio, secuencias de vídeo, etc. Todo lo cual muestra simplemente la gran difusión que están teniendo las enseñanzas, que es algo de lo que, como budistas, sólo podemos alegrarnos.

Debemos tener en cuenta, sin embargo, que de lo que estamos hablando aquí es de un conjunto de directrices para practicantes: para personas, individuos, no para el camino espiritual que siguen. El camino budista en sí mismo no necesita la ayuda de unas directrices, pero sí las personas que lo siguen. Por eso es importante recordar la clara distinción entre el camino y el seguidor del camino, entre ‘dzogchén’ y ‘dzogchenpa’, ‘chagchén’ y ‘chagchenpa’, ‘democracia’ y ‘demócrata’.

Tener y seguir una serie de directrices tiene que ver con adquirir disciplina, y como sabéis, la disciplina es sumamente importante en el camino espiritual. La misma persona que nos enseñó que todo lo que vemos y experimentamos es una ilusión y no existe, enseñó también lo que se conoce como las seis paramitas, la segunda de las cuales trata de la disciplina. Y debo subrayar que de lo que estamos hablando aquí es de la disciplina de la persona que sigue el camino, «el que habita en el camino», no del camino en sí. De hecho, sea cual sea vuestra actividad, sea cual sea vuestra meta, aunque sólo se trate de hacer un café, la disciplina es indispensable.

Algunos señaláis que hace falta mantener en secreto el tantra sagrado, no porque el tantra tenga nada horrible o vergonzoso que ocultar, sino porque el secreto es una de las prácticas por antonomasia del vajrayana. En realidad, el secreto puede aplicarse a todos los aspectos del vajrayana, incluso a samayas que, a primera vista, parecen totalmente mundanos, como mantener oculto al mundo la existencia del miércoles si vuestro gurú así os lo pide. La clave aquí no es empezar a argumentar que el mundo entero ya sabe de la existencia del miércoles, sino que, sea lo que sea, tú como persona lo mantienes en secreto. ¿Por qué? Porque es el secreto lo que crea lo sagrado. Cuando Gurú Rinpoché llegó al Tíbet, se dice que el rey Trison Deutsen y todo su pueblo tuvieron que rogarle muchas veces que divulgara el nombre de su maestro raíz hasta que por fin lo convencieron de que lo dijera.

Si quienes dicen que aman el vajrayana prestaran sólo un poco de atención a la historia del budismo, se darían cuenta de todo lo que ha sufrido el vajrayana porque la inmensa mayoría de este mundo no puede aceptar sus enseñanzas. Hasta «conoce el sufrimiento y abandona la causa del sufrimiento» es excesivo para la mayoría de la gente, así que ¿cómo van a aceptar que «el samsara es gozo» y que «la emoción es sabiduría»? Y en países como Tailandia y Taiwán, prosigue el antiguo debate sobre si el vajrayana es o no un camino que induce a error a sus seguidores con todo su discurso sobre sexo y adoración de deidades: no es nada nuevo en absoluto.

Ahora bien, podríais decir: «¿Y qué? Quienes no pueden creer, no creerán. Peor para ellos.» Pero somos seguidores del Buda, el compasivo, y por tanto también hemos aceptado la responsabilidad de llevar a todos los seres al despertar. Y si no podemos llevarlos al despertar, al menos no deberíamos desalentar a ninguno. Sentir incluso la más remota aversión hacia cualquier aspecto del tantra te distanciará durante muchos, muchos eones, de la oportunidad de ser capaz de percibir con pureza el mandala del vajrayana. ¿Alguno habéis oído hablar del «infierno vajra»? Lo más probable es que experimentemos el infierno vajra cuando perdemos la apertura que nos permite ver la sabiduría excepcional del vajrayana y nos volvemos estrechos de miras  y reacios hasta a mirar su asombrosa sabiduría. Causar esta aversión en otra persona es impedirla conectar con un camino increíble. Puede que no tengan que ser quemados o asados o molidos en un infierno de aspecto teísta, pero no poder apreciar la sabiduría del vajrayana es, en sí mismo, el infierno vajra. Así que, como estudiantes del vajrayana, tenemos la responsabilidad de no hacer que otros rechacen el camino budista.

Hay un dicho tibetano que reza: «Cuando salta el león, el chacal no debe saltar», porque si el chacal intenta imitar al león, terminará rompiéndose el cuello. Los grandes bodisatvas del pasado y de la actualidad actúan como lo hacen porque tienen una confianza profunda, y si habéis adquirido ese tipo de confianza, como practicante sólo puedo alegrarme y decir: «Por favor, adelante, publica lo que quieras.»

Esta es la sincera advertencia de un estudiante del vajrayana a sus compañeros, aunque estoy bastante seguro de que no servirá de nada. Sin embargo, pese a la proliferación de imágenes, información, etc. tántrica a disposición del público, aun así quiero recordarnos a todos los que estamos en el vajrayana que el secreto es una práctica.

Dzongsar Jamyang Khyentse Rinpoché

(Texto original en inglés, aquí).

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